La vie mode d’emploi

(en Chapinero, en la 66 abajo de la 15, hay un sitio fascinante que si Perec hubiera visto seguramente lo habría inspirado para alguna obra: un lugar donde hay cinco pisos de pequeñas piezas sueltas, piezas descontinuadas – tubos, empates, grifos, llaves, mangueras, picaportes, chapas, lavamanos, inodoros, bañeras, cabezas de ducha, manijas de puerta, etc. etc. (si pongo etc. es por simple ignorancia de los nombres de muchas cosas en mi propio idioma) – todo recolectado de obras demolidas, de casas abandonadas, nada nuevo — en esos cinco pisos alucinantes [la tienda se llama Páramo, muy apropiadamente – es probablemente negocio de algún familiar lejano de nuestros queridos Páramos intelectuales] uno puede ver memoria de cantidad de sitios y cosas – lo mejor es que todo está perfectamente clasificado y ordenado – ojalá mi propia biblioteca y mi memoria tuvieran ese orden)

Bajos de Chapinero

Talabarterías, talleres, mercado, almacenes de “sólo maíz”, motos, carritos que antes tenían caballos y ahora son halados directamente por sus dueños, droguerías, tiendas de repuestos de muebles de baño en que se consigue desde lo último de Corona hasta modelos viejos desaparecidos, niños saliendo del colegio, buses, sol, cables y más cables, tiendas de repuestos de automóviles, bicicletas, motos, gente parada esperando quién sabe qué. Chapinero, abajo de la Avenida Caracas.

as seen from a bicycle

Caracas Ave
On a bicycle, from the Parkway to Chapinero. Here, the corner of 53rd Street and 9th Ave.

Well, Bogotá is many different things to many different people. I for one find it unpleasant to drive (except at night on Circunvalar, or early morning on Sunday). However, riding a bicycle through some of the side streets is amusing and nice.

Here, if you want to ride along, roughly from the Parkway to Chapinero. In the video, the ride takes just under two and a half minutes. In real life, the ride is perhaps done in about 20 minutes.

The only parts with many cars in the ride are when crossing three avenues: Caracas, 13th and 7th. Otherwise, little traffic and side streets.

Enjoy the ride, with the sounds of Monsieur Periné (Huracán).

Mi compra de ayer (barata – 30 mil pesos) me dejó muy contento: una bomba para reinflar la bicicleta. La última vez que había comprado una fue tal vez hacia 1981 – eran grandes y feas las bombas de inflar llantas de bicicleta en esa época. En Madison tenía alguna bomba vieja modelo 1950 que habrá recirculado entre estudiantes de lógica desde tiempos de Rosser o algo así. Por alguna razón nunca me había vuelto a preocupar por el tema, pero ahora, yendo en bicicleta dos o tres veces por semana, y con una cicla no muy sofisticada cuyas llantas se van desinflando, había tenido que ir muchas veces a re-inflar (lo hacen gratis en estas bicicleterías de Chapinero, pero gratis muchas veces no es tan chévere) llantas. Decidí comprar una bomba. Esperaba ver algo parecido al modelo 1980 que recordaba y me encontré con unas bellezas. Esta (una de las más baratas) tiene manómetro, pistones alta presión y alto volumen, y válvulas tipo carro y tipo bicicleta. Pesa 120 gramos. La puedo llevar en el morral y olvidarme de su existencia (hasta que la necesite). Si este modelo (baratísimo, muy portátil) es así, ya se puede uno imaginar los modelos caros (había unas bombas que costaban diez veces más en la tienda – de titanio, ultraligeras para corredores, otras mejores para todoterrenos, etc.).

Quedé aterrado al sentir el paso fuerte de 30 años en el diseño de un objeto tan simple como una bomba de inflar llantas.

A veces, más o menos porque sí, en un día normal cualquiera, a María Clara le da por cocinar cosas de éstas (ésto es sólo una muestra – a veces son cosas distintas – éstas simple y llanamente estaban ahí en un día en que tenía la cámara a mano). No se demora mucho – es efectiva cocinando. En esos días, no mira recetas, simplemente exorciza algo a través de media hora (o algo así) de cocinada rápida y certera.

No siempre es así. A veces cocinamos largamente, con calma, mirando y ensayando y haciendo variaciones sobre recetas, los dos.

En días entre semana en que no hay tiempo para nada y María Clara decide sacar almuerzo rápido, es mejor no intervenir demasiado.

La subida a la montaña con los lógicos matemáticos (conjuntistas y modelistas – David, Miguel Ángel, John, Álex, yo), con María Clara y Luna el sábado fue espléndida. Se perdieron justamente los tres no bogotanos (David, de Barcelona – Miguel Ángel, del DF, John, de Berkeley) pero luego aparecieron en el apartamento por otro camino. Estuvimos a punto de pedir gallina criolla de almuerzo, pero Miguel Ángel la vetó. Terminamos pidiendo pizza de Oliveto y yendo a tomar canelazo en el centro – con final bueno en Minimal.

Es bien difícil habitar un espacio. Aún hay muchas cosas de este, nuestro apartamento ahora, que no entendemos, que poco a poco se van acomodando. Las reuniones con gente ayudan enormemente – la gente dice o desdice. A muchos se les ocurren cosas que ayudan a acomodar las cosas. Hace ya cuatro meses completos estamos aquí. Aún siento que acabamos de llegar.

Muchas veces me pregunto cómo toma Apolo todo eso. El día del trasteo, el pobre estaba angustiadísimo en el apartamento de antes, al ver que se desarmaba todo, se metía todo entre cajas, llegaba gente extraña a ayudar a limpiar, a desarmar todo. En un par de días perdió todas las referencias (su esquina, sus movimientos a sitios preferidos o semi-prohibidos). Con el último viaje nos fuimos en un camión (contratado en el mercado de la Perseverancia) y pusimos a Apolo atrás. A través de las tablas veía el tráfico de la Séptima a las 5 de la tarde – es difícil saber qué imaginó.

El viaje no duró nada – máximo veinte minutos. Pero el trasteo ha durado meses en realidad. No sé qué tan acomodado estará ya Apolo.

No es fácil poblar un espacio.

vêpres de Jeudi Saint dans les Espagnes

Hoy el aire en Bogotá estaba distinto. Era día laboral “normal” pero había poca gente (es extraño pensar que a pesar de tener las carreteras cerradas, a pesar de estar la mitad del país literalmente bajo metros de agua, la gente se las apañó para salir de la ciudad). Chapinero estaba medio vacía – la Quinta que en un miércoles normal por la tarde tiene tanto tráfico estaba suave.

Como un domingo pero más agradable que un domingo.

Como mi gripa no cede (retornó bajo otro formato en estas lluvias), decidí ir al Baño Turco a pasar un par de horas tranquilamente (ese es otro post que algún día de pronto escribiré: lo difícil que es conseguir baños turcos en Bogotá donde uno pueda estar tranquilo). Hay uno muy bueno en la 66 con 11 (se llama, ostentosamente, Club Familiar El Paraíso). El sauna estaba a buena temperatura, los baños turcos también.

Recorrer Chapinero (esa parte tradicionalísima – bajar por el parque del CAI de la 64, pasar frente al club militar, luego desembocar en la Séptima a la altura de Boditech Gym, seguir por la 64 después de pasar la Séptima medio desocupada, cruzar por esas calles agradables, la 65, la Novena, la Décima – que me hacen pensar en la Colonia Del Valle (por División del Norte) en Ciudad de México, o en trozos de Barcelona cercanos a la Sagrada Familia, hasta desembocar en la 11) a pie tenía algo increíble hoy.

El ser víspera de Jueves Santo (y no un vulgar Jueves o Viernes Santo – iguales a cualquier domingo en términos prácticos) le daba al aire algo misterioso. No festivo, claro que no. Tampoco dolido – menos mal. Simplemente tranquilo – como si Bogotá por un día al año pudiera vivir no ser como Bogotá, sino como algún barrio de Helsinki.

Al regresar, estaban Apolo y María Clara paseando por la 64, cerca al apartamento. Apolo me recibió corriendo como un loco una cuadra, hasta la Carrera Quinta. Los de Amor Perfecto estaban trabajando hasta las 7, como cualquier miércoles.

Definitivamente, nada como estas vísperas de jueves santo en las Españas – antes de la tragedia del jueves, cuando la gente no está por ahí.

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Me acompañó la Pasión según Mateo, de Bach, en la versión de Herreweghe, durante varias partes del día.