a nostalgic look at 2019

I surprised myself missing having made my “end-of-year” video for 2019. I surprised myself because I started missing it… in June 2020.

June 2020, July 2020, really March, April, May, June, now July 2020 – these months figure in my mind, in my memory as a sort of world slump, of global freeze, of entrance into a singularity from which the way out still seems uncertain – not just the when but now mostly the if.

For some reason I started a few days ago missing sorely the account of 2019. It was an important year – with strong personal moments, with some (extremely significant) trips: to Italy, Austria and Finland in January – and back to Colombia in the middle for my father’s funeral – to Budapest in the summer, to the Colombian Caribbean and Santander in July and August, to Southern Chile in December.

Here is an account – a very personal (and nostalgic) look at 2019, made a few days ago:

De nudos (zarcillos, trenzas, poleas)

El confinamiento trae mucha introspección. Hay muchas ventanas al mundo, en forma de seminarios, clases, conversaciones a veces sumamente interesantes – pero tal vez lo más extraño es la atención a detalles que normalmente uno tiene como secundarios.

En el jardín hay universos enteros. Hace unos días María Clara me pidió que le ayudara a cavar un hueco para enterrar una estaca y lanzar una cuerda, pues una calabaza que nació silvestre se estaba enredando en un peral y lo iba a asfixiar. La idea era que la calabaza se enredara en el hilo y la estaca nuevos.

Nunca imaginé que a los muy pocos días el enredo nuevo de la calabaza iba a ser de ese orden. Tampoco imaginé que en lo que uno podría llamar “gratitud” de manera un poco antropocentrista, la calabaza empezó a arrojar flores y frutos. Y todo en muy pocos días.

Los nudos (y los zarcillos y urilos, trenzas y verdaderas poleas) trazados por la calabaza en meros días han sido aterradores. Si esa planta fuera grande lo podría asfixiar a uno fácilmente.

[Hoy celebramos con unas flores de calabaza rellenas (receta judía romana – se rellenan con ralladura de pan, queso parmesano rallado y anchoa y se sofríen, después de haberlas pasado por un poco de huevo y harina).]


a (relatively brief) pause

Frankly, if an educational system (and for that matter, an economy, democracy, society) is so delicately balanced that it can’t take a (relatively brief) pause to keep people physically and emotionally healthy, then it is fundamentally broken.

Gordon Brooks

(Muy de acuerdo [excepto con incluir la democracia en esa lista]. En algunas sociedades antiguas dejar reposar la tierra un año de cada siete [el sabático], un día de cada siete [el shabat], etc. era algo fundamental. Nuestro mundo, nuestra economía, nuestra sociedad, nuestro sistema educativo, olvidaron eso y ahora están obligados a redescubrirlo, a las malas.)

soundtrack de un viaje

La intensidad de los viajes, de ciertos viajes, en mi caso casi siempre va acompañada de un especie de “soundtrack mental”. Los largos períodos pasados caminando, en la naturaleza, en el silencio (relativo) de los montes, o entre el oleaje o entre los grafitis hermosísimos de las ciudades despertando – todo eso requiere (y genera) en mi caso una música de fondo, una música muy distinta de la que suelo escuchar cuando estoy inmerso en el trabajo matemático o en las clases o en la correspondencia “usuales” en Bogotá. Si durante el semestre puedo tener una obsesión con alguna partita barroca o alguna sonata para piano del romanticismo o alguna música del siglo XX o incluso XXI, al viajar de alguna manera se reconfigura por completo todo.

Caminar en invierno por los lagos congelados de Finlandia para mí requirió una mezcla entre músicas de Carelia, de Ostrobotnia – y trozos largos de la Tercera de Sibelius repasados en la mente, o sencillamente su Concierto para Violín. Este último es para mí el soundtrack del Báltico, de un paseo hecho en 2004 a una isla/sauna a cuatro horas de velero de Helsinki en verano.

En otros momentos han sido músicas ancashinas, huaynos brutales de esos Andes centrales. O cierta música de Grebenshchikov. O sencillamente Brel y Stromae. O…

En este viaje a Chile obviamente los grupos impresionantes que ha dado ese país – mezclados con esos compositores de canción increíbles (Violeta Parra, Víctor Jara) estuvieron todo el tiempo ahí, de música de fondo. El grupo Inti Illimani ocupó mucho espacio mental: ellos cantan muchas músicas de Chile y también muchas músicas de otros lados – de Bolivia y Argentina, huaynos peruanos.

Por alguna razón peculiar enlacé con otro viaje, anterior, expresado en la canción Samba Landó de ese grupo – una canción que en realidad está anclada en la música afroperuana, una canción de la resistencia negra a la esclavitud.

La letra de esa canción es una invitación a liberarse, claro, pero sobre todo a tener cuidado con los nuevos negreros de la advertencia que hacen, tener cuidado con los nuevos esclavizadores que siempre acechan.

La fuerza instrumental y rítmica (cajón peruano, a veces con charango, siempre con guitarra y bajo) de la música afroperuana es algo difícil de capturar en frases. Simplemente hay que oírla – escuchar Toro Mata mil veces, escuchar A mí no me cumbén. Esta Samba Landó es sencillamente brutal.

Enlazo tres versiones: una de estudio de Inti Illimani, impresionante. Otra, en cover por Nano Stern y Manuel García (solo con guitarra y voz). Y por último una por MARKAMA y Rubén Rada, creo de un concierto en Buenos Aires, con imágenes impresionantes de grabados y documentos de venta de esclavos en Lima durante el siglo XVIII.

Si uno las escucha, las canta, se pueden volver parte de un soundtrack mental muy poderoso. (En realidad el soundtrack mental mío en Chile tuvo mucho, mucho más – decenas de canciones, huaynos, poemas de Violeta Parra, el increíble Galambito Temucano, y mucho de Víctor Jara. Pero reduzco de momento al increíble Samba Landó.)

paredes de Chile (2): Santiago

La parte final de nuestras semanas en Chile fue en Santiago. Solo un par de días, que resultaron maravillosos por muchas razones (entre estas la exposición del MAC, Museo de Arte Contemporáneo, un edificio espléndido y museo manejado por la Facultad de Artes de la Universidad de Chile: nos hizo sentir agudamente la ausencia de un verdadero museo universitario [irreverente, transgresor, que haga pensar] aquí en Bogotá – las exposiciones del Museo de la Universidad Nacional se han vuelto cosas medio placenteras y se sienten brutalmente convencionales – ya llegará nuestro momento de (volver a) tener un museo universitario real)…

Si las paredes de Concepción, de Valdivia y de Puerto Montt (e incluso, tímidamente, de las turísticas y adineradas Pucón y Puerto Varas) hablaban vehementemente, las de Santiago fueron realmente superlativas.

Es difícil resumir la sensación de ver toda la capital, todas las ciudades de un país, casi completamente pintadas, con las fachadas de bancos, centros comerciales, supermercados, etc. tapadas por completo, todo pintado. Y leer tantos mensajes variados, admirar tanta gráfica (en Santiago sobre todo, la calidad de la gráfica es impresionante). Ver un país no meramente despertando sino literalmente sacudiéndose de encima el legado venido de una salida del horror pinochetista sin catarsis real, con transición muy suave a la (que algunos llaman) democracia (nombre que muchos cuestionan para estos últimos 30 años).

Lo que se ve en Chile tiene algo grandioso y a la vez preocupante. Grandiosa la sacudida de fantasmas enquistados, preocupante la incertidumbre ante el futuro.

La gráfica nos dejó admirados. Logra que bajo las capas y capas de mensajes uno pueda ver (cosa muy difícil en principio) y nos hace pensar en el impacto que tuvieron en grupos como Taller 4 Rojo en Colombia en los años 70.

Va una selección de pintadas en Santiago. Trato de mostrar en esta selección cierta variedad temática. Todas fueron tomadas en la zona entre la Alameda, Lastarria, el Parque Forestal, el Museo de Bellas Artes y Plaza Italia.

Paredes de Chile

Durante los días de SLALM, de Simposio Latinoamericano de Lógica Matemática, el énfasis fue en matemática, en mucha lógica matemática. En conexiones con álgebra, con mucha teoría de números y en el caso de mi charla y conversaciones con Xavier, en lógica infinitaria y en teoría abstracta de modelos.

Pero de alguna manera el trasfondo del movimiento chileno (me gusta que lo llamen “movimiento” y no “paro”, pues aunque las universidades están sin clases, lo que hay es realmente un movimiento muy profundo, muy inasible e irreducible a explicaciones simplonas) siempre estaba ahí, en las conversaciones, en las dificultades que tuvieron los organizadores con el lugar (Universidad de Concepción cerrada, lugar del evento en un hotel), en la energía de esperanza muy fuerte.

No hay explicación inmediata para lo que estas paredes nos quieren decir, nos dicen, nos gritan. Sí hay la sensación de algo muy hondo, un clamor contenido durante décadas.

Ahí están las imágenes, la mayoría en Concepción (el domingo posterior al congreso salí finalmente a dar una vuelta por el centro y mirar con cuidado). Hay algo en Santiago también, de nuestra vuelta con Carlos Di Prisco por el centro el día de nuestra llegada a Chile. Creo que las imágenes son sumamente elocuentes y no requieren sobre-explicación de ninguna clase.

[Nota: aunque es duro, y a veces feo, ver los muros así, de alguna manera se siente alivio – como que algo que estaba trancado se está destrancando. Lo que está pasando en Chile es de altísima importancia, no solo en Chile, sino en todos los países que se han metido por esa senda del demonio en la que Chile no fue más que el país-experimento.]

too floating (on walking in a photo-infused city)

these photos were posted on my fb page a couple of days earlier; some people commented on them, some even said they liked them very much and later explained why

in my case, it was more of a slight homage, a very modest acknowledgment of a sensibility being triggered by the brutal amount of great photography done by people from that city, in that city sometimes

Budapest was an occasion to connect:

  • with Michael Makkai, that great Mathematical Logician and person; I felt honored to celebrate his 80th birthday in Budapest, and to give a lecture in that great occasion at the Rényi Institute!
  • with many logicians, some older friends (János Makowsky, who went from Haifa to the meeting; Péter Komjath, who was one of the organizers), some new colleagues (and some inspiring talks)
  • with the incredible Danube I keep reading about and (meandering encountering at every turn, be it in Vienna, in Budapest or in the writings of people like Canetti)
  • with great café life (in particular, IF, the best jazz café to do math in the world and perhaps dually the best math café to listen to live music in the world)
  • with archives of photographers (Kértesz, Moholy-Nagy, Capa are perhaps the first that come to mind, but there are so many others!) and their amazing obsession with reflection/transparency
  • with combinatorics (last but not least)

As I was walking toward the Jewish Quarter Sunday a week ago, I encountered this:

Árboles urbanos: el caso de Teherán

Teherán: camino del aeropuerto a la ciudad

Entrar a Teherán después de muchísimas horas de vuelo desde Bogotá, al amanecer de un viernes (que es como nuestros domingos en el mundo musulmán) trae una fuerte sensación de mezcla entre familiaridad y lejanía. Todo es muy distinto (el aeropuerto queda en un desierto, se percibe todo muy remoto) pero a la vez muy familiar para los bogotanos: una ciudad enorme, muy contaminada, con cerros a un solo lado y el aeropuerto en el extremo opuesto. La disposición de barrios tiene también fuertes analogías: los barrios más ricos están junto a los cerros, y a medida que se aleja uno de esa zona la ciudad se puebla de casas bajas, bodegas, callejones y avenidas inmensas, un poco como buena parte del occidente de Bogotá.

En noviembre de 2015 tuve la oportunidad de ir por tres semanas a dar un minicurso en el IPM en Teherán y luego unas conferencias ahí mismo y en Isfahán. El Instituto de Estudios Avanzados en Matemática y Física Teórica, el famoso IPM, queda en un antiguo palacio imperial, en una zona rica de la ciudad, junto a las lomas. Un “Rosales” de Teherán, hasta cierto punto.

Algo que vi en buena parte de la ciudad, algo cada vez más relevante a nuestra Bogotá desarborizada, fue la cantidad de árboles urbanos. Aunque está rodeada de desierto (y montañas peladas), la ciudad sí que está repleta de árboles. Para el bogotano que soy era doloroso ver de manera tan directa el tiempo que hemos perdido en Bogotá al no arborizarla masivamente.

Teherán es en buena parte un jardín urbano inmenso (aunque en medio de un desierto). Bogotá es en buena medida un peladero, un lugar sin árboles (aunque estemos rodeados de cerros con muchos árboles y de verde al salir). Ambas ciudades tienen problemas muy graves de contaminación, pero Teherán al menos parece haber tenido alcaldes respetuosos del medio ambiente.

universal tree

This had indeed the look of a universal tree, or so my friend told me (and convinced me). A couple of small lime trees (or was it orange trees?) in El Ocaso (that marvel of a place of dreams), on the Western slopes of the Eastern Colombian Andes.

My friend, the friend whose eye made me see the universality of those lime trees, is a painter, born in 1930 in Chicago, of a Czech family (father born with the century in Vienna, escaped the Austro-Hungarian empire’s and the impending draft of Czechs in Vienna, only to fight at the end of WWI back in Europe, in France – and then go back to America and have two sons – one who fought in the Pacific in WWII, the other one, my friend, in Korea). Don Kurka, the younger of those two brothers, a youthful person at age 88, has a marvelous eye for many things here in Colombia.

I took 111 photographs and sent them to Don. Only 16 survived his sharp eye. I added two that I could not really throw away…

Coda. We have been watching the Israeli series When Heroes Fly… we were extremely happy with Shtisel; this one is perhaps more standard, less unique, but there are two aspects that make it really nice for us to watch: it is made both in Israel and in… Bogotá. Many locations in Bogotá are actually very close to where we used to live (in La Macarena), where we now live (in Chapinero) and of course there is a lot of La Candelaria. There are Israeli and Colombian actors. BUT the crown, the reason I mention it here is that starting in Episode 4, the “Israeli heroes” travel to “The Jungle near Bogotá”. Well, that jungle near Bogotá, or whatever they call it, is… El Ocaso, La Esperanza. So, all these images of the universal tree – the series has shown a lot of that also.

ese día entendí que había algo muy mal

Un día por la mañana, en un salón de reuniones, me cayó el veinte. Tal vez era la luz (entraba un sol blanco lacerante de esos que a veces nos regala el cielo de nuestra ciudad, frío aún, desde los cerros). O algo en el aire. Pero me sentí incómodo, y entendí que algo estaba mal, muy mal.

En esa junta (o comité o como se quiera llamar) que se suponía representar a todos los que practican cierta disciplina en un país entero, un país bastante grande y muy variado, todos los que “representábamos” éramos hombres que veníamos de dos universidades capitalinas – todos, con una excepción, otro hombre venido de otra ciudad a la sazón. Y yo, a mi edad, no me había percatado del absurdo.

Una profesora, colega nuestra y buena amiga, ya no una mujer joven (aunque aún juvenil en sus iniciativas y su entusiasmo), pidió un espacio en esa reunión para pedir que en un congreso nacional (o regional a nivel del subcontinente, no importa tanto eso) se abriera un espacio para discutir, por una mera hora (o tal por cuarenta minutos, tampoco importa), el rol de las mujeres en el país en esa disciplina que estábamos ahí representando cinco hombres. La profesora dijo que le parecía importante ese espacio, no tanto por ella misma, pues (nos dijo) ella “había sido muy afortunada y nunca había tenido que pelear por su espacio y su padre siempre la apoyó [hace 50 años, agrego yo], pero había otras mujeres que, siendo mucho más jóvenes que ella, sí tenían que pelear por su espacio, por el justo reconocimiento, por…”.

Ahí dejé de escuchar en detalle, la luz lacerante me cegó, y casi sentí mareo al ver lo absurdo de la situación. Nos vi a nosotros, cinco hombres de las dos universidades más de “élite intelectual” de nuestra nación destrozada por una guerra de cinco décadas, cinco hombres que ciertamente no teníamos ni idea de la verdadera situación de gente de otras universidades, de otros lugares del país, de otras circunstancias – y mucho menos de mujeres como la que nuestra colega (ella también capitalina privilegiada, pero al menos sensible al tema) nos vino a pedir… cinco hombres con la potestad de “abrir un espacio” (o no abrirlo) a un país entero, a las mujeres de un país entero.

Y me dio vergüenza.

Vergüenza de ver que la señora de casi 70 años tuviera que solicitar ese espacio a estos cinco hombres, en nombre de las muchísimas mujeres que ni siquiera hasta entonces habían podido llegado a solicitar un espacio, una mera hora en un congreso de varios días, para discutir el tema de cómo lograr mejor inserción en un espacio donde ellas deberían estar en absoluto pie de igualdad, cómo compartir historias o sencillamente mirarse las caras y decir qué hacer.

También me pareció terrible que en medio de los espacios de los premios, de las plenarias, fuera difícil, no fuera obvio, abrir ese espacio especial. Y no me gustó la cara de alguno de nuestros colegas en esa junta – la consabida sonrisita leve de “ah sí verdad, ahora toca también abrir estos espacios”, no me gustó la atmósfera de complicidad masculina tácita que se instauró después del tiempo en que la profesora hizo su solicitud.

Quedé casi mudo pues me pesó mucho el absurdo de la situación. Luego dije ahí alguna bobada, tratando de justificar que la reunión de las mujeres tuviera uno de los mejores auditorios. Me tocó decir que esa reunión era importante, tanto como los otros eventos del congreso.

Afortunadamente, la reunión se hizo. Pero me pareció absurdo que en las reuniones siguientes mientras hice parte de ese comité durante los meses siguientes las reuniones fueran cinco hombres… Algo dije en ocasiones posteriores sobre el tema, no tan contundentemente como lo haría hoy. Y algo pasó, pues el siguiente comité, el que afortunadamente nos reemplazó, sí tiene gente de varias regiones y sí tiene mujeres. No tanto como debería, y las regiones no capitalinas no están tan representadas como sería deseable, pero es un comité mucho mejor que el nuestro.


Federico Ardila me llamó la atención sobre el tema una vez que publiqué – recientemente – una lista de temas de exposición de un curso avanzado que dí, en el blog de clase. Me dijo algo así como “qué chéveres están los temas de su curso, a mí me encantaría poder tomar esa materia de alguna manera pero… ¿sólo hombres? ¿diez estudiantes, ninguna mujer?” Le dije que tenía toda la razón, pero no sabía por qué estaba pasando eso. No sé si hay un problema estructural en la carrera o en los colegios o dónde. Luego Federico me dijo que en los cursos que da en Colombia él ha visto que el número de mujeres ha bajado sustancialmente y de forma muy preocupante. Federico es por varias razones muy consciente de la importancia del tema – también vale la pena agregar que Federico ha tenido estudiantes mujeres que más adelante han continuado su camino y se han convertido en excelentes matemáticas.


Mi colega Carolina Neira ha hecho un trabajo excelente en esa dirección. Ella es de una generación joven, y habla con propiedad del tema (y de varios temas matemáticos, además). Trajo a Colombia a que diera un curso de geometría no conmutativa a Sylvie Paycha, otra matemática que ahora trabaja en Berlín y que además de haber propiciado muchas escuelas avanzadas importantes en Villa de Leyva en el pasado, hace año y medio trajo a la Universidad Nacional en Bogotá una exposición del proyecto Women in Mathematics. Durante el Congreso Colombiano en 2017 Carolina propició una discusión con mujeres matemáticas, como la que mucho más tímidamente fuera solicitada (qué horror pensar en el verbo) por nuestra colega. Me alegró muchísimo ver que al menos en ese sentido esa iniciativa está floreciendo.

El salón (grande) estaba abarrotado de mujeres y de hombres que queríamos escuchar los testimonios, que queríamos saber qué estaba pasando. En el tiempo de la reunión (una hora tal vez, o 90 minutos) se alcanzó a hacer un fragmento de lo que parecían tener planeado – quedamos con la sensación de algo que quedó iniciado y no completado. Fuimos con varios de los visitantes extranjeros; las mujeres matemáticas que hablaron eran (por fin) de muchas partes del país, de varias circunstancias sociales distintas.

Al ver eso siento alegría pero angustia también. Ese movimiento debería continuar, reforzarse.


Hoy hablábamos con María Clara de otros temas, de gente rígida que la rodea a ella a veces en su propio mundo académico – y recordé esa vez que hice parte de un comité tan rígido en un aspecto tan importante, que lo tengo casi borrado de mi memoria. No me gustó haberme visto a mí mismo como parte de una congregación de hombres a quienes se “solicita un espacio”, no me gustó sentirme casi como los párrocos vestidos de negro en Breaking the Waves.

El sol matutino de la capital me hizo ver esa realidad, ese día.

Agregado después – 27.8: Arturo Sanjuán ha escrito una respuesta aguda y con ejemplos y situaciones muy interesantes a este post, en su blog. En las respuestas a su post he ido tratando de aclarar puntos sobre este tema.

pseudointelectuales

Ayer mientras iba en un bus leí un trino indignado de un matemático joven. Uno de esos trinos que aluden a temas que tienen que ver con muchos años de mi propia formación, con tiempo vivido.

Santa El joven matemático (@I_Santa_ en twitter) manifestaba estar aterrado con que alguien en esta contienda política hubiera tenido el atrevimiento increíble de describir a Sergio Fajardo como un “pseudointelectual” (escribió “seudointeligente” pero para el tema da exactamente lo mismo).

A mí me pareció tan absurda la frase que decidí indagar un poco más – y resultó que la frase era de la famosa dama de apellido Cabal, en entrevista con otra dama famosa de apellido Dávila – en un programa radial de la famosísima emisora “la W”.

Famosas las tres, las señoras Cabal y Dávila y la emisora por… ¿qué exactamente? ¿Por lo picante de sus chismes? ¿Por la profundidad de sus análisis? ¿Por su capacidad de no reducir temas complejos a frases de efecto? ¿Por su sutileza a la hora de escoger títulos para sus programas? (En este caso el programa se llama algo así como “Premios Mamertos” o algo similar.)

Mi primera reacción: esas tres (en cualquier orden, la W, la Dávila, la Cabal – ¿cuál de las tres es la esposa del señor de Fedegán? ¿cuál la emisora? ¿cuál la “sesuda analista”? creo que ni siquiera es claro cuál es cuál) – esas tres son una cosa ahí amorfa – una entelequia que si no fuera porque la frase trajo a mi memoria un tema sobre el que he escrito por lo menos dos veces antes ni siquiera merecería más de un segundo de la vida de una persona.

Mi primera reacción fue simplemente observar que el trabajo de Fajardo y Keisler en teoría de modelos de probabilidades adaptadas y fajardokeisler procesos estocásticos es referencia a nivel mundial. Que atreverse a ir por la vida como cualquier hijo de vecino diciendo que el autor de ese libro es un “pseudointelectual” implica una de dos cosas: o es alguien que sabe mucho más que Keisler y Fajardo sobre el tema, es alguien que legítimamente puede lanzarse a hacer críticas (¿por qué no?)… o es alguien no solamente absolutamente ignorante sino además completamente ciego ante su propia ignorancia. Nada más qué decir… pero conviene de vez en cuando recordar que cuando se habla sobre gente como Fajardo la cosa es a otro precio. (Esté uno de acuerdo o no con sus ideas o con su estilo.)

Como las señoras W (¿o Dávila?) no pueden decir sino “Fajardo es mamerto” (como si ser mamerto fuera algo ordinario o feo o inmoral) y para subrayar su argumento dicen que es “pseudointelectual” pero luego no pueden explicar por qué,  terminan refiriéndose a la pinta de Fajardo, y a la opinión de una ex-reina (alguien tenía que completar el cuarteto amorfo) sobre ésta. No pueden ir más allá.

Luego recordé estas líneas, escritas en 2003 (¡increíble como pasa el tiempo) en mi blog de esa época – y decidí retomar el tema a la luz de lo que pasa hoy (pues para las generaciones más jóvenes como la de @I_Santa_ 2003 es algo muy remoto e incluso 2009 – el texto más abajo – corresponde a una época muy distinta):

Podrán decir muchas cosas, pero es un hecho muy fuerte el que uno de los dos autores de Model Theory of Stochastic Processes sea el alcalde electo de Medellín. Me llena de alegría que no solo un matemático, sino alguien formado en teoría de modelos (en mi misma alma mater de doctorado 🙂) esté ahí. Me llena de alegría agridulce, pues la carrera política de Sergio significa un matemático activo menos – pero puede (ojalá) significar un alcalde mucho más interesante para Medellín.

También en Fajardo: teoría de modelos y política (2009) escribí algunas notas sobre esta frase de Fajardo:

Somos un movimiento cívico independiente que tiene tres componentes: un conjunto básico de principios, una propuesta para la sociedad y una forma de hacer la política.

Fue en la aciaga época de la hegemonía uribista, cuando el país nada que lograba quitarse de encima a esa pesadilla dual que eran Uribe y las Farc de entonces (las Farc ahora son la Farc y parecen seriamente haber cambiado, Uribe simplemente ha ido empeorando) – y la propuesta de Sergio se perfilaba como algo aún muy remoto, pero me permitía soñar:

“Yo sigo pendiente de ver qué sigue proponiendo Sergio, qué sigue haciendo. Mi voto aún no está decidido, pues falta mucho. Me gusta por razones estéticas el que piense aún inspirado por la matemática.

Si algo enseña la matemática es cierta humildad ante los verdaderos problemas. No hay matemático serio que no haya sido completamente doblegado por un problema insoluble (o muy duro). La inmensa mayoría de los finales de día, para un matemático de verdad, tienen una lista larga de “por hacer” y pocos logros… Eso mantiene viva la disciplina y con mente juvenil al matemático. Cualquier asomo de creer que uno sabe puede ser tumbado al día siguiente por algún jovencito con mayor lucidez.

Para mí eso es muy sano – es duro, pero es sano. Si un político llega a resolver problemas (digamos, los tres problemas que menciona Sergio) con actitud de matemático, puede que al final no nos trate de vender espejismos como tantos han hecho, como tantos están haciendo.

Muchos colombianos estamos pendientes, Sergio.”

Hoy en 2018 muchas cosas han cambiado, me parece que para bien en general (pero con riesgos muy altos y, como vemos en programas radiales como el mencionado, con mucha estupidez en el aire). Fajardo hace rato es un político muy sólido que puede perfectamente llegar a ser presidente de la república de Colombia pronto. Su visión de matemático no creo que haya cambiado – alguien tan matemático como él (en otra etapa) no abandona esa visión; simplemente la habrá enriquecido enormemente con sus experiencias de estas últimas dos décadas.

Pero conviene recordar (para aquellos que no tuvieron la fortuna – difícil – de ser sus estudiantes en sus cursos o la fortuna aún mayor de hablar con él antes de su transición a la política) lo siguiente:

  • Fajardo es un excelente profesor. De hecho, puedo decir ahora con propiedad que es uno de los mejores que he tenido (en dos universidades en Colombia, en mi alma mater de doctorado en Estados Unidos – la misma de Fajardo – y en cursos tomados después durante un tiempo ya no tan corto de investigación). Si me preguntaran elaborar el tema, diría: Fajardo es uno de los profesores que (cuando les gusta el tema) pueden iluminar con mayor claridad un tema. Cuando estaba inspirado, Fajardo era prácticamente insuperable. Recuerdo aún con emoción su explicación del teorema de Vaught según el cual una teoría contable no puede tener exactamente dos modelos no isomorfos contables. Si tiene dos modelos no isomorfos, tiene que tener un tercero. Fajardo era también un profesor con temas muy definidos (“no me gusta el álgebra, me gusta el análisis”, nos decía – y si la demostración era muy algebraica hacía mala cara). Eso puede ser cuestionable, pero no le quita lo de excelente profesor. Además lo de ser excelente profesor es algo que seguramente todavía le funciona – pero en sus temas actuales (por eso lo escribo en presente),
  • Fajardo es un matemático. Con teoremas demostrados, con tesis doctoral, con su libro con Keisler, con sus artículos – y seguramente con lo más importante: la pasión brutal intacta (me encantaría volver a hablar con él algún día de matemática). Eso lo pone en un plano supremamente interesante con respecto a las “intelectualidades”. No es que implique (o no) el ser intelectual – pero es claro para mí que su paso a la política desde la matemática es una jugada de carácter intelectual (combinada con otras cosas).

Nota final: lo anterior es expresión de mi máximo respeto por la persona, por el matemático y por el candidato Sergio Fajardo. En realidad la frase idiota de la W (o de la Dávila o de la… ya olvidé el apellido) es irrelevante ante la construcción de un país, la propuesta política impresionante de Fajardo. Adicionalmente, mi defensa de Sergio Fajardo como persona y como matemático no es una declaración de adhesión a sus ideas políticas. Mantengo mi independencia – y en 2018 prefiero opciones más a la izquierda. Políticamente en 2018 Fajardo representa cierto continuismo con estilo sofisticado. No se trata del continuismo burdo (y deshonesto) de Peñalosa, tampoco se trata del continuismo eterno de Vargas Lleras. Es otro tipo de continuismo – tal vez más cercano al estilo del actual ministro de salud (Alejandro Gaviria) – de personas con buena formación, con referencias sofisticadas (literatura, algo de filosofía, mucha matemática en el caso de Fajardo) pero incapaces de imaginar mover las estructuras anquilosadas y muy temerosos (¿tibios?) frente a los retos mayores que tiene nuestro país en este momento. Gaviria da peleas bonitas (por reducir precios de drogas, por campañas de vacunación para prevenir el cáncer cervical o de promoción de uso de condón para prevenir enfermedades venéreas y sida – campañas que le han traído enemigos y en las cuales lo apoyo fuertemente) pero nunca se mete con problemas estructurales del sistema de salud. Fajardo proyecta una imagen similar: muchas campañas bonitas (contra la corrupción, por la educación, etc.) pero mucho continuismo estructural.

Sin embargo, a pesar de no necesariamente estar de acuerdo con muchas de sus ideas me parece crucial responder al trino de (muy justificada) indignación de @I_Santa_ … y volver a contar por qué Sergio Fajardo (pese a mis críticas – que seguramente seguirán si gana la presidencia) es alguien muy, pero muy, por encima de lo que algunas personas muy ciegas quieren decir allá en la radio colombiana.

Nora

Fuimos a ver Casa de muñecas el domingo pasado en el Teatro Helénico. Resultó mucho más fuerte de lo que esperaba yo. Y me sorprendió por varias razones.

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Nora (Olga González) y Torvaldo (Moisés Arizmendi)

Tal vez principalmente porque, aunque Nora es un personaje archiconocido (si uno dice “Nora” no hay que especificar cuál Nora, al igual que sucede con Sancho, Emma, Anna o Julieta) – y por lo tanto uno cree que la tiene en mente, que la conoce, que la puede “archivar” en algún anaquel de la memoria … hasta que se topa de frente con la realidad de la actuación.

En vivo (y con buen director y escena) Nora pasa en par de horas de ser una mujer-muñeca, una niñaperfectamimadaporsupadreyluegoporsumarido que dalavidaporsushijosyporsumaridonaturalmente a ser un ser humano que busca asumirse, que busca ser.

Esa búsqueda de simplemente ser, que exige momentos (o años) de soledad, o de compañías distintas, es algo que Nora nunca en su vida había tenido – y es algo que aún sigue siendo increíblemente difícil para muchas mujeres hoy.

Que una obra así haya sido escrita – con un libreto tan irrespirablemente afilado – hace ya casi ciento cincuenta años fue otra de las sorpresas. Yo pensaba que Ibsen era de finales del XIX y principios del XX – por alguna razón ubicaba mentalmente esa obra en algo así como 1905. Y ya parecía impresionantemente contemporánea así. Íbamos cuatro – María Clara yo y dos amigos nuestros – y todos creíamos que era de distintos momentos del siglo XX. Gracias a la diferencia de creencia (¿1905? ¿años 30? ¿1948?) en nuestro grupo acudimos a google y para nuestra inmensa sorpresa esa obra que acabábamos de ver resultó siendo… de 1879.

Mil ochocientos setenta y nueve es ya casi siglo y medio.

A mí me dio vergüenza que llevemos casi siglo y medio en estas – y que tengamos aún actitudes tan cercanas a las que Ibsen puso ahí. Me sentí como si la humanidad hubiera casi-dormido durante todo ese tiempo.

Claro, han pasado miles de cosas – las suffragettes, el voto a las mujeres, la revolución cultural de los años 1960, miles y miles de otras cosas. Claro.

Pero a la luz de los escándalos de 2017 parece que no son tantas cosas, y que Ibsen sigue ahí, muy muy vigente.

Nora en un momento dado en la versión que vimos se asoma por la ventana de la casa de muñecas/cárcel y grita a los espectadores ¡¡¡Puta mierda!!!

Y sí. Tiene razón. En el momento en que llega ese grito yo simplemente contenía la respiración, esperando ver lo que ya sabía que iba a ver, y a la vez absolutamente conmovido.

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sigue nevando

Sigue nevando. No en cantidades brutales pero sí persistentes. Siempre me pone feliz eso.


Fui a un concierto hace dos noches. Interpretaron entre otras cosas True Fire, una obra de la compositora finlandesa Kaija Saariaho, para orquesta y barítono. Son poemas (de Ralph Waldo Emerson, de Seamus Heaney, de los Tewa de Norteamérica, de Mahmoud Darwish) cantados por el barítono y acompañamiento de la orquesta.

La compositora estaba entre el público (normalmente vive en París pero por alguna razón estaba aquí – tal vez era el estreno local de esa obra).

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Desde hace años me ha sorprendido mucho la música de Saariaho. Tengo pendiente una ópera por ver (L’Amour de Loin). Me hace pensar mucho en otro compositor que me impactó mucho en otra época – Takemitsu.

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veinte años / la náusea de 1988

En El Espectador del viernes pasado hay una entrevista a Juan Gabriel Vásquez. Habla sobre lo que uno espera que hable él (literatura, novela) y dice algunas cosas interesantes. Me llamó la atención el siguiente pasaje.

En el epílogo de Viajes con un mapa en blanco, recuerdo una frase que se le atribuye a Napoleón Bonaparte: “Para entender a un hombre hay que entender el mundo de sus 20 años”. El mundo de mis 20 años era el mundo de las bombas del cartel de Medellín, el mundo aterrorizado por Pablo Escobar, el mundo que era mi país, tan convulso y confundido; en esa época, el refugio que encontré en la lectura de novelas fue absolutamente importante, porque se convirtieron en un lugar en el que lograba una manera de estar en el mundo que el mundo mismo no me daba.

Juan Gabriel Vásquez en entrevista dada a El Espectador

No había visto la frase atribuida a Napoleón, pero se non è vero è ben trovato, creo. Y pienso en dos cosas: los 20 años de personas que me han marcado y nuestros propios 20 años, que coinciden casi perfectamente con los de Juan Gabriel Vásquez.

De lo primero: mi padre, nacido a mediados de los años cuarenta, vivió sus veinte años en plena explosión de los 60, con el revuelto que de alguna manera marcaría a todos esos baby-boomers – apertura del mundo, revoluciones de varios estilos, cierto idealismo, pero todo enmarcado por Vietnam y el fracaso de Estados Unidos allá; el éxito rotundo de Estados Unidos en otros campos como cultura pop o dinamismo científico de sus universidades. La de mi padre es una generación que se define de manera muy extrema con respecto a Estados Unidos, sin la admiración de la generación anterior, pero a la vez mucho más sumergido en un mundo muy influido culturalmente por ese país. Todo lo que siguió a partir de ahí en su caso – el caos de los años setenta, Bélgica a finales de esa década, toda la construcción de la nueva facultad de ciencias en los ochenta y la entrada al gobierno de Bogotá en los noventa en ese grupo extraño guiado (o no) por Mockus – todo de alguna manera hay que leerlo en clave de 1965, con los Rolling Stones y la Revolución Cultural de fondo, con el napalm y el movimiento Black Panthers, con Mayo del 68 y Tlatelolco de fondo. Esos son el telón de fondo de esa generación. (La generación de los Clinton también, del abandono brutal de su propio idealismo, de tanta basura que creció en medio de tantos ideales.)

La generación de Jeangros (la misma de García Márquez o Salmona) por alguna razón la siento muy cercana a mí; muchos aspectos de esa gente me llaman poderosamente la attención. Nacidos a mediados de la década de 1920, viven sus veinte años durante la Segunda Guerra Mundial, o justo después. Es una generación de armar todo a partir de casi nada, una generación modernista en un sentido muy primario y fundamental. Les tocó leer a Celan en la posguerra, entender con Adorno el final del esteticismo anterior, ver los juicios de Núremberg siendo aún muy jóvenes, ver las imágenes de los campos de concentración y luego el surgimiento de Israel como nación frágil y tenue – la generación para la cual Eretz Israel era realmente David ante Goliat. Y en Colombia, la generación del Bogotazo, que parece haber marcado de manera brutal a García Márquez. Les tocó armar mundo casi a partir de nada – inventar maneras de enseñar muy radicales para su época, maneras de escribir y construir que partían de puros bloques primarios. En el mundo de muchos de ellos había poca cabida para eclecticismos. De alguna manera, de las generaciones que he podido conocer, es la que mayor fascinación ejerce sobre mí.


La nuestra es la que describe Juan Gabriel Vásquez: a los veinte años es la caída del Muro (alguno de mis estudiantes tal vez hoy diría ¿cuál muro? de lo contundente que fue su caída pero para los de mi generación el Muro era el Muro y no había otro ni había que explicarlo), el bombardeo de Bogotá por parte de Pablo Escobar, el asesinato de múltiples candidatos presidenciales y de miles de personas de la Unión Patriótica. En Colombia la nuestra es la generación que iba con sus padres al zoológico de Pablo Escobar a ver elefantes e hipopótamos; que vio a Lara Bonilla en la 127 asesinado por esos mismos, y luego las piscinas enchapadas en oro en los noticieros.

(Tal vez por eso me produce tanto hastío esa noticia de narcos y ex-sicarios (ojalá sea verdad lo de “ex-“) haciendo fiestas con otros narcos y sicarios buscados por Interpol; me produce una náusea intolerable ver que siguen en el Oriente antioqueño haciendo parrandas como si estuviéramos en 1988 y no hubiéramos aprendido nada. No quiero ver series tipo Narcos ambientadas en esa época que viví, que disfruté mucho pero también siento que sobreviví. Me produce náusea recordar el bombardeo del Das, la bomba gigantesca desactivada en la Séptima con 85, las clases de alemán en el Goethe donde de repente temblaba toda la casa de la 39 con Séptima por culpa de la onda expansiva de alguna bomba a más de 4 kilómetros de ahí, la gente tratando de llamar a ver qué había pasado. Y los compañeros de curso hijos de comerciantes que pasaban en menos de diez años de Renault 6 a Mirafiori y luego a varios carros de lujo – todo eso me produce asco en el recuerdo.)

la balsa de piedra

Hace un par de décadas leí A jangada de pedra, la novela de Saramago que habla de un desprendimiento mágico de España y Portugal del resto de Europa. Amanece un día y resulta que en la frontera con Francia se abrió un tajo delgado pero a medida que pasa el tiempo el tajo se abre, quedan desconectados Portbou y Cerbère, Saint-Jean Pied de Port y el inicio del camino. Luego la península empieza a irse más rápido como una balsa a la que le hubieran soltado las amarras e inicia su deriva hacia el oeste, hacia las Azores tal vez o hacia las Antillas – nadie sabe. Muy rápidamente se reconfiguran cosas: Europa dice que “en realidad siempre se supo que España no es que fuera muy europea, y la naturaleza terminó confirmándolo”, entre España y Portugal empiezan a suceder cosas que de alguna manera el estar atadas a Europa por los Pirineos fueron siempre pospuestas, y la novela continúa a partir de ahí.

Hoy pensaba un poco en eso – pensaba en mil cosas más al ver las noticias de la brutalidad de la policía de España en Cataluña – pero sobre todo pensaba cómo España en realidad no cambia en su rigidez, en su quietud, en su legalismo.

Un reino armado hace poco más de cinco siglos por una familia de locos que expulsó a sus judíos (y con ellos a buena parte de su intelectualidad de entonces, y a sus médicos y a sus financieros), que se encegueció con su victoria contra los “moros” (y aunque mucho de lo más valioso de España es su herencia árabe – que agradecemos diariamente los herederos de los herederos de… – sigue de alguna manera sin asumirse de manera real como hija parcial del mundo árabe) y luego se lanzó a la codicia y el saqueo en esta parte del mundo, y al fundamentalismo religioso para salpimentar todo… un reino donde decidieron básicamente detener el progreso del mundo, negar la revolución capitalista, enceguecerse con hidalguías y abolengos, y negar el paso del tiempo.

Hoy tuvo lugar el corte de amarras que vio Saramago, pero no por la frontera francesa sino por la frontera entre Cataluña y España.

De alguna manera los actos de España en Cataluña hoy fueron una manera de decir “no queremos entender, no queremos hablar, no nos interesan ustedes de verdad”. Fueron la España del desprecio a Cataluña, la del señorito castellano que se cree que puede entrar a patadas donde sus vasallos sin que haya consecuencias, tal vez porque hasta ahora (casi) nunca las ha habido.

Que fue una jugada maestra de la derecha catalana, dicen algunos. Que es cosa del infantilismo catalán, dicen otros. Que esto, que lo otro – seguramente hay algo de cierto en todos esos análisis. Pero el hecho crudo y duro es que quedó muy legitimado el clamor de independencia de Cataluña, y España quedó como el bobo (feroz) del juego – recordando otros momentos del bobo feroz que expulsa a sus judíos (una comunidad de vivacidad intelectual impresionante en la Edad Media), que se enorgullece de ganar a los árabes (para después armar país sobre los despojos), que va luego a saquear América hasta que sus propios vástagos terminan expulsándolos.

Hace 217 años en Santafé de Bogotá ocurrió lo siguiente: había fermento independentista entre algunos criollos (hijos o nietos de españoles que en la ceguera peninsular eran tratados como de segunda o tercera), unos cuantos leían lo que venía de Francia (ilegalmente, obviamente – en España muchas cosas han sido ilegales, incluyendo el referendo de hoy), unos cuantos de ellos habían estudiado matemática (o astronomía o botánica) con el profesor Mutis y traían ya la semilla de la independencia. La mayoría eran jóvenes acomodados que normalmente habrían hecho lo de todos los jóvenes acomodados – dedicarse a aprender algún oficio, obtener algún cargo, dedicarse a robar aquí o allá algunos, otros a construir con cierta honestidad. Pero no hicieron eso. Se lanzaron a su propia campaña de independencia y después de unos cuantos años la lograron.

Era una cosa de la clase de criollos locales, obviamente. Usaron de manera mercenaria y aprovechada a los indios y negros locales, a los mestizos y a los mulatos. Algunos de ellos fueron brutales. Otros fueron sobre todo sagaces.

Pero hoy veo claro que la ceguera de la respuesta española en 1810 y años siguientes, la brutalidad con que llegaron a apabullar en América el independentismo, terminó legitimando ante ojos de muchos la campaña. Lo que era una idea de corrillos de pequeños intelectuales granadinos  –  y hubiera podido quedarse como una idea un poco extraña de gente que leía en francés, que estudiaba mecánica planetaria así fuera ilegal, que hablaba con Humboldt pero tal vez no con los llaneros ni los labriegos del altiplano – se convirtió en un clamor muy global y muy justificado.

El primer rey de España que vino a América en visita oficial fue Don Juan Carlos… en 1976. Leía ayer que los políticos madrileños nunca fueron a hacer campaña en Cataluña en los años anteriores a este 2017.

(Contraste fuerte con la corte portuguesa que se estableció en Rio de Janeiro y al menos se dignaba ir a ver cómo era su colonia Brasil.)

Y no, no hay vuelta atrás para nosotros. Salvo unos pocos políticos ultraconservadores que sueñan con esa España de horror, nadie en América quiere volver a ser parte de España. Puede que hayamos tenido mil tribulaciones, mil dificultades, pero la independencia de España es algo muy importante ganado – aunque pocas veces como hoy se vea tan claro esto.


La balsa de piedra parece que ya zarpó. La Policía Nacional de España se encargó de cortar las amarras con Cataluña y con cierta Europa. Lo que vimos hoy fue un renunciar por parte de España a algo. Parecía que esos policías estuvieran representando un teatro en que más que salirse Cataluña de España lo que está pasando es que España se estaba saliendo de algo que (aún) podríamos llamar “Europa”.


Ahora es difícil saber dónde va a parar España. Si encallará en el Mar de los Sargazos de su modorra, si recogerá ágilmente su rumbo y se volverá a unir — difícilmente — con Europa (vía Cataluña).

Catalunya … avui comença un nou viatjar, ja una mica independent. Espanya va decidir trencar les amarres i salpar com si fos una bassa. És un moment molt difícil i perillós, i probablement hi haurà moltes dificultats. Però crec que cal seguir endavant.

notas para una conversación

Hace dos años, en agosto de 2015, la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales organizó un Festschrift en honor a mi padre, José Luis Villaveces. El gestor de ese homenaje fue el profesor Luis Carlos Arboleda, de la Universidad del Valle.

Durante el evento hubo varias charlas sobre muchos temas que tuvieron que ver con la trayectoria de mi padre. Luis Carlos me pidió que hablara en el evento – algo en realidad muy difícil pues quería evitar el tono demasiado familiar, quería decir algo concreto para él, y a la vez hacerlo desde el punto de vista de alguien cercano. Difícil balance. Decidí (después de considerar muchas posibilidades) escribir sobre un diálogo (¿posible? ¿imposible? ¿iniciado ya?) entre su disciplina y la mía, entre la química teórica y la teoría de modelos. Y (en un apéndice del artículo) agregar una referencia a ciertas conversaciones ya muy antiguas, de mediados de la década de 1980, cuando yo estaba terminando mi etapa de colegio y luego estudiando matemáticas, pero aún vivía en casa con mis padres – decidí evocar esas conversaciones dado que ahí está el embrión de muchos de los temas que evolucionarían hacia los temas del artículo.

 

El tema no es fácil. Hay antecedentes interesantes en la teoría de modelos de la física cuántica, un tema en pleno desarrollo en el que he podido trabajar un poco, pero hay preguntas primordiales en química teórica que tienen un sabor claramente modelo-teórico (en sentido amplio) y no han sido abordadas, estudiadas, en otros lugares hasta ahora.

Este es el artículo mío para el Festschrift: ¿Hacia una teoría de modelos de la química?

El volumen del Festschrift apareció publicado hace un par de semanas:

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corazones cicatrizados

En un vuelo vi la película Corazones cicatrizados de Radu Jude — obviamente, no era parte del “sistema de entretenimiento” del vuelo; la tenía en una tablilla vía Mubi; no es el tipo de película que se pueda llamar “para ver en entorno de trabajo” pero en los vuelos largos puede pasar que el letargo generalizado le permita a uno ver en la modesta tablilla cine muy bueno, con escenas posiblemente fuertes.

Y qué fuertes algunas escenas: en un sanatorio rumano junto al mar, en los años 30, un joven termina internado pues tiene tuberculosis ósea – básicamente, parte de su columna vertebral carcomida por el bacilo – una de las escenas iniciales es tal vez la mejor representación del dolor físico que recuerdo haber visto en cine. En efecto, uno de los síntomas (o consecuencias) de la tuberculosis ósea del joven es la formación de abscesos enormes en la región lumbar.

En esa escena (que creo, vale la pena ver, aunque no es fácil, y no es de sistema de entretenimiento de avión, pero vale la pena por la honestidad, la mirada lúcida no amarillista y sí muy humana del dolor) al joven le amarran las manos al borde de la cama, pues la punción y extracción de pus de un absceso lumbar enorme que tiene se debe hacer inmediatamente y sin anestesia (por lo menos eso dice el médico de mediados de los años 30). El padre está sentado al lado (lo acompañó desde otra ciudad para el inicio de su internamiento en el sanatorio), el joven está con las manos amarradas, solo se ve su cara y parte de su torso y medio borrosas un par de enfermeras y el médico y tal vez otro asistente – y sin miramientos le clavan la aguja sin anestesia en la barriga y succionan el pus. La expresión de dolor brutal, la fuerza que hace pero sin lograr separar las manos de las barras a las que están amarradas, la apertura de la boca, el grito casi sofocado de lo brutal de todo, es algo que merece ser visto alguna vez. Al final el médico le muestra la cantidad enorme de pus que salió, el muchacho se empieza a recuperar, el médico felicita al joven por su valentía y el padre le dice “casi me desmayo cuando te vi gritar así del dolor”.

Y sí – viendo eso en el avión sentí muy profundamente lo justas que eran esas palabras del padre.

Así arranca todo, pasan muchas cosas – algunas conversaciones entre los jóvenes pacientes, tarde o temprano los temas gravitan hacia la muerte, hacia el sentido de la vida, hacia lo que estarían estudiando en la universidad si no estuvieran en el sanatorio, hacia la posición rumana frente a Hitler – hay en el sanatorio tanto jóvenes fascistas como jóvenes antifascistas. El protagonista principal es judío, y es ya consciente del peligro de Hitler; otros parecen ver a Hitler como un payaso, lo imitan – algo desafortunadamente muy similar a cosas de hoy.

No daño a quien la quiera buscar el placer de ver ese cine. Hay también una historia de amor, y escenas de sexo supremamente bien jaladas en ese sanatorio, entre los enfermos y los convalecientes. Hay también muchísima carga hormonal en ese lugar lleno de jóvenes hombres y mujeres de dieciocho, veinte, veinticinco años. A veces el sexo parece cobrar una importancia vital, un aferrarse a algo de la vida, ligeramente trágico pero también profundamente importante (y a veces ridículo, como siempre).

Es eso: conversaciones, relaciones, algunas peleas por un bully, muerte de algunos, curación de otros.

Y el mar. Y la libertad de escaparse. Y la rigidez de un yeso en la columna vertebral. Y las condiciones un poco chapuceras de la Europa de antes de la guerra. Aunque en ese sanatorio seguramente iba gente más o menos acomodada y se ve que tenía médicos buenos para su época, a la vez da una sensación que hoy en día correspondería a un hospital de tierra caliente en Colombia. Hay un manejo de jeringas, de aparatos que hoy en día parecería inadmisible pero que seguramente era el estándar en Europa hace ochenta años.


noche – parque

Los parques en la noche pueden ser lugares de ensueño, de frontera entre el mundo racional normal y otros mundos que uno apenas atisba. Son lugares posiblemente inseguros (incluso en ciudades muy seguras) pero a la vez son lugares donde de alguna manera puede uno quedar “por fuera de la grilla” durante un rato breve. No hay carros, no hay que estar pendiente de semáforos peatonales, no hay recorrido obvio. Hay cierta libertad (seguramente usada por algunos para encuentros que no podrían darse a la luz del día, en lugares transitados). Pero sobre todo, hay árboles, prados, a veces animales (chacales en el Parque del Valle de la Cruz en Jerusalén, ululando no muy lejos de donde camina uno, o jabalíes en algunos parques de lugares del Mediterráneo), poca gente – y la posibilidad de imaginar el lugar anterior a la ciudad, de escapar de lo urbano.

El viernes por la noche pasado llegué tarde a Madrid, y tenía conexión de vuelo a Bogotá a mediodía el sábado – muy pocas horas en Madrid para hacer gran cosa. Buscar comida buena (algo fácil allá, y realmente muy barato comparado con Jerusalén e incluso con Bogotá) y caminar. Pero la ciudad se veía un poco monótona (sobre todo llegando de Jerusalén), un poco demasiado urbana estándar. Caminando de noche por las calles de Madrid la sensación (fuera del calor absurdo) era la de estar caminando por un lugar muy genérico, muy normal. Seguramente tiene magia pero no de manera tan apresurada. Decidí bajar hacia el Parque del Retiro – eran las 11:30 de la noche.

Al principio, la reja inmensa y nada adentro. Pensé que estaría cerrado – yo en esa vía desalmada que es la Calle de Alcalá, típica de una ciudad muy carrocentrista (Madrid de verdad optimiza demasiado todo para los carros y no lo suficiente para los peatones – los carros van raudos por avenidas inmensas con andenes muy estrechos) y el parque, misterioso, tras la reja.

Pero un par de cuadras adelante vi que estaba abierto el parque. Entré al lugar de ensueño, de maravilla, de felicidad, de misterio que es un gran parque urbano a esa hora.

Me dediqué a tratar de captar con la cámara esa atmósfera de gran felicidad y tranquilidad (y misterio).

El epílogo fue ligeramente traumático: cuando fui a salir, tal vez hacia las 12:30, habían cerrado la puerta. Me puse a andar y me encontré con un grupo de franceses y otro de argentinos que también buscaban la salida. Pasaron unos ciclistas españoles también buscando la puerta. Que si por Atocha, que si por la Puerta de Alcalá, que todo cerrado. Nos tocó pasar la reja (puntuda – qué susto) entre varios, ayudándonos a no resbalar. Nunca apareció ni un guarda, ni un policía, ni nada. Tampoco parece haber información de ninguna clase. España no es un país bien señalizado.

 

dependencia no elemental / tablero

En matemática presentar material siempre es un delicadísimo balance entre temas, teoremas, ejemplos, motivaciones, público, quién sabe más de lo que uno sabe sobre el tema que está hablando, quién podría interesarse por el tema si uno lo sabe presentar bien, qué detalles ocultar para no espantar, pero qué detalles dar para no quitar la carne, qué gente que uno no conoce – estudiantes, postdocs, gente joven – de pronto capta la intuición de manera más natural que gente con más experiencia, así sepan mucho menos que los más veteranos, en qué momento decir algo medio paradójico – o si uno es de ese estilo, algo medio pelietas o…

En todo caso, ayer hablé para el Seminario de Lógica de Jerusalén. Mi charla se llamó Non-Elementary Dependence. Alcancé a decir en dos horas por ahí un tercio de lo que había preparado. Las interrupciones, las preguntas que vuelven (está uno en medio de otra definición ya y de pronto “wait a minute! if you omit the type of… in the p-adics then… you cannot have a saturated model that… but if instead…” y mientras uno está reconectándose con lo que estaba discutiendo diez minutos atrás (y haciendo cara de “quiero terminar mi definición”) alguien más interrumpe y alguien más y uno mismo entra en la discusión… y luego continúa uno y la cosa sigue y sigue…

Curiosamente aunque uno siente que interrumpen mucho, termina diciendo cosas más a fondo, termina yendo al corazón de los temas mejor que en seminarios más formales.

Obviamente, todo es en tablero – no les gusta que la gente use beamer en esas charlas.

Es una experiencia increíblemente formativa y seria. Siempre siento que quedo exprimido pero que entiendo mi propia charla, mis propios nuevos teoremas (o conjeturas) mucho mejor que antes de darla. No conozco ningún otro seminario del mundo con esa intensidad. Agradezco enormemente la existencia de un seminario así, y la oportunidad (una vez más) de hablar para ellos.

Finalmente hice dos cosas: enfocar un aspecto de teorías dependientes clásicas – debido a Laskowski y Shelah – sobre Karp-equivalencia cuando no hay dependencia. Técnicamente eso me llevó al problema de extraer indiscernibles y montar sobre ellos modelos generalizados de Ehrenfeucht-Mostowski (sobre grafos ordenados) y obtener fallas de dependencia en muchos cardinales. Eso usa relaciones de partición que han sido probadas consistentes (o en trabajo de Kaplan, Lavi y Shelah usa cardinales fuertemente compactos). Luego salté a dependencia asociada a la conjetura de pares genéricos en clases elementales abstractas y a la comparación con nociones de dependencia más cercanas a codificación de grafos arbitrarios – y alcancé a dar una leve aplicación. En realidad un montón, si pienso en que hubo interrupciones con carácter de densidad muy alto.

viernes

Aquí el viernes es la fecha singular, pero no como en “occidente” donde el viernes es simplemente singularidad por inicio de fin de semana, rumba, etc. – sino porque el viernes es cuando puede pasar – y ojalá no pase – algo en la Ciudad Vieja.

El viernes pasado había miles (no sé cuántos – ¿sesenta mil? ¿setenta mil?) personas orando al frente de la Ciudad Vieja, sobre sus tapetes, miles y miles de personas que no entraron a las mezquitas sino que decidieron hacer resistencia pasiva a los detectores de metal instalados por Israel a la entrada. La resistencia era aparentemente sobre todo a la ruptura de un status quo donde la mezquita es controlada a la vez por Israel, la Autoridad religiosa Palestina y Jordania [el país cuya frontera hasta 1967 con Israel dividía la universidad en los dos campus – entre 1948 y 1967 lo que es hoy el campus de humanidades quedó del lado jordano de la frontera y la universidad se tuvo que mudar a varios edificios de este lado].

Hoy el muftí de Jerusalén (la máxima autoridad musulmana) decidió levantar el veto a usar las mezquitas, de modo que se supone que mañana viernes la oración será de nuevo ahí. Pero hay que esperar a que sea viernes. Todo esto vino después de una escaramuza muy tensionante y sobre todo potencialmente peligrosa.

Amanecerá y veremos.

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El sitio de la tensión; tomé esta diapositiva en junio de 2000.