Llegada al parque. Hay que atravesar un laberinto kennediano (no muy grande – tal vez un kilómetro): tarea siempre interesante y sorprendente. De euclidiana no tiene nada Bogotá por allá, pero alguien con despacho en la muy cartesiana octava con quince decidió que la geometría sería uniforme. Eso implica una superposición de cartas rarísimas: carreras que van de este a oeste, calles diagonales que son a la vez carreras, uso indiscriminado de relleno (bis, A, B, …, hasta Z). Fascinante la llegada – Google y el olfato nos ayudaron.

Los edificios de la zona del parque me recordaron mucho a Eagle Heights, los apartamentos para estudiantes de doctorado de la Universidad de Wisconsin en Madison.