40 aprendices en Eafit

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Cildo Meireles – La Bruja I (1979-1981) – Instalación con escoba de madera y 3000 km de hilos de lana.
Lyon, 2011 – foto: Andrés Villaveces

(A propósito de una columna en El Espectador surgida de una noticia de fraude de 40 estudiantes de Eafit en una prueba de inglés.)

La columnista, una profesora de Eafit, trata de explicar cómo pudo pasar lo del fraude de 40 estudiantes a punto de graduarse en una prueba de inglés. En su intento de explicar lo medio obvio, me parece que se enreda.

Tiene una frase estrella: “¿Cómo obramos los profesores de Eafit? Para lidiar con una política de cero tolerancia con el fraude, empezamos por lo básico: enseñar cómo no incurrir en él.”

Enseñar cómo no incurrir en el fraude me suena como una frase absurda e ingenua. Invita a la ironía: como los catálogos de animales absurdos de Borges, que con su sonrisa nos inducía a iniciar catálogos de lo inexistente, lo impensado, lo inexplorado.

Dudo mucho que en una universidad se pueda “enseñar cómo no incurrir en el fraude”: ¿cómo organizaría usted su currículo para eso? ¿qué tipo de “cartilla” armaría?

Pues bien, en Eafit en primer semestre los estudiantes (dice la columnista, a ver si es tan cierto) “los alumnos de todas las carreras en Eafit deben aprobar cursos como Edición Textual y Prácticas textuales, cuyo contenido hace énfasis en la propiedad intelectual…” Suena como un catálogo de buenas intenciones, en el mejor de los casos, y como una ingenuidad de esas peligrosos – casi una invitación al fraude para algunos estudiantes, en la mayoría de los casos.

Cuando un niño pequeño de dos a tres años le pega a otros niños de su edad, la única manera de que aprenda que pegar no está bien, que causa daño, es que otro niño un poco mayor también le pegue, no inmiscuirse, y esperar que no le den tan duro pero entienda. Creo que el fraude, y el evitarlo, y el huirle al fraude, se aprende a esa edad, no en la universidad. A esas edades se empiezan ya a negociar cosas que determinan mucho de lo que la gente hará después.

Cuando llegan a Eafit, los estudiantes tramposos ya no pueden aprender a “no incurrir en el fraude”. Pueden si acaso aprender a temer las consecuencias.

Los mejores cursos de seguridad informática se dan armando un sistema y poniendo a los estudiantes a romper su seguridad. Es ahí donde se pueden entrenar. Creo que algo análogo pasa con el fraude.

Eafit entre sus donantes, al igual que cualquier universidad cercana al medio empresarial de un país como Colombia, de una ciudad como Medellín, probablemente debe tener algunos de los ejemplos más logrados de fraude que se han dado en este país (y bien logrados si no los han cogido en su fraude y metido presos aún). Es impensable lo contrario, desafortunadamente – basta ver alguna otra parte de El Espectador para ver que la mayoría del fraude de alto nivel en el país es perpetrado por… egresados de lugares similares a Eafit. Los que acceden a Eafit probablemente vienen de colegios que de muchas maneras han recibido toda clase de donaciones de padres ricos, cuyos hijos han recibido tratamiento “especial” – los niños perciben eso perfectamente, seguramente de manera más aguda que los adultos. Los sitios estilo Eafit y los colegios que permiten llegar ahí suelen ser escuelas de fraude casi perfectas.

La verdad, que 40 estudiantes de Eafit hayan comprado sus notas del examen de inglés, no me sorprende ni un segundo. Me sorprende (un poco) que los hayan echado – probablemente simplemente hicieron el fraude de alguna manera un poco bruta o demasiado obvia, y si no los echaban alguien hablaba duro y terminaban enredando a alguien más arriba que los 40 estudiantes.

La autora dice que “Cuando se detecta un fraude, se emprende un procedimiento disciplinario de acuerdo con el reglamento universitario. El conducto regular en cualquier universidad que se respete.”… tal vez ella no sabe que en algunas universidades de Estados Unidos, bien respetables (Stanford, otras de la costa oeste) el código prohíbe explícitamente entablar acciones legales de ese estilo. Los estudiantes de Stanford por definición no hacen fraude, y en los exámenes está prohibido que el profesor esté cuidando en el mismo salón – tiene que quedarse en el corredor, por si los estudiantes tienen preguntas -, pues el quedarse en el salón es desconfiar de los estudiantes, que por definición no hacen fraude… Cuando un estudiante no va a clase o a un examen, quienes deben escribir su excusa son… sus roommates, no un médico como en nuestras universidades. Probablemente incurren menos en mentiras fraudulentas que en nuestros sistemas.

El fraude a mi modo de ver, donde existe (en toda Colombia, con presencia peculiarmente alta en sitios estilo Eafit – en buena parte de América Latina aunque tal vez menos en Uruguay que aquí, en los países mediterráneos, en Estados Unidos a muchos niveles, en Francia, en Rusia a la vista de todo el mundo, en Japón cuando las cosas son a nivel… Fukushima) a mi modo de ver es un problema social global endémico, que no se puede resolver mediante cursos de primer semestre. Se resuelve en casos particulares mediante situaciones fuertes que enfrentan a los fraudulentos con un fraude mayor del cual pueden ser víctimas, o con situaciones que muestran de manera obvia al fraudulento que le va mejor sin hacer fraude.

Finalmente, la columnista habla de rankings, y subraya que “Eafit está de quinta en el país”. Ese mundo de los rankings universitarios sí que ha generado fraudes de toda clase, y brutales.

Morton Feldman - XXX - anécdotas y dibujos. 1984. Lyon, 2011 - foto: Andrés Villaveces
Morton Feldman – XXX – anécdotas y dibujos. 1984.
Lyon, 2011 – foto: Andrés Villaveces

(via voronoi:

(minuto 2:10) Colombia no exporta valor agregado, porque no produce valor agregado. Y no produce valor agregado porque no hay investigación.  Y también se repite lo sabido: que el problema no es de falta de plata, sino de voluntad.

Buena entrevista.

)

Gracias a voronoi por el enlace. Aunque no dice nada que no sepamos, el entrevistado (Fernando Jordan) dice bien lo que dice.

Uno puede hilar un poco más fino que Jordan, siguiendo la misma línea. Con algunos colegas vemos que la *única* esperanza que tiene ahora Colombia está en la gente de alrededor de 40 años y menores, que están haciendo postdocs y que pueden volver, o que han vuelto en los últimos años.

Con excepciones escasísimas, la gente de 45 o más en Colombia ya perdió el tren (hay excepciones, pero son escasas escasas). En Andes, Nacional y Antioquia (los tres lugares de referencia) hay problemas serios.

Los Andes es un sitio demasiado cómodo, demasiado conformista. Veo que los que llegan son muy activos dos o tres años y después la maraña de reuniones, comités, etc. termina siendo más importante que la investigación (paradójicamente, un profesor en UniAndes tiene que pasar mucho más tiempo en comités insulsos que sus colegas de la Nacional o Antioquia). Y la generación de 45+ está repitiendo el modelo “Abelardo Forero Benavides” – alguien que en 1950 podía ser relevante, pero que se instaló ahí cómodamente a repetir lo mismo para siempre. Si la generación más joven de los Andes lograra influir más, dirigir tesis, hacer más, sería algo excelente. Pero no parecen estarlos dejando, y la generación que está ahora en decanaturas, direcciones de departamento, etc. está repitiendo el viejo modelo Abelardo Forero Benavides. [Ojo: el programa de AFB me gustaba / yo estaba en el colegio y lo veía —- pero con todo el respeto por AFB, ese no es el modelo adecuado para UniAndes en 2010.]

En la Nacional las cosas no son mucho mejores. Tal vez hay más variedad, más amplitud de espectro, más movimiento y sobre todo más *iniciativas novedosas* (los doctorados arrancaron en los años 80 en la UN, tímidamente pero arrancaron – el resto del país ha seguido la pista). Pero otros lastres (el estilo FonColPuertos de algunos profesores – cada vez menos afortunadamente) son desastrosos. Además, la UN *no sabe* recibir decentemente a los que llegan (es de lejos el peor sitio que conozco para empezar – paradójicamente entre las tres universidades mencionadas es el mejor para continuar a largo plazo) y podría aprender mucho más de UniAndes en ese sentido.

U de Antioquia es extraña – demasiado auto-sobre-valorada, como todo lo de Medellín. En matemática es invisible a nivel internacional, pero aparentemente en física o biología no. Ojalá puedan construir algo – con gente como voronoi podrían llegar a ser un sitio mejor, menos estilo pasarela de modas paisa.

De nuevo, la *única* esperanza está en gente como voronoi. Ni los profesores viejos, ni mucho menos los políticos, van a cambiar eso. *De pronto* ciertos empresarios que “descubran” que si no apoyan la investigación van a seguir siendo empresarios de tercer mundo. Toca cogerles la caña a los que aparezcan.