ecos de una semana intensa e inusual

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Ir a marchar el martes pasado era algo casi obvio – las razones eran todas importantes y urgentes, justas y sólidas. Fue muy nutrida la marcha – y tuvo esa mezcla extraña entre la alegría contagiosa de esos jóvenes universitarios, la reivindicación de una causa que consideramos justa y la incertidumbre sobre el futuro de nuestra universidad y nuestro país en esta época. Traté de ir registrando un poco de la vitalidad de ese día, de la caminata de la Plaza Che a la Plaza de Bolívar.

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Ese mismo día tenía por la mañana temprano reunión y clase (hice una parte de la clase antes de salir a la marcha) y luego dos reuniones de trabajo con estudiantes de posgrado y clase de nuevo. Fue un día interesante, largo, con cierto grado de insolación y ligereza de clima de alta montaña, juventud y calle.


Recordé esta excelente bitácora del movimiento estudiantil de 2011 hecha por un grupo de estudiantes de María Clara. Varios de los estudiantes de un curso que dio (¡recién entrada a la UN a dar clases, casi!) eran de la MANE. No sé cómo logró MC que en vez del bobalicón bloqueo lograran convertir la experiencia de su participación en el movimiento en experiencia académica. Pero ahí está la bitácora, siete años después, repleta de fotos, documentos – armada por los estudiantes de ese curso. (Duele agregar que los míos de este semestre en ese sentido han sido mucho más apáticos.)


El jueves Nicolás Martínez presentó su tesis de pregrado en filosofía (de la cual fui director); la segunda parte de la presentación fue un conversatorio entre Fernando Zalamea, Nicolás Martínez y yo. Fue un acto un poco sorprendente (el Tercer Piso de Filosofía abarrotado, de gente de matemáticas, arte, filosofía, lingüística y no sé de dónde más). El nombre de su presentación y conversatorio fue La Imagen al Otro Lado del Espejo – y estuvo basada en la lectura que hizo Nicolás del uso de la imagen por Llull – y el cambio que éste tuvo – entre su Arte Cuaternario y su Arte Ternario.

Fue interesante principalmente por la vitalidad del intercambio de ideas entre gente de disciplinas tan distintas.

Warsaw: a perennial box of surprises?

I did expect some grimness – and there is, of course, plenty of it. Consider the area around the Palace of Culture and Science, and the huge empty space around the building itself.

I also expected interesting cemeteries, having read Rutu Modan’s The Property and also having seen many interesting photographs by Roman and Wanda taken on November 1st. The visit to Cmentarz Powązkowski (Powązki Cemetery) on my first day there, a Sunday, was great. Those Polish red lanterns by the tombs, next to elaborate and lovingly kept altars.

It was unfortunately impossible to visit the Jewish Cemetery – it was closed to the public during the Passover holiday.


What I did not expect was the dimension of the parks – they are enormous, with old trees and plenty of water (apparently diverted from the Vistula River in the 17th Century by some Italian architects – or Polish architects with Italian training – for the Royal Palaces), their playfulness, their utter “Romanticism” (for lack of a better word; although of course they predate the idea of Romanticism itself by more than a century). Among the most beautiful urban parks I have ever seen, anywhere. The Royal parks of Warsaw, south of the center, are marvelous public spaces.

What I also did not necessarily expect was the good quality of food. This is something new. For decades, food in Poland had a particularly bad reputation. Even in 2009, when I was in Poland (not in Warsaw), food was ok – there were some good things but nothing prepared me for this explosion of fresh ingredients, of interesting and clever preparations, for the way food is presented. What was more surprising to me was how good “normal daily food” seemed to be, at least in the area where I stayed (a rather well-to-do part of the city, yes). The way they prepared their daily lunches seemed naturally good, not pretentious at all.


An area I did expect – from having read plenty of material about the post-WWII reconstruction – was a well-redone Old City. It is there, indeed – surprisingly well-done. One may enter from a tram station through an automatic staircase. That in itself is a bit surprising and announcing the fact that the Old City is made in the 1950’s based on etchings and paintings from the 16th, 17th, 18th and 19th centuries – with the original building techniques and materials.


Another big surprise was the area of the old buildings of the University. There I could not really know whether they are old or reconstructed — very-well — but I was very positively surprised by those buildings, public spaces, auditoriums. I cannot really place why at some point they almost seemed too well-kept, too renovated for a public university. Certainly in much better shape than most public universities (in New York, in Paris, in Barcelona, in Bogotá, in Buenos Aires, in Jerusalem)… Is this something new in Warsaw? Or is it something specific to Poland, the way people seem to keep in excellent shape those buildings? I felt surprised… in a positive way, but there is something unexplained there (to me).


And then again, recent history. And the ghetto, the ghetto’s absence. Now residential buildings from the 1950s or 60s, wide avenues where the lively (and dense, and ragbag) ghetto used to be. Wide boulevards where there must have been cobblers, klezmer musicians, small shops of all kinds of bric-à-brac, a whole life that completely disappeared.

That was very painful, when in a smooth tramway (the smoothness and easiness of Warsaw’s public transit system was yet another very good thing) we glided through the wide boulevards – empty on Sunday – and Roman told me “here was the ghetto”. I asked, “what do you mean, here?”. He said, “here”. I felt pain to see the nothingness that has replaced it. I fell silent for a while. As the smooth tramway ride left the area I realized how suffocating it is to go through a nothingness where between 1939 and 1943 a brutal, utter disaster happened.

I asked Roman whether something like the Berlin “stumbling blocks” (Stolpersteine) – those little pieces of pavement where the names of people who lived there and were killed or deported to the camps are engraved, sticking out a bit to make people “stumble” and remember – had been done there, in the Warsaw ghetto. He said “no… but maybe it should be done”.


At the Cmentarz Powązkowski


Those amazing parks of Warsaw


Eating in Warsaw (café food, not fancy places)


Stairway to… the Old City


The University of Warsaw (older area)


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Wide boulevards – not quite the ghetto area, but this is roughly how it looks now…

 

Línea 4 de Avenida Burnside a la Calle 86

Me subo en Burnside Ave a la línea 4 del metro, después de una visita al Bronx Community College (uno de los campus de CUNY) y una charla dada para el BCC Math Seminar. La caminata a media tarde entre el BCC y la estación del metro elevado es interesante y emocionante. La avenida está repleta de letreros en español (cosas tipo hay trabajo para delivery boy), anuncios de rizos en el pelo, de pollos asados, de barbacoas y reparación de zapatos; tiendas con relojes “de marca” iguales a las tiendas de la Carrera 13 en Bogotá, mucha gente en la calle vendiendo cosas. La estación de metro elevado se siente temblar duro cada vez que pasa un tren; abajo, es la oscuridad eterna en la calle causada por el metro elevado. Mucha gente con pinta vistosa: latinos, negros, con peinados y trajes abigarrados, jóvenes jugando con sus celulares, tenis muy vistosos. No tomo fotos ahí; demasiado obvio tal vez.

Sale el 4. Atraviesa una parte del Bronx, entre calles 180 y 125 cuando entra a Manhattan. Para en lugares emblemáticos como el Yankee Stadium. Como es elevado se ve todo: el Bronx “recuperado” pero aún en parte con aspecto de ciudad bombardeada, ventanas empalizadas, lotes con carros abandonados. Luego se sumerge.

No dura mucho en llegar (pues es un expreso) a mi parada de destino de ese momento: la calle 86. Es brutal el cambio. Al bajarme en Lexington con la 86 busco instintivamente Park por ser más soleada y amplia – tengo que caminar hasta la calle 75 con Madison donde está el museo donde quedamos de vernos con María Clara.

Esa caminata de 11 cuadras por Park Avenue a la hora de salida del colegio son impresionantes. Niños y niños, los más pequeños con sus “nannys” (estas con caras de latinas, rusas, polacas, negras). Felicidad pura, patinetas – pero sobre todo la cara de quienes implícitamente saben ya, desde sus cinco años, que son los dueños del mundo. Y es que en Park Avenue de verdad están los niños de los dueños del mundo. La arquitectura, los jardines, la presencia de las niñeras, el alborozo, los policías trancando el tráfico para el paso del cortejo infantil – todo eso da un contraste impresionante con el Bronx, de donde salí apenas 25 minutos antes.

Me pone feliz la felicidad en esas caras de seres humanos de cinco, seis, ocho años. La velocidad en sus patinetas, ese momento breve anterior a la adolescencia en que ya pueden moverse sin tanta parafernalia de padres/tutores pero a la vez aún hay cierta ilusión/sueño de libertad.

Nota: en el BCC además de la conferencia para el coloquio de matemática, tuve conversaciones muy interesantes al almuerzo. Algunos profesores son bien activistas allá. El gobernador aparentemente trata de mangonearlos con la plata (“que les quitamos este medio billón del presupuesto si no enseñan tal cosa de tal manera”, etc.). Las instalaciones son como en las universidades públicas de Colombia: por un edificio bueno, hay tres cayéndose. Tratan de decirles que les dan plata si enseñan “razonamiento cuantitativo” o “estadística” en vez de matemática. Los profesores resisten. Algunos llegan a marchar (los contratos de profesores adjuntos son absolutamente paupérrimos) – en una marcha pacífica el fin de semana pasado arrestaron por varias horas a algunos por aquí cerca en Midtown.

El (viejo) traje del emperador

ThomasHerndon

Parafraseando a Gabriel Padilla (y a Violeta Parra):

Me gustan los estudiantes
Que con muy clara elocuencia
A la bolsa negra sacra
Le bajó las indulgencias.

Y sí. Un estudiante de la Universidad de Massachussets en Amherst ha logrado mostrar que el traje del emperador no existe, como en el viejo cuento. Thomas Herndon tomó en serio su tarea (escoger una publicación académica y ver si pueden replicar los resultados) y al ver que no la podía hacer, que no podía replicar los resultados, se dio a la tarea de mirar por qué.

Escogió un paper de dos autores muy citados y muy reconocidos (Carmen Reinhart, profesora en la Harvard Kennedy School, un departamento de administración pública de la Universidad de Harvard, y Kenneth Rogoff, un profesor de economía de la misma universidad). Y al no lograr replicar los resultados (que básicamente decían que con deuda pública de más del 90% del PIB el crecimiento económico disminuye de manera brutal – un poco como un “umbral mágico” más allá del cual inicia el caos financiero), no hizo lo que hacen los estudiantes mediocres (acomodar los datos) sino que consultó con sus profesores (quienes le dijeron que probablemente él tenía un error, dadas las credenciales de Reinhart y Rogoff), hasta el final del semestre, cuando logró convencerlos de la persistencia de algo que no cuadraba.

Inició la correspondencia con los dos autores (para su crédito, hay que decir que aceptaron enviar la hoja de cálculo de excel en la cual basaron su paper) y poco a poco emergieron varios problemas muy graves con la manera como habían sacado sus conclusiones. Ignoro los detalles, pero he visto que aparentemente hubo dos fuentes de error: mala programación de una hoja de excel por un lado, y uso poco cuidadoso (¿intencionalmente?) de los datos para llegar a la “conclusión”.

En mi vocabulario, eso simplemente se llama pseudo-ciencia. Que profesores de Economía destacadísimos, citadísimos, consultadísimos de Harvard hagan pseudo-ciencia ya ha sido señalado antes (entre otros, por el gran Nicholas Taleb, que acuñó el adjetivo muy apropiado Harvard-Soviet para referirse a lo sobre-planeado (y mal planeado – como ocurrió con la pobre Unión Soviética durante varias décadas y luego con Rusia durante los años 1990, cuando profesores de Harvard dictaron cómo debía ser la transición… y produjeron hambrunas terribles en ese país, que nos llevaron al horror del caudillismo y a… Putin).

Que el artículo de Reinhart y Rogoff haya salido en época de crisis económica hace las cosas aún peores. Muchísimos de los funcionarios grises (hombres grises de Momo, de antología) probablemente aplicaron como verdaderos mantras los “teoremas” de Reinhart y Rogoff – sin capacidad crítica, la (pseudo-)ciencia y la matemática pueden resultar peligrosísimas.

¿Cuántos suicidios en Grecia, cuántas quiebras en España o en Irlanda se habrían evitado sin ese paper? Nadie lo sabe – no creo que sea posible responder directamente a ese tipo de preguntas.

Pero en este caso concreto, la diligencia y responsabilidad de un estudiante que (como en la canción de Violeta Parra) … con muy clara elocuencia A la bolsa negra sacra Le bajó las indulgencias… logró que viéramos (en ese caso particular) lo que estaba pasando.

Sí – me gustan los estudiantes así: críticos, que no coman cuento, que se la jueguen así corran el riesgo de perder una materia si sus profesores son estúpidos. A veces logran desenmascarar corrupción.