Warsaw: a perennial box of surprises?

I did expect some grimness – and there is, of course, plenty of it. Consider the area around the Palace of Culture and Science, and the huge empty space around the building itself.

I also expected interesting cemeteries, having read Rutu Modan’s The Property and also having seen many interesting photographs by Roman and Wanda taken on November 1st. The visit to Cmentarz Powązkowski (Powązki Cemetery) on my first day there, a Sunday, was great. Those Polish red lanterns by the tombs, next to elaborate and lovingly kept altars.

It was unfortunately impossible to visit the Jewish Cemetery – it was closed to the public during the Passover holiday.


What I did not expect was the dimension of the parks – they are enormous, with old trees and plenty of water (apparently diverted from the Vistula River in the 17th Century by some Italian architects – or Polish architects with Italian training – for the Royal Palaces), their playfulness, their utter “Romanticism” (for lack of a better word; although of course they predate the idea of Romanticism itself by more than a century). Among the most beautiful urban parks I have ever seen, anywhere. The Royal parks of Warsaw, south of the center, are marvelous public spaces.

What I also did not necessarily expect was the good quality of food. This is something new. For decades, food in Poland had a particularly bad reputation. Even in 2009, when I was in Poland (not in Warsaw), food was ok – there were some good things but nothing prepared me for this explosion of fresh ingredients, of interesting and clever preparations, for the way food is presented. What was more surprising to me was how good “normal daily food” seemed to be, at least in the area where I stayed (a rather well-to-do part of the city, yes). The way they prepared their daily lunches seemed naturally good, not pretentious at all.


An area I did expect – from having read plenty of material about the post-WWII reconstruction – was a well-redone Old City. It is there, indeed – surprisingly well-done. One may enter from a tram station through an automatic staircase. That in itself is a bit surprising and announcing the fact that the Old City is made in the 1950’s based on etchings and paintings from the 16th, 17th, 18th and 19th centuries – with the original building techniques and materials.


Another big surprise was the area of the old buildings of the University. There I could not really know whether they are old or reconstructed — very-well — but I was very positively surprised by those buildings, public spaces, auditoriums. I cannot really place why at some point they almost seemed too well-kept, too renovated for a public university. Certainly in much better shape than most public universities (in New York, in Paris, in Barcelona, in Bogotá, in Buenos Aires, in Jerusalem)… Is this something new in Warsaw? Or is it something specific to Poland, the way people seem to keep in excellent shape those buildings? I felt surprised… in a positive way, but there is something unexplained there (to me).


And then again, recent history. And the ghetto, the ghetto’s absence. Now residential buildings from the 1950s or 60s, wide avenues where the lively (and dense, and ragbag) ghetto used to be. Wide boulevards where there must have been cobblers, klezmer musicians, small shops of all kinds of bric-à-brac, a whole life that completely disappeared.

That was very painful, when in a smooth tramway (the smoothness and easiness of Warsaw’s public transit system was yet another very good thing) we glided through the wide boulevards – empty on Sunday – and Roman told me “here was the ghetto”. I asked, “what do you mean, here?”. He said, “here”. I felt pain to see the nothingness that has replaced it. I fell silent for a while. As the smooth tramway ride left the area I realized how suffocating it is to go through a nothingness where between 1939 and 1943 a brutal, utter disaster happened.

I asked Roman whether something like the Berlin “stumbling blocks” (Stolpersteine) – those little pieces of pavement where the names of people who lived there and were killed or deported to the camps are engraved, sticking out a bit to make people “stumble” and remember – had been done there, in the Warsaw ghetto. He said “no… but maybe it should be done”.


At the Cmentarz Powązkowski


Those amazing parks of Warsaw


Eating in Warsaw (café food, not fancy places)


Stairway to… the Old City


The University of Warsaw (older area)


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Wide boulevards – not quite the ghetto area, but this is roughly how it looks now…

 

The seam / la costura / la ruptura

Vivir en Jerusalén (bueno, así sea por un mes) lo confronta a uno con estar sobre una frontera. De maneras a veces duras, otras veces maravillosas, otras veces dolorosas, pero siempre interesantes. Así uno no la cruce (por razones de convicción o de conveniencia), la frontera está ahí muy cerca, siempre. Y es una frontera muy porosa, muy inestable, muy sutil a veces, muy poco sutil otras veces.

Es una frontera entre modos de ver, entre momentos históricos, entre naciones (asimétrica), entre idiomas, entre sistemas de producción.

A mí me atrae mucho la sensación de estar “en el borde de” algo. El no estar a miles de kilómetros de los cambios, sino estar precisamente junto a una costura o a una ruptura. Me atrae y me aterra, puesto que simultáneamente lo que ocurre es una guerra durísima, siempre presente de alguna manera, así la dulzura de tantos aspectos de la vida diaria, o la concentración intelectual altísima que se da en Givat Ram, el campus de Ciencias de la Universidad, uno de los lugares que prefiero en el mundo entero, hagan pasar a un aparente segundo plano esa frontera.

Pero por ejemplo, la fachada, dejada intencionalmente bombardeada, del Museo “Sobre la Costura” (On the Seam):

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Museo “En la costura”, Jerusalén. Entrada principal.

Se trata de un museo de arte contemporáneo, situado justo al frente de la avenida Jeil haHandasa, que era hasta la Guerra de los Seis Días (1967) frontera entre Israel y Jordania, ubicada en un “no-man’s land” y ahora es una avenida amplia con el tranvía que une la Jerusalén occidental, judía, con la Jerusalén oriental, árabe. La exposición que vimos estaba interesante. Más aún, los documentos y materiales que tienen en su biblioteca; un verdadero archivo de las acciones de artistas israelíes y palestinos en torno a los conflictos (que son muchos distintos, y superpuestos; ciertamente no reducibles a un mero conflicto binario) de esa tierra.


La Puerta de Damasco es el inicio de la Jerusalén árabe, si uno llega desde el centro y desde fuera de los muros de la Ciudad Vieja. Es claramente perceptible en el aire el cambio de atmósfera al acercarse a ese lugar emblemático.

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Con frecuencia pasa uno por ahí – al salir de la Ciudad Vieja, por el mercado árabe, o sencillamente porque una de las estaciones del tranvía está justo al lado. Con frecuencia se oye que fue acuchillada una persona (por lo general alguien con atuendo judío) en ese mismo lugar. Al pasar no se percibe nada particularmente extraño, fuera de la presencia de policías o militares israelíes armados – y probablemente temerosos de algún otro atentado. Pero miles y miles de personas pasan por ahí todo el tiempo. Es extraño y muy triste saber que ocurren esos atentados aislados contra gente en ese lugar.


Desde la Cinemateca (un lugar de encuentro de intelectuales judíos y árabes, muy cercano también a una de las líneas de frontera) la vista de la Ciudad Vieja es impresionante.

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También se ve la ciudad árabe, la zona de Silwan, si uno mira hacia el otro lado. Se ve mucho menos arborizado todo, se siente mucho más la presencia del desierto gigante (en realidad, ese desierto que asoma atrás sigue y sigue hasta la península arábiga, y conecta por el Sinaí con el Sahara – es básicamente el mismo desierto gigantesco). Detrás del borde, la bajada abrupta hacia el Mar Muerto y al otro lado Jordania y el Moab.

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Si uno mira con cuidado ve ésto:

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Y ésto:

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Es el muro que separa Cisjordania de Israel (aunque sigue una línea distinta de la frontera oficialmente reconocida por Naciones Unidas). De nuevo la frontera es extraña, puesto que lo que está del lado de acá de ese muro también son barrios árabes. Es decir, es un muro que pasa por el medio entre dos zonas árabes, pero una con estatus “dentro de Israel” y la otra no.


Son fronteras muchísimo más porosas de lo que uno normalmente supone. El muro en realidad sigue una línea muy complicada. Uno quisiera que no hubiera muro, que el país fuera una construcción común con todos sus pueblos. Pero muchos no quieren eso, y países relativamente lejanos se meten en ese conflicto. El muro posiblemente tranca algunos de los peores atentados que podrían ocurrir; seguramente resuelve a corto término varias cosas. ¿Pero a largo plazo?


Otro punto de contraste — también tiene que ver con la frontera pero en este caso de manera feliz, sin alusión a bombardeos de 1948, el no-man’s-land terrible que dividió la ciudad en dos entre 1948 y 1967, la retoma complicada de la ciudad en junio de ese año, el estado tan distinto aún del este y el oeste de Jerusalén (pese a estar bajo la misma administración, la misma alcaldía), la presencia del campo de refugiados de Shuafat a meros dos kilómetros de la ciudad vieja. En el video que se ve a continuación, tomado durante la proyección de Cinema Paradiso en la Plaza Muristán de la Ciudad Vieja una bellísima noche de verano se ve otro tipo de convivencia, a mi modo de ver ideal. Hay familias árabes y judías, hay público mezclado, no se siente tensión. A menos de un kilómetro de ese lugar están las mezquitas y esa misma semana había mucha tensión allá. Durante el día miles de palestinos estaban haciendo una protesta contra los detectores de metal – protesta finalmente pacífica frente a la Puerta de los Leones, pero muy tensionante estando allá. En la plaza, en el video, nada de eso. Simplemente, la magia de la convivencia tranquila posible.


Y finalmente, en uno de los días más complicados de todo el episodio de los detectores de metal, uno de esos días con amenaza de volverse todo más complicado, me encontré por azar con una manifestación de mujeres árabes y judías en un lugar desde donde se ve maravillosa la Ciudad Vieja, desde el sur. Cantaban y daban discursos por la paz, en hebreo y en árabe. La frontera difícil también tiene esos momentos maravillosos. Las imágenes tal vez cuentan más…

 

Bringhurst, looking back in time, but really back

I had already written some notes about Robert Bringhurst, right after having met him personally in Helsinki some months ago. His Everywhere Being is Dancing – twenty pieces of thinking is perhaps less known than his famous book The Elements of Typography. It is however one of the collection of essays that I have read with most trepidation in a long, long time. Perhaps the main point is the difference between Bringhurst’s ideas and those of most of the rest of people: his perspective when discussing poetry, war, society, language, tools, singing, voices, stories puts to shame our extremely narrow interval. Instead of just looking at just thirty centuries of literature, as we usually do (when we want something remote we think Homer or some books of the Hebrew Bible), he ponders perhaps a couple of hundred centuries, he traces our bearings in language, in poetry, in mathematics even, as part of a development started sixty, seventy thousand years ago – the written sentence being much more recent and perhaps ephemeral than we want to admit.

I have to incorporate some of his ideas in a couple of things I am writing. I won’t elaborate more on this at this point – but I do want to quote an excerpt of his essay A Poet and a War on Avdo Međedović, a Montenegrin poet and the permanence of the tradition of epic poetry in the Mediterranean since Agamemnon’s time. But here is the quote:

War in its twenty-first century glory is the nightmare of industrial technology, but the war that most affects my daily life is the Four Century War (c. 1500-c.1900) fought between invading Europeans and retreating Native Americans for the land in which I live. That war, rarely mentioned in the textbooks, left more than six million dead in North America alone, yet it was fought with minimal equipment and very little centralized command. The most devastating weapons used were biological – smallpox bacilli in particular. These agents were often delivered haphazardly, by preindustrial means, yet their effectiveness was huge.

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Robert Bringhurst, speaking at the Helsinki Mathematics Department on the structure of Navajo Poetry (in Cháálatsoh, the Origin of Horses). Photo: AV.

de lo fragmentario: Jerusalem, a family portrait

Un cómic que seguramente deberé volver a leer – una verdadera joya (dura, extraña, inquietante): Jerusalem, a family portrait, de Boaz Yakin y Nick Bertozzi.

El cómic va siguiendo la historia de dos ramales de la familia Halaby en Jerusalén, en los años anteriores al establecimiento del estado de Israel: las peleas (legales) de las dos ramas de la familia, la presencia complicada de los ingleses en Palestina, la debilidad de los padres ante hijos que están tomando caminos aparentemente contradictorios (un hijo está en el Partido Comunista Palestino – que consta de árabes y judíos que por igual repudian la identificación religiosa/étnica y quieren luchar por el establecimiento de un estado obrero, contra la burguesía y contra la religión; su hermano está en un movimiento judío contrario principalmente a los británicos en ese momento – otro hermano menor anda por la calle; el colegio termina colapsando ante los embates de la guerra – la madre de esa familia es una figura extraña, dura, difícil de entender en su causticidad durante buena parte del cómic).

El inicio es magistral: en Ratisbonne, el colegio francés, el cura escucha a uno de los jóvenes (le dice “Monsieur Halaby”) pedir un lápiz en hebreo a su compañero. Le pregunta qué se habla en horas de clase (la respuesta es inglés y francés) y luego le pregunta qué habla la gente civilizada fuera de clase (la respuesta esperada por el cura es también inglés y francés – el alumno le contesta hebreo y árabe causando conmoción entre sus compañeros y rabia del cura). Es un perfecto abrebocas de la situación de toma de conciencia de personas muy jóvenes – confusos todos, pero a la vez muy lanzados – en el momento de ir dejando atrás el momento de colonialismo europeo.

Luego el libro empieza a dar mil vericuetos – que desembocan en momentos crudísimos (la masacre a los pobladores árabes de Deir Yassin por parte de un grupo pequeño judío es contada directa y llanamente – al igual que la masacre de comerciantes judíos en Jerusalén por parte de árabes bajo la tutela inglesa).

Pero sobre todo, lo fragmentario. Es un cómic difícil de seguir, difícil de leer – fragmentado (el tono continuo inicial se va partiendo), muy anclado en la percepción de la guerra y de la cotidianidad, de la vivencia de momentos aparentemente irreconciliables, de realidades superpuestas que lo van dejando a uno cada vez más perplejo y confundido, en lugar de irse aclarando. Como las guerras – sin tapujos, sin sentimentalismo, mostrando los sueños y los actos aparentemente opuestos a los sueños, las constantes contradicciones de adolescentes creciendo en una ciudad que va cambiando. Terroristas judíos, soñadores de la independencia, personajes religiosos, personajes laicos, comunistas árabes y judíos primero aliados contra los ingleses y luego enfrentados, luchadores heroicos a la vez manchados, ejércitos armados reuniendo personajes recién bajados del barco de refugiados de los campos – ejércitos que hablan en polaco puesto que aún ni siquiera saben hebreo, árabes que se defienden, árabes que huyen, convoys de comida de Tel Aviv a Jerusalén, emboscados en las montañas de Judea, indolencia de los telavivitas frente a los jerosolimitanos, rabia de los sabras ante la actitud percibida por ellos como pasiva de los judíos de Europa en la guerra, y miles de historias que empiezan de una manera y terminan en la realidad de manera más sobria, menos heroica, más partida.

Lectura inquietante, piso cambiante, inseguridad constante, intentos fallidos (o logrados  –  pero terribles como la bomba del YMCA de Jerusalén), fragmentación.

El inicio (clic agranda imagen):