notas de enero

  • Múnich, solo una noche y una mañana, fue revivir la abrumadora literalidad germánica, que siempre nos parece a MC y a mí tan pesada, tan difícil de lidiar. Una cultura directa, literal (una amiga nos decía que no entendía por qué los latinos insultamos a la madre, que qué tiene que ver la madre con lo que hace la gente, etc.). Ligeramente asfixiante.
  • Roma cuatro noches – volver a ver miles de sitios anclados en historias familiares remotas algunas cercanas otras. Lo mejor fue (tal vez) descubrir que tanto del plano de la ciudad barroca es el mismo de la ciudad romana (el caso de la Piazza Navona que era un lugar de carreras de caballos es tal vez lo más visible de eso). Y ciertos platos. Y barrios que no conocíamos. Y (en mi caso) salir a correr por el Gianicolo al amanecer.
  • Nápoles sí que fue el gran descubrimiento para nosotros. Es una ciudad infinita, literalmente. En una semana apenas logramos rasguñar la primera capa, y nos sentimos felizmente sumergidos en otro tiempo, en otros paisajes. La ciudad es hermosísima, tal vez la más hermosa del país más hermoso de Europa. También es sucísima, supremamente disfuncional, repleta de desigualdades que la hacen sentir como una ciudad del Caribe colombiano o del Nordeste brasileño, repleta de grafitis a más no poder – una de esas ciudades que como El Cairo o tal vez Calcutta hacen pensar en Bogotá como si fuera el epítome del orden. Pero en Nápoles uno está a la vez en Roma tardía, en Grecia helenística, en el Mediterráneo barroco y en la ciudad contaminada y terrible del siglo XXI. Esa simultaneidad, y la cantidad de maravillas que se esconden tras las capas y capas de basura, la hacen el lugar más impresionante que he visto recientemente. Una parte de nosotros quedó allá; incluso nos dieron ganas de ir y pasar todo un semestre. Nápoles lo induce a uno a soñar mucho, y salir de ahí se siente como salir de un mar profundo de maravillas, de monstruos y tesoros submarinos.
  • Viena, a mera hora y media en avión de Nápoles, es como volver a “Europa” (en el sentido que la gente a veces usa), a la Europa del buen transporte público, de todo ordenado y pulcro… y todo a la vez ligeramente asustador. La Europa como nerviosa de que algún día un tren se descarrile y se vaya todo, absolutamente todo, al traste como ya les pasó – la Europa de los taxistas que sólo hablan alemán y ni una palabra de inglés y regañan porque uno les dicen “links bitte” (cruce a la izquierda por favor) y le explican largamente en alemán que ellos no pueden cruzar por ahí a la izquierda, que hay Polizei, que ellos hacen su trabajo und wir wohnen hier und wir wissen… y ni siquiera entienden que uno no les está entendiendo lo que dicen, ni siquiera pueden imaginar que alguien no hable alemán… la Europa que Fassbinder retrata tan precisamente. Europa Europa: museos muy buenos (pero caros), wifi impecable, café mediocre a 3€ (después del excelente café a 1€ de Nápoles), maravillosos tranvías y metros, pero gente potencialmente muy agresiva (aunque muy controlada por ahora). Un concierto interesantísimo, maravilloso, en el Arnold Schönberg Center… pero éramos cinco gatos (bueno, cien pelagatos)… en una ciudad que sí llena salas muy grandes con programas kitsch de valses de Strauss… Alles gut, alles klar, alles interessant…
  • Una noticia fuerte de enero es la acusación a nuestra colega turca Ayşe Berkman. Su defensa ante la corte que la acusa es un ejemplo MUY fuerte para los lógicos, para los matemáticos y para los académicos en general. Ayer 14 de enero se celebraba el “Día Internacional de la Lógica” (una iniciativa nueva). En Bogotá hubo una sencilla cerveza lógica en un pub de La Macarena. Les envié una carta abierta que enlazo aquí.
  • Una noticia brutal de enero es el asesinato ayer del alcalde de Gdańsk, Paweł Adamowicz. Era un hombre progresista, comprometido en la Polonia actual con los derechos de la comunidad LGBT y con los migrantes. Fue asesinado por algún fascista de la ultraderecha polaca. Es una señal espantosa de lo que está pasando en Polonia, en buena parte de Europa y en muchos países del mundo. Mencionaban algunos polacos la resonancia con el asesinato de Gabriel Narutowicz en 1922, el primer presidente de la Polonia independiente del siglo XX, a tan solo cinco días de haber asumido el cargo.
  • Dan ganas de regresar a los paisajes y mosaicos y esculturas de la Antigüedad. Por lo menos a la percepción de otro tiempo, de otro lugar. Tengo muchas fotos, muchas. Vendrán después. Y videos topoísticos. Y…

Caminar sobre Fragmentos

El verbo original es frangere, romper, partir. La obra de Doris Salcedo se llama fragmentos, una de las palabras derivadas de frangere. Partir, quebrar. Otros derivados en nuestra lengua de frangere incluyen palabras como infringir (quebrar un contrato, una ley), naufragio (el quebrarse la nao), frágil, fractal, fracción. Derivados menos obvios como sufragio o refrán. Primos lejanos (pues la raíz original original indoeuropea es bhreg, de donde vienen los brekan, break de la rama germánica o el fregi, pasado de frangere en latín).

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El espacio hace ahora parte del Museo Nacional, y durante 52 años será lugar para intervenciones/obras que tengan que ver con el conflicto con las FARC, con esos 52 años. El suelo del espacio son los fragmentos de las antiguas armas de las FARC, y en las paredes (por ahora vacías) habrá proyecciones de video, cuadros, etc.; dos veces al año será cambiada la instalación. La próxima, dentro de seis meses, estará a cargo de Clemencia Echeverri y de Felipe Arturo.

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La obra de Salcedo es muy fuertemente catártica. Uno no sabe exactamente qué esperar. Pero al caminar sobre los fragmentos (cuadrados puestos pero no soldados) y sentir que se mueven levemente esos cuadrados, que siguen siendo fragmentos ligeramente sueltos, queda la sensación muy poderosa de poder caminar sobre las armas. Poder sobreponerse, en sentido físico y muy literal. Sobre/Ponerse.

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Los cuadrados siguen moldes que fueron martillados por mujeres víctimas de violaciones durante el conflicto. Martillar también debió ser una catarsis muy fuerte para las mujeres. Quedan huellas, heridas, cicatrices, en esas placas (hay 30 moldes distintos, 1800 placas en total). A medida que uno va absorbiendo el lugar, caminando, empieza a descubrir más y más relieves sutiles, más y más heridas. Por momentos la superficie de las placas evoca planchas geográficas del relieve colombiano (aunque aplanado). Eso es: armas del relieve colombiano, afortunadamente aplanadas pero con los contornos de las heridas que martillaron las mujeres.

Hablé con dos policías que se estaban tomando fotos el uno al otro en ese espacio. Les pregunté qué sentían, qué pensaban del lugar. Me dijeron que les impactaba muchísimo. Que ellos habían hecho parte de los diálogos desde el principio, que la cosa había sido muy difícil. Pero que toca apoyar este proceso, como sea. No les tomé fotos.

La experiencia de caminar y volver a caminar sobre esas placas es a la vez opresora y muy liberadora. No me queda fácil expresar por qué. Era feliz yo al caminar y saber que las armas que mataron o amenazaron o amedrentaron a tanta gente estaban ahí, literalmente bajo mis pies. Que podía si quería pisotearlas con rabia. Que podía calmarme caminando ahí. A la vez es liberador y opresor ver las heridas tan sutilmente marcadas.

Al principio vi mucho menos el relieve. En un momento dado se me tornó más y más fuerte el relieve sutil, más y más vertiginoso.

Fragmentos – fragilidad – infracción – refrán – sufragio – naufragio – brekan – break. Todas esas palabras tienen significados ahí también, si uno quiere verlo así. Todas son fragmentos de la misma palabra original.

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Vasos comunicantes: ROMA.

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Sergio Pitol al describir lo esencial de la novela rusa del siglo XIX usó la palabra polifonía. Aunque mucho se ha escrito acerca de las novelas de Tolstói, de Dostoyevski, de Gógol, el uso del concepto polifonía por Pitol me sorprendió, al pensar en lo específico de las novelas rusas. Pitol pasa entonces a describir las multiplísimas voces que se escuchan en esas novelas. Voces de la acción principal, claro, pero también una cantidad de voces al fondo, comentando, contradiciendo, repasando el momento histórico, hablando del siguiente baile en la corte. Voces. Superpuestas. Pitol lo achaca a la estructura de esos palacios o apartamentos, habitados por muchos familiares y siervos, con divisiones delgadas entre cuartos; apartamentos donde las peleas y eructos del vecino se escuchaban siempre, donde siempre se escuchaban los gemidos de placer cuando hacían el amor en los cuartos de al lado o las escenas conyugales, los nacimientos y las llantos por muertes, la vida entera.

Tal vez la primera impresión al ver ROMA, la de Cuarón, es análoga. Ha sido descrita por Magola Delgado como muchas películas en una. No solamente muchas historias superpuestas, sino realmente muchas películas puestas juntas en una sola, como si la transparencia increíble del blanco y negro, la ausencia de opacidad lograda mediante la ausencia de color lograra la primera magia: comunicar las “superficies” de las muchas películas en una sola, mediante vasos comunicantes / pasajes / singularidades / transparencias.

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El rol de las ventanas en la película hasta ahora no lo he visto en comentario escrito. María Clara, que siempre es sensible a esos temas, me lo hizo notar desde la primera vez que la vimos. Las ventanas, la mirada a través de las ventanas, es casi un personaje de la película. También las múltiples simetrías formales (como las manijas en la foto, o la presencia del avión reflejado al inicio y visto directamente al cierre de la película).

Constantemente estamos pasando de un paraje de la memoria a otro, como en una realidad medio soñada, medio irreal pero vuelta mucho más real por esa posibilidad de vasos comunicantes entre distintos tiempos. La metáfora del güerito, el niño menor, constantemente hablando de vida adulta en pasado, es la metáfora de la película ahí también.

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Hay muchos momentos de “cápsula del tiempo” en la película – un poco como en la otra película del espacio que van en familia a ver. En un carro van, con el chofer de la familia, atravesando una manifestación de estudiantes, histórica, antes de tornarse violenta ésta. El carro anda despacio, y la transparencia de nuevo se abre para evocar las durísimas manifestaciones de los años 70 en América Latina (en la de Corpus Christi en 1971 en México mataron a más de 100 manifestantes), pasan al lado de policías preparados para pegar duro, y luego llegan a una tienda de muebles a… comprar una cuna.

La cotidianidad, la familiaridad de esa tienda (que podría ser en la Calle 26 de Bogotá de los años 70) y la calle afuera al tiempo me trajeron memorias muy fuertes de mi propia infancia (yo tenía dos/tres años en la época de esos eventos) en un lugar cercano a la Universidad Nacional en Bogotá. Desde el apartamento, tercer piso, se podía ver a la policía de Colombia persiguiendo a los estudiantes en desbandada por una carrera paralela a la 30. Más de una vez algunos estudiantes se refugiaron en casa de mis padres.

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En la película la situación llega a ser más trágica – afortunadamente en lo que tuve que presenciar en esos años no llegué a ver disparos, pero sí vi policías armados golpeando a los estudiantes, claro que sí – y supe del miedo de mi madre al saber que a Química (donde estábamos) se podían entrar en cualquier momento los policías.

Sí – polifonía era para Pitol la palabra para la novela rusa. Aquí sería algo así como poliiconia, como muchas imágenes al tiempo, superpuestas pero no de manera física sino comunicadas mediante transparencias, como un haz de espigas desplegándose.

Una de esas muchas películas, una muy importante, es la de Cleo. La historia de Cleo, la primera película que la gente ve en ROMA (y que a algunas señoras emperifolladas torpes de entendimiento en el cine bogotano causó rabia – salieron diciendo “qué horror una película en honor a la empleada de la casa”), la que molesta a algunos por “condescendiente” y fascina a otros. A mí la historia me pareció contada de manera directa y llana, y espléndidamente actuada. Los reseñistas gringos se ponen bravos porque Cleo “no habla” (lo cual no es cierto; habla mucho, pero con su amiga Adela en mixteco) y no está “empoderada” (pero habría sido falso el recuerdo si hubieran puesto a Cleo como una mujer del siglo XXI).

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Las miradas de Cleo son otro de los vasos comunicantes de la película. El temor ante el futuro, la comunicación con los niños, la mirada de entendimiento tácito con la otra mujer, la madre de la familia, los silencios y los gestos. Todo eso hace parte orgánica del recuerdo de quienes nacimos en América Latina en los años anteriores a 1970, dolorosamente. La película lo pone ante nosotros sin emitir palabras.

Hay escenas misteriosas en la película. Una de esas es, durante un incendio en una finca en Año Nuevo, el gringo disfrazado de monstruo cantando borracho una balada en inglés. Presiento alguna referencia a algo ahí; la borrachera de Nerón mientras Roma se quema, alguna metáfora a Estados Unidos. Misterio (para mí). Otra es en Ciudad Neza (Netzahualcóyotl, la Ciudad Bolívar de Ciudad de México, parte del cinturón de miseria común a todas las grandes urbes de América Latina). Al llegar, lanzan a un hombre como un cohete en un espectáculo de circo de barrio…

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en una imagen poderosísima y cargada de algún significado metafórico. Es la época de las películas de viajes al espacio, de los Apollos visitando la luna, los hombres gringos o rusos perdidos en el espacio. En ese barrio de calles de barro esa imagen del hombre disparado parece algún homenaje al Fellini de Amarcord o de La Strada, traspuesto a Neza y visto (de nuevo) desde la lejanía del recuerdo reconstruido, desde el vaso comunicante, la singularidad de cierta incoherencia.

Mientras tanto, Cleo está buscando a su novio Fermín desaparecido—desaparecido al contarle Cleo que será padre. Fermín el practicante de artes marciales de Ciudad Neza, que salió huyendo de un cine cuando Cleo le contó que “tenían encargo”, que estaban esperando a un hijo.

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Desaparece Fermín (que solo conocíamos por su escena memorable meses antes—desnudo haciendo movimientos de kendo con una vara arrancada de una cortina en un hotel y contando a Cleo su historia: muerta su madre, lo llevan a vivir a Neza y lo salvan las artes marciales de la delincuencia…

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… mientras de nuevo las ventanas del hotel y el espejo nos dan ese doble reflejo del mundo (la fotografía es impresionante ahí – no es solamente la corporeidad de Fermín, el encarnar su ser de manera tan directa, sino el reflejo de todo un universo ahí en esas ventanas)).

Fermín (que todo el mundo parece odiar, pues encarna el machismo más básico – muy agresivo con Cleo cuando esta le cuenta en Neza que están embarazados) en realidad es una víctima doble. Crece en un lugar desgraciado de América Latina y realmente encuentra en la práctica de las artes marciales, como tantos jóvenes del mundo, una salvación… para ser luego usado por el mismo gobierno mexicano como fuerza de choque contra los estudiantes. Fermín encarna la historia de tantos paramilitares de América Latina, de tantos guerrilleros o militares que encuentran un respeto a sí mismos en la práctica de artes marciales – pero terminan siendo convertidos en máquinas de muerte por el mismo sistema que generó (genera) las Ciudades Neza de América Latina.

La muerte aparece en varios momentos, con fotografía muy anclada en la gran tradición de México, en Juan Rulfo y Tina Modotti. En uno de los momentos centrales de esa película que no tiene momento central único (pues son muchísimas películas comunicadas) aparece esta escena casi aislada del resto, casi sin comunicación con nada…

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… casi sin comunicación con nada pero a la vez con todo. La abuela, Cleo y el chofer salen de la tienda, no ven este primer plano pues están viviendo su propia otra película en paralelo… y México en 1971 está viviendo desangres como este.

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Una historia muy personal (y que no sucedía en todas las familias) es la solidaridad entre dos mujeres, las dos mujeres principales, la señora Sofía y Cleo – ambas abandonadas, aunque de maneras distintas, por sus hombres. Pese a las diferencias de clase inmensas entre las dos, hay un vínculo de cierta empatía entre ambas.

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En muchas familias latinoamericanas la reacción inmediata en esa época habría sido expulsar a Cleo apenas esta cuenta que está embarazada. De hecho, es lo primero que pregunta Cleo—¿no me va a correr? Hay cierta sutileza en la respuesta y un entendimiento de la situación de Cleo; tal vez causada por el saber que su esposo la había abandonado.

Era tan común tanto la primera como la segunda historia—esposos que se “iban a Quebec” a congresos para nunca volver (en mi familia no inmediata sucedió algo similar, y los hijos quedaron con traumas fuertes), empleadas que quedaban preñadas por sus respectivos “Fermines”, que aquí la parte de memoria es realmente directa y tal vez menos mediada por las ventanas y reflejos.

Fernando Zalamea ha escrito inmensas páginas sobre otro tipo de vasos comunicantes en el cine, en Tarkovsky — y en la matemática, en Riemann o en Grothendieck. La película es manifold, es multiplicidad/variedad repleta de pliegues, memorias de otras películas (¿cómo no pensar en Buñuel al ver a los ricos de la finca disparando al vacío, siendo el vacío?…

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… ¿cómo no recordar escenas similares vividas en fincas donde primos ricos en épocas de infancia?), repleta de ramificaciones, de singularidades que intercomunican distintas películas independientes – pero que Cuarón logra mediante sus ventanas, reflejos y ojos—la mirada de Cleo sobre todo, y repleta de escaleras espléndidas (las de la casa y sobre todo las de la hacienda, que conectan el mundo “de arriba”, de los ricos y sus pistolas y su whisky y sus cigarrillos y sus criadas, con el “de abajo”, el del pulque y las historias de los ejidos y la música popular).

Pero sobre todo, ¿cómo no soñar con esta imagen? (Tal vez la más emblemática: ¿las cabezas conectadas, el niño que recuerda y la mujer que quiere estar muerta, los techos de Roma y la ropa como un haz de transparencias – lavada de las miserias humanas que se adivinan, las secreciones, sudores y humores de nuestra condición humana en manchas en calzoncillos y medias y brasieres – y la luz difusa infinita?)

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Larga pausa (hasta aquí)

El porqué de una larga pausa nunca es obvio, y nunca es fácil de explicar. Pero este segundo semestre de 2018, sobre todo desde mediados de octubre, fue todo menos “normal” en la Universidad. Suspendimos clases (no exactamente por voluntad directa nuestra sino porque las dinámicas del Movimiento Estudiantil, de importancia crucial, llevaron a esa suspensión (no uniforme, no igual en todos los cursos).

Mi octubre fue muy peculiar: tres viajes a ciudades distintas de Colombia (Medellín, Bucaramanga, Popayán) a dar charlas para estudiantes. En Medellín fue sobre el rol distinto de la teoría de conjuntos y la teoría homotópica de tipos. En Bucaramanga sobre problemas para la matemática provenientes de la Química y las diferencias y analogías con problemas venidos de la Física reciente. En Popayán fue un minicurso de cuatro horas muy intensas sobre Cuatro Conexiones entre Matemática, Arte y Filosofía.

Más allá de los temas específicos, en esos viajes en octubre vi cómo sucedía en la UN-Medellín, en la UIS, en la Univ. del Cauca el Movimiento Estudiantil. Cómo se sentía de agresivo el ESMAD en Popayán comparado con lo que veía en Bogotá al mismo tiempo. Cómo la UIS se sentía un poco “tranquila”, en calma chicha, comparada con Bogotá. Cómo en Medellín les sorprendía que en Bogotá aún no hubiéramos empezado a principios de octubre.

El 10 de octubre hubo una marcha en todo el país, que registré aquí (desde mi ángulo muy restringido – el video realmente es solo el testimonio de un marchante):

 


 

Luego llegó noviembre con un giro en el Movimiento de la euforia al paro duro, a cierto enfrentamiento (leve, por fortuna) entre colegas. Fue el mes de los bloqueos y el congelamiento y las discusiones duras a muchos niveles. A nivel personal fue muy tensionante ver que la cosa se empantanaba – o que actores desconocidos se estaban tomando el otrora Movimiento.

Por otro lado una parte de mí presentía que era importante pasar lo mejor posible por esa etapa dura. Aunque compartía racionalmente los argumentos de mis colegas que querían evitar ese parto (paro – se me fue la “t” pero la dejo, pues el desliz freudiano de teclado cuadra ahí) a toda costa, algo en mí me decía también que esa etapa dura iba a ser necesaria. Seguí hablando mucho con los estudiantes de Teoría de Conjuntos (la avanzada), mucho menos con los menores. Por diez días me fui del país, al maravilloso Montseny en Cataluña y luego a París a clavarme a trabajar con Jouko y Boban sobre L^1_\kappa (después tal vez escribiré por qué).

En el Montseny celebramos los 60 años de Joan Bagaria, el conjuntista catalán repleto de energía y arrojo e ideas. Fue hermosísimo vivir por unos pocos días entre conjuntistas famosos en un hotel viejo en esas montañas – y sentir que estábamos plenamente en Cataluña y punto (no se mencionó nunca el país vecino al suroeste durante ese congreso, pero sí se enfatizó mucho el rol de Cataluña misma). Fue cuatro días de sueño, de maravilla. Hablé de lógica infinitaria, propiedades de reflexión y L^1_\kappa.

Al retorno de esos diez días que viví tan intensamente (también trabajamos en el MA Collective, que debe salir pronto) me reencontré con el Movimiento.

Con Fernando Zalamea, con María Clara, con muchos otros profesores, desde el puro inicio del Movimiento habíamos hecho clases al aire libre. En el Parque Nacional (Matemáticas, Arte, Derechos Humanos y el Problema de lo Público), en el Jardín Botánico (Dibujo de Plantas y Política – María Clara Cortés), (Árboles y Combinatoria Infinita, en el Parque de la Independencia), etc. etc.

También continuamos el Seminario de Lógica y Geometría (pese al “Paro”), con participación por videoconferencia de Scanlon (eso fue fantástico)… e incluso…

Incluso llegamos a estrenar Köy (La Aldea), la película de Tülay Dikenoğlu hecha en Sirinçe, en Turquía. El estreno fue otro evento increíble.


Pero curiosamente todo eso (y mucho más) fue muy agotador. Energéticamente es más exigente no hacer clase, posponer (pero seguir pendiente, hablar con los estudiantes) que hacer clase. El semestre terminará a mediados de marzo (!!!). Se lograron cosas importantes, afortunadamente. Pero ahora empieza el Movimiento en serio. En una materia ya casi terminamos, en otra nos falta un poco de tema. Pero sigue la tensión.


En medio de tanta cosa simple y llanamente no me quedó tiempo (ni energía) para el blog – que tanta falta me hizo.


Compilé un video con imágenes bastante personales de este año que termina el lunes. Aquí está (creo que solo es interesante verlo para aquellos que cruzaron físicamente su camino con el mío este año; de resto es simplemente una colección de impresiones personales):

 

 


Nota importante: Abdul fue compañía maravillosa durante este semestre. Helo aquí:

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Medellín en el León de Greiff

El miércoles pasado, dentro del contexto de la celebración del cumpleaños 151 de la Universidad Nacional de Colombia, tres medellinenses brillantísimos estuvieron en el Auditorio León de Greiff y compartieron con el público algo de su arte.

Tuvimos el placer de escuchar en tres horas de maravilla a Jesús Abad Colorado, Teresita Gómez y José Luis Correa. En una de las obras los acompañó la clarinetista francesa Iris Zerdoud.

Jesús Abad Colorado trazó un arco narrativo muy poderoso, que incluía desde su propio origen (su abuelo degollado por ser liberal en 1960, su abuela que muere de tristeza poco tiempo después) ligado a la Universidad Nacional (su padre llega a Medellín y la Universidad lo contrata como obrero; Abad Colorado se reclama hijo de la Universidad Nacional y tiene toda la razón, pues el salario de su padre en su infancia, su recuerdo de primeras lecturas en los muros con reclamaciones estudiantiles en la Sede Medellín) para pasar a hacer preguntas durísimas a través de su fotografía.

¿Qué hacer con un país que no entiende cómo construir la paz?

Su conferencia estuvo centrada en los campesinos de muchas regiones de Colombia, los que realmente han sufrido la guerra, la gente de Bojayá o los padres de soldados asesinados – la guerra que finalmente es fratricida (soldados de los tres ejércitos prácticamente hermanos, todos hijos de la misma clase social). En un momento dado puso esta foto de un tablero de una escuela rural que había sido bombardeada (y justo antes aparecían las botas de los soldados muertos en ese ataque).

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Historia de Caín y Abel. Foto: Jesús Abad Colorado

La charla termina con una historia de una mujer desmovilizada de la guerrilla FARC que Abad fotografió, en parte por azar, antes de su entrada a la guerrilla, durante su estadía allá y después de su desmovilización. Es una historia de esperanza y zozobra.

Muchas fotos me impactaron. Esta con los desmovilizados de las FARC yendo en balsas por uno de esos ríos increíbles de Colombia hacia uno de los puntos de concentración durante el proceso de paz me impactó muchísimo:

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El testigo – Jesús Abad Colorado

No sé si fue la composición de esa foto, proyectada inmensa en el León de Greiff, o qué, lo que tanto me impresionó. No sé si fue la incertudimbre de las caras. O los dos perros – el de atrás que parece querer devolverse.


Después de esas fotos, de esa hora intensísima de ver la cara del país, de ese homenaje tan fuerte a la Universidad por parte de Jesús Abad, fueron Teresita Gómez, José Luis Correa e Iris Zerdoud en un programa hermosísimo de Brahms. La Sonata para Clarinete op. 120 en fa menor sonó impresionante ahí en el León de Greiff… y también la versión para cuatro manos de las Danzas Húngaras.

Por razones relacionadas con armar el video de un día en Budapest hace mes y medio me dediqué a escuchar mucha música húngara de fondo (Ligeti, Bartók, Liszt, obviamente pero también las Danzas Húngaras de Brahms, que son la visión de un compositor alemán)… Encontré versiones impresionantes de estas (para orquesta, orquesta y clarinete, piano, piano a cuatro manos, violín, etc.). La interpretación que dieron los pianistas de Medellín Teresita Gómez y su antiguo alumno José Luis Correa me emocionó fuertemente, en parte por haber estado escuchando tantas versiones (tal vez, tal vez, la más rara e interesante es la de Cziffra) y por ver en vivo el panache impresionante con que lograron vadear esas danzas los dos pianistas de Medellín.

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Teresita Gómez, José Luis Correa, Iris Zerdoud (foto en anuncio del Auditorio)

ecos de una semana intensa e inusual

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Ir a marchar el martes pasado era algo casi obvio – las razones eran todas importantes y urgentes, justas y sólidas. Fue muy nutrida la marcha – y tuvo esa mezcla extraña entre la alegría contagiosa de esos jóvenes universitarios, la reivindicación de una causa que consideramos justa y la incertidumbre sobre el futuro de nuestra universidad y nuestro país en esta época. Traté de ir registrando un poco de la vitalidad de ese día, de la caminata de la Plaza Che a la Plaza de Bolívar.

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Ese mismo día tenía por la mañana temprano reunión y clase (hice una parte de la clase antes de salir a la marcha) y luego dos reuniones de trabajo con estudiantes de posgrado y clase de nuevo. Fue un día interesante, largo, con cierto grado de insolación y ligereza de clima de alta montaña, juventud y calle.


Recordé esta excelente bitácora del movimiento estudiantil de 2011 hecha por un grupo de estudiantes de María Clara. Varios de los estudiantes de un curso que dio (¡recién entrada a la UN a dar clases, casi!) eran de la MANE. No sé cómo logró MC que en vez del bobalicón bloqueo lograran convertir la experiencia de su participación en el movimiento en experiencia académica. Pero ahí está la bitácora, siete años después, repleta de fotos, documentos – armada por los estudiantes de ese curso. (Duele agregar que los míos de este semestre en ese sentido han sido mucho más apáticos.)


El jueves Nicolás Martínez presentó su tesis de pregrado en filosofía (de la cual fui director); la segunda parte de la presentación fue un conversatorio entre Fernando Zalamea, Nicolás Martínez y yo. Fue un acto un poco sorprendente (el Tercer Piso de Filosofía abarrotado, de gente de matemáticas, arte, filosofía, lingüística y no sé de dónde más). El nombre de su presentación y conversatorio fue La Imagen al Otro Lado del Espejo – y estuvo basada en la lectura que hizo Nicolás del uso de la imagen por Llull – y el cambio que éste tuvo – entre su Arte Cuaternario y su Arte Ternario.

Fue interesante principalmente por la vitalidad del intercambio de ideas entre gente de disciplinas tan distintas.

reading Magris / thinking about Catalonia

As the book meanders to and fro – Danube, of course, the novel by Claudio Magris that is at the same time an enormous collection of essays and a kind of travelogue along the River Danube – we get treated to extremely insightful and eye-opening essays.

One of these is called Dove sono i nostri castelli – Where are our castles. The title is (as we learn by reading Magris) also the title of a 1968 essay by the Slovak writer Vladimír Mináč. Magris uses castles at some point to describe (paraphrasing Mináč) questi castelli… sono altrove, in un’altra storia, che non è fatta dagli slovacchi. Those castles are somewhere else, in another story (or history), not made by Slovaks.

Slovakia was until quite recently occupied by Hungarians, until the 20th century. The castles that dot the mountainous landscape were almost all of them Hungarian, or Austrian, mentre le mani delle contadine nel villaggio sottostante hanno ancor oggi il colore della terra, sono rinsecchite e nodose… while the hands of the peasant women in the village right below [the castle] have even today the color of earth, are dry and knotty… The passage has a sentence that opened my eyes: “for centuries, Slovaks were an ignored people, the dark substratum and fabric of their country similar to that hay and dry mud that holds together the drevenice” (the traditional Slovak dwellings).

One may well compare this situation (some thirty years ago) with Slovakia today. Slovakia is not only one of the European countries with highest living standards but it was able to get independence – a smooth process – from the Czechs and become a European Union member. The Slovak language, spoken by just a few million people, is an official language of the EU; Slovakia seems to be well-integrated economically with its neighbors. Of course not free from other problems (the greatest of them all in 2018 being, in all the EU but very sharply in the immediate vicinity of Slovakia – Hungary and Poland being the worst – racism, anti-immigration, rising fascism). But at least the Slovak people have become a successful country.

Apparently the worst time was after 1867, when the Dual (Austrian and Hungarian) Monarchy was instated – Hungarians came in control of Slovakia. They were considered (says Magris) “a mere quasi-folkloric group in the middle of the Hungarian nation – the Slovaks saw their identity and their language negated, their schools forbidden and blocked, their demands crushed in a sometimes bloody way, their social ascent dampened, their representation in Parliament boycotted.”

Most of these phrases seem a description of what Catalonia has had to go through, at the hands of Spain. Except perhaps for the social ascent being dampened, all the rest, the boycott of parliamentary representation, the crushing of the language (during Franco times), the blocking of schools, the identity being ridiculed, their demands being crushed in sometimes bloody ways – all of this has happened (and is partially happening) in Catalonia.

In Slovakia, after the Hungarian domination they still had to contend with a different kind of situation: their neighbors the Czechs. Of course the question of “Slavic fraternity” created a dual situation for the emancipation movement. Magris: “some Czechs indeed -who were at the head of Austroslavism- called for the used of Czech as a written language, also in Slovakia, to confer unity and efficiency to the movement, thus relegating the role of Slovak to a dialectal and domestic role, clearly secondary.”

The story unfolded for Slovakia in an interesting way. The Spring of ’68, and the Soviet Union’s crushing of Czechoslovakia in fact became an opening for Slovakia, for an ironic reason. Although Slovakia participated actively in the movement, in the Spring of ’68, the brutality of the Soviet reaction was geared mainly at Prague, at the Czech part of the country. Magris: Mentre Praga è stata decapitata, la restaurazione totalitaria del ’68 ha certo inferito anche in Slovacchia sulle libertà civili e sui diretti individuali, accentuando tuttavia -per calcolo politico e per fiducia nella tradizione panslava e dunque filorussa del paese- il peso politico dell’elemento locale. Così oggi la Slovacchia si trova contemporaneamente sotto un tallone e in una fase di ascesa storica, di risveglio ed espansione del suo ruolo.

(While Prague was beheaded, the totalitarian restoration of ’68 has certainly also in Slovakia affected civil liberties and individual rights, however emphasizing -by political calculation and belief in the pan-Slavic (and thus philo-Russian) tradition of the country- the political weight of the local element. Therefore today [1985] Slovakia is at the same time under a boot heel and in a phase of historical ascent, of awakening and expansion of its role.)

This perception by Magris was fantastic. Only a decade later, Slovakia would be an independent country, the Slovak language a language of the European Union, on a par with every other language there.

Although Catalonia has shared the fate of Slovakia at times – with some differences, of course – this is a defining moment. Tomorrow 11 September 2018, the National Day of Catalonia, will be (I believe) an important moment of this process. The whole past year has been an extremely difficult process – with their government in jail or exiled, with the Spanish media and central power exerting all their might – military, police, judiciary, parliamentary – against Catalonia.

There is no compelling reason to prevent Catalonia from running a referendum on independence – there has never been (except in Spanish legalistic minds who want to continue a narrative that does not hold water at this point).

Many critics of the independence process have pointed out that the movement is led by a reactionary Catalan bourgeoisie, that they only want to grab their riches without having to share it with the rest of Spain. But even if there are (as always in those processes) opportunists, people in the independence camp certainly are much more varied than that. Many of them are quite progressive-minded, quite respectful of the importance of democratic institutions and of the importance of the European construction. I stand with them.

And yes, there is a Barcelona that has been open to immigrants, along centuries, and that nowadays is more wary of tourists (who in many cases destroy the economy) than of immigrants. I believe that will be a difficult subject for the new republic once it gets established. It will be a test of the strength of Catalonia’s democratic values.

I don’t buy the argument that “Europe will be weakened if Catalonia leaves Spain”. On the contrary: Europe’s role so far has been (ambiguously, admittedly) that of a guarantee of less violence from Spain (many people believe that Spain would have been much more violent towards Catalonia were it not for the restraining influence of the EU). But Catalonia inside Europe may be an extremely interesting player, and Europe should better take the opportunity of strengthening itself as a confederation of states of different sizes.

Barcelona, September 2016 – foto: AV

ese día entendí que había algo muy mal

Un día por la mañana, en un salón de reuniones, me cayó el veinte. Tal vez era la luz (entraba un sol blanco lacerante de esos que a veces nos regala el cielo de nuestra ciudad, frío aún, desde los cerros). O algo en el aire. Pero me sentí incómodo, y entendí que algo estaba mal, muy mal.

En esa junta (o comité o como se quiera llamar) que se suponía representar a todos los que practican cierta disciplina en un país entero, un país bastante grande y muy variado, todos los que “representábamos” éramos hombres que veníamos de dos universidades capitalinas – todos, con una excepción, otro hombre venido de otra ciudad a la sazón. Y yo, a mi edad, no me había percatado del absurdo.

Una profesora, colega nuestra y buena amiga, ya no una mujer joven (aunque aún juvenil en sus iniciativas y su entusiasmo), pidió un espacio en esa reunión para pedir que en un congreso nacional (o regional a nivel del subcontinente, no importa tanto eso) se abriera un espacio para discutir, por una mera hora (o tal por cuarenta minutos, tampoco importa), el rol de las mujeres en el país en esa disciplina que estábamos ahí representando cinco hombres. La profesora dijo que le parecía importante ese espacio, no tanto por ella misma, pues (nos dijo) ella “había sido muy afortunada y nunca había tenido que pelear por su espacio y su padre siempre la apoyó [hace 50 años, agrego yo], pero había otras mujeres que, siendo mucho más jóvenes que ella, sí tenían que pelear por su espacio, por el justo reconocimiento, por…”.

Ahí dejé de escuchar en detalle, la luz lacerante me cegó, y casi sentí mareo al ver lo absurdo de la situación. Nos vi a nosotros, cinco hombres de las dos universidades más de “élite intelectual” de nuestra nación destrozada por una guerra de cinco décadas, cinco hombres que ciertamente no teníamos ni idea de la verdadera situación de gente de otras universidades, de otros lugares del país, de otras circunstancias – y mucho menos de mujeres como la que nuestra colega (ella también capitalina privilegiada, pero al menos sensible al tema) nos vino a pedir… cinco hombres con la potestad de “abrir un espacio” (o no abrirlo) a un país entero, a las mujeres de un país entero.

Y me dio vergüenza.

Vergüenza de ver que la señora de casi 70 años tuviera que solicitar ese espacio a estos cinco hombres, en nombre de las muchísimas mujeres que ni siquiera hasta entonces habían podido llegado a solicitar un espacio, una mera hora en un congreso de varios días, para discutir el tema de cómo lograr mejor inserción en un espacio donde ellas deberían estar en absoluto pie de igualdad, cómo compartir historias o sencillamente mirarse las caras y decir qué hacer.

También me pareció terrible que en medio de los espacios de los premios, de las plenarias, fuera difícil, no fuera obvio, abrir ese espacio especial. Y no me gustó la cara de alguno de nuestros colegas en esa junta – la consabida sonrisita leve de “ah sí verdad, ahora toca también abrir estos espacios”, no me gustó la atmósfera de complicidad masculina tácita que se instauró después del tiempo en que la profesora hizo su solicitud.

Quedé casi mudo pues me pesó mucho el absurdo de la situación. Luego dije ahí alguna bobada, tratando de justificar que la reunión de las mujeres tuviera uno de los mejores auditorios. Me tocó decir que esa reunión era importante, tanto como los otros eventos del congreso.

Afortunadamente, la reunión se hizo. Pero me pareció absurdo que en las reuniones siguientes mientras hice parte de ese comité durante los meses siguientes las reuniones fueran cinco hombres… Algo dije en ocasiones posteriores sobre el tema, no tan contundentemente como lo haría hoy. Y algo pasó, pues el siguiente comité, el que afortunadamente nos reemplazó, sí tiene gente de varias regiones y sí tiene mujeres. No tanto como debería, y las regiones no capitalinas no están tan representadas como sería deseable, pero es un comité mucho mejor que el nuestro.


Federico Ardila me llamó la atención sobre el tema una vez que publiqué – recientemente – una lista de temas de exposición de un curso avanzado que dí, en el blog de clase. Me dijo algo así como “qué chéveres están los temas de su curso, a mí me encantaría poder tomar esa materia de alguna manera pero… ¿sólo hombres? ¿diez estudiantes, ninguna mujer?” Le dije que tenía toda la razón, pero no sabía por qué estaba pasando eso. No sé si hay un problema estructural en la carrera o en los colegios o dónde. Luego Federico me dijo que en los cursos que da en Colombia él ha visto que el número de mujeres ha bajado sustancialmente y de forma muy preocupante. Federico es por varias razones muy consciente de la importancia del tema – también vale la pena agregar que Federico ha tenido estudiantes mujeres que más adelante han continuado su camino y se han convertido en excelentes matemáticas.


Mi colega Carolina Neira ha hecho un trabajo excelente en esa dirección. Ella es de una generación joven, y habla con propiedad del tema (y de varios temas matemáticos, además). Trajo a Colombia a que diera un curso de geometría no conmutativa a Sylvie Paycha, otra matemática que ahora trabaja en Berlín y que además de haber propiciado muchas escuelas avanzadas importantes en Villa de Leyva en el pasado, hace año y medio trajo a la Universidad Nacional en Bogotá una exposición del proyecto Women in Mathematics. Durante el Congreso Colombiano en 2017 Carolina propició una discusión con mujeres matemáticas, como la que mucho más tímidamente fuera solicitada (qué horror pensar en el verbo) por nuestra colega. Me alegró muchísimo ver que al menos en ese sentido esa iniciativa está floreciendo.

El salón (grande) estaba abarrotado de mujeres y de hombres que queríamos escuchar los testimonios, que queríamos saber qué estaba pasando. En el tiempo de la reunión (una hora tal vez, o 90 minutos) se alcanzó a hacer un fragmento de lo que parecían tener planeado – quedamos con la sensación de algo que quedó iniciado y no completado. Fuimos con varios de los visitantes extranjeros; las mujeres matemáticas que hablaron eran (por fin) de muchas partes del país, de varias circunstancias sociales distintas.

Al ver eso siento alegría pero angustia también. Ese movimiento debería continuar, reforzarse.


Hoy hablábamos con María Clara de otros temas, de gente rígida que la rodea a ella a veces en su propio mundo académico – y recordé esa vez que hice parte de un comité tan rígido en un aspecto tan importante, que lo tengo casi borrado de mi memoria. No me gustó haberme visto a mí mismo como parte de una congregación de hombres a quienes se “solicita un espacio”, no me gustó sentirme casi como los párrocos vestidos de negro en Breaking the Waves.

El sol matutino de la capital me hizo ver esa realidad, ese día.

Agregado después – 27.8: Arturo Sanjuán ha escrito una respuesta aguda y con ejemplos y situaciones muy interesantes a este post, en su blog. En las respuestas a su post he ido tratando de aclarar puntos sobre este tema.

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Alejandro Martín había mencionado en alguna conversación (hace muchos años ya) la importancia de las manijas de las puertas y ventanas en la casa de Wittgenstein, en la casa que diseñó el filósofo para su hermana en Viena. Después por varios caminos volví a llegar al tema. La palabra manija es uno de esos ejemplos en que por la familiaridad olvidamos la etimología mano (idéntica a la de handle en inglés – y de manera indirecta idéntica en francés manche, italiano manico o – un poco demasiado obvio – Handgriff en alemán). El punto es que Wittgenstein en muchos de sus escritos parece estar buscando manijas, maneras de atrapar, de coger, el mundo. Y sobre todo, sus aforismos críticos, sus paradojas, se pueden ver como señalamientos de malas manijas, de manijas incorrectas.

Todos sabemos por experiencia lo fastidiosa que es una mala manija, una chapa que se suelte o sea floja o difícil de agarrar con la mano, o lo obligue a uno a girar de más la mano, o no funcione bien. Extendido más allá de puertas y ventanas, es claro que estamos también rodeados de “manijas mal diseñadas”, de “chapas flojas” para abordar temas (las relaciones de pareja, las relaciones con los padres o los hijos, teorías enteras matemáticas durante un buen rato parecen incluso carecer de manija o tener manijas genéricas mal adaptadas de otro lado). Por eso es tan reconfortante el llegar a una ventana con manija bien diseñada, llegar a un concepto que sí tenga las manijas bien hechas.

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Wittgenstein se preocupaba tanto por el tema que, llegado el momento de diseñar una casa (lo hizo en realidad como ayudante del arquitecto Paul Engelmann) para su hermana, parece haber insistido como loco en el diseño correcto de las manijas de las puertas y de las ventanas. Sabiendo lo obsesivo y perfeccionista que podía ser (aún llegando al extremo de ser destructivo, como cuando siendo maestro de escuela en Carintia – una zona muy remota y pobre de la Austria de entonces – llegó a ser tan exigente con sus alumnos – niños campesinos – que los traumatizó y los padres lo sacaron corriendo), no es tan extraño imaginarlo desesperando al pobre Engelmann con detalles del diseño.


En mi primer día completo en Viena, recién llegado de Bogotá, salí en expedición a ver las manijas de Wittgenstein (que para mí eran también las manijas de Alejandro). Era casi una misión para mí. Tranvía, el Distrito 3 de Viena, paso breve por una casa de Hundertwasser, y llegar al objetivo.

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La sensación inicial que me dio la casa – por fuera – fue la de algún edificio de la Universidad Nacional en Bogotá, con ventanas bonitas y bien pintado de blanco. Al entrar uno ve letreros en alemán y en búlgaro, pues la casa pertenece a la Embajada de Bulgaria. Luego uno se entera de que en los años 70 unos constructores la querían tumbar (aterrador pensar eso, pero así es este mundo) y la embajada la compró para salvarla. Hoy queda en un barrio que está cambiando, con una torre en construcción atrás, propaganda de McDonalds en el muro exterior… muy chapineruna la cosa.

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Al cruzar esos muros la cosa cambia. La impresión general de Bauhaus Universidad Nacional persiste (y eso habla bien tanto de Wittgenstein/Engelmann como de nuestro campus) pero al entrar algo chistoso ocurre: sale una señora que habla pésimo inglés y también pésimo alemán a pedir los cinco euros de la entrada. Agitada, repite y repite “faiv euro finf oiro faiv euro…” como una letanía. Only cash, please, nur kash bitte. Le doy el billetico y sale corriendo. Alcanzo a preguntarle dónde hay información sobre la casa antes de que desaparezca y señala unos papeles apilados, en algún revuelto de mal inglés con mal alemán “here information about house / no photos, this Botschaft, this Botschaft, photos verboten, here information, only this floor and etage, nur hier und etage”. La tranquilizo, que sí, que entiendo que esto es un Botschaft, que solo este piso y el de arriba… guardo la cámara. Desaparece por completo y quedo completamente solo en la casa.

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No hay decoración – solo cuadros de una exposición de algún búlgaro pero no le pongo atención y un piano de cola. De resto aire, ventanas, el calor absurdo de ese verano y nadie más. Ventanas-puertas buenas.

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Me pongo a detallar las manijas. Y poco a poco a tomar fotos – esperando que el ruido del obturador no despierte las suspicacias de doña-finf-oiro-faiv-euro y baje corriendo a decirme que en Botschaft no fotos o alguna cámara me reporte ante las autoridades búlgaras. Pero no, nada, no aparece nunca nadie. (Más adelante, me caí bajando las escaleras del segundo al primero, me caí duro por culpa de andar tomando fotos y el piso muy encerado e hice un estruendo tremendo… y jamás llegó nadie a ver qué pasaba. Me levanté adolorido esperando que doña-finf-oiro llegara y viera la cámara caída y yo magullado… y nada. Creo que desapareció para siempre esa señora.)

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Sigo mirando manijas, subiendo escaleras, abriendo y cerrando puertas y ventanas, sintiendo el metal suave bajo las manos, las manijas que bajo su simple peso abisagran bien. En la cocina hay una bolsa de café – estoy a punto de prepararme uno, pero no me atrevo (y pienso que si estuviera Alejandro él seguro sí nos preparaba un tinto ahí descaradamente en la cocina de la hermana de Wittgenstein que ahora es de madame-faiv-euro y la embajada). Camino por los corredores de esa casa cúbica cúbica y pienso cómo habrá sido cuando era una vivienda de una persona de verdad y no un salón de eventos de embajada. Subo las escaleras – de nuevo buen diseño (aunque resbalosas) y llego a la biblioteca. Una biblioteca que parece de colegio, con libros todos en búlgaro. Me pregunto quién diablos la usará. Ciertamente no parece un buen handle de nada esa biblioteca con estantes de hierro feos. Y miro por la ventana y admiro el aire de verano y el verde y el blanco (los colores de la Ciudad Universitaria de Bogotá) y la mentalidad genial del filósofo.

El espacio es tremendamente agradable a pesar de ser una simple composición de cubos imbricados unos en otros. La “información” que brinda la embajada a sus visitantes resultó ser una fotocopia vieja y mal escrita con información que parecía de mal trabajo de (mal) colegio. La soledad del sitio (pese al susto de haber caído por las escaleras – si no me hubiera podido parar probablemente seguiría hoy ahí) me fascinó y me pareció perfecta.

Antes de salir, me tomé una selfie doble en la puerta de entrada. A esas alturas ya haciendo ruido con la cámara, y sin que me importara en absoluto si llegaba doña-finf-oiro o la policía búlgara. Nunca llegó nadie.

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even more Magris

(But why? well, a twisting story, like the river itself. I got to Magris through an exhibition we saw with MC in Barcelona already seven years ago (!!!) – it was one of those strange exhibitions on a city and an author – in that case it was about Trieste and Magris. We were so intrigued, so taken in, that we bought several books by Magris, in Spanish and Catalan then and later in Italian, like my edition of Danubio. And we were engrossed by the idea of visiting Trieste and a bit of Istria and that amazing (now) border region – something we could finally do for a few days in 2015.

Three years after that, I was in Warsaw for a few days with Roman and Wanda, and during that visit full of conversations, of exchanges, of walks, of visits to galleries and museums, of mathematics and art, somehow I felt immersed in another side of the same world described by Magris. I mentioned him, I mentioned his books – and oddly enough, Roman and Wanda hadn’t read him. Oddly but fortunately, and synchronically: right after talking about him, I saw on a stall of the bookshop of a museum the words Dunaj and Magris. I immediately gave it to them, knowing it would help continue many conversations.)

Danube is not an easy book to read. At least in my case: it meanders, it makes me pause, it makes me remember and write, it makes me dream and continue long-forgotten conversations, some from decades ago. The book in itself changes quickly enough that it is not really an essay – although many parts could constitute many excellent essays, it is not a story – although it is full of short stories, it is not gossip of course – although it contains a delightful dose of insider gossip, it is not a travelogue – although in a way the whole book presents itself as a huge travelogue.

Roman mentioned he had been reading the Hungarian part of Danubio these past days – exactly at the time of that very short but very intense visit to Hungary, to Budapest. Reading it now myself, it has been like reliving (through unrealized possibilities) many aspects of my own visit. I cannot quite explain it. An example: I took a photograph of a “random station” where the train stopped for a few seconds. Then it turned out that that name (Mosonmagyaróvár) is prominent in Magris’s book – for an intense paragraph. Many other parts of Danubio read like a priori/a posteriori representations of what my eyes, what my camera (whose memory is greater than mine – for I would have forgotten a name like Mosonmagyaróvár were it not for the fact my lens, my camera recorded it, and then I saw it in Magris’s book) registered!

Every now and then, you reach a paragraph like this one:

«Delle ottocento famiglie giunte col patriarca, ora restano sessanta o settanta. Un viaggio è sempre anche una spedizione di salvataggio, la documentazione e la raccolta di qualcosa che sta estinguendosi e fra poco sparirà, l’ultimo approdo a un’isola che le acque stanno sommergendo.»

(“Of the eight hundred families arrived with the patriarch, now sixty or seventy remain. A trip is always a kind of saving expedition; the documentation and the collection of something on the way to extinction that will soon disappear, the last landing on an island that is sinking in the waters.”)

How true. Any time we travel we are in some sense visiting a place that is disappearing, sinking in the waters.

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The Magdalena River, near Honda

more Pannonian notes

Y sigo leyendo a Magris – su capítulo Pannonia en esa novela-río Danubio – las notas sobre la Hungría y su política en el siglo XX, su complicada conexión con los Habsburgo, su fuerte ambigüedad durante la época final del régimen soviético


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«Il giallo dei girasoli e del granturco si sparge sui campi come se l’estate avesse piantato le sue tende fra queste colline; l’Ungheria – della quale il cancelliere absburgico Hörnigk, sostenitore dell’economia mercantilistica, voleva fare nel Settecento il granaio dell’impero – è anche questo colore caldo e vitale, che continua nell’ocra-arancione dei palazzi e delle case.»


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«Ma è un’intenzione precisa che ci conduce, scombinando la linearità del percorso, a Mosonmagyaróvár. Qui, la notte del 2 novembre 1956, …»


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«Il Danubio scorre verboso sotto i ponti titanici, come scriveva Ady, invocando la fuga e perfino la morte nella Senna, in quella Parigi che Budapest riflette come una specchiera stile impero. Può darsi che l’Europa sia finita, provincia trascurabile di una storia che si decide altrove, nelle stanze dei bottoni di altri imperi.»


Y finalmente, un pasaje para el que no tengo fotos – por lo menos no de momento – pero que resume de manera perfecta lo que algunos percibimos al pensar en cierto tipo de objetos matemáticos:

«Esiste un futuro del passato, un suo divenire che lo trasforma. Come la realtà, anche l’io che la vive e la guarda si scopre plurale. Attraversando i luoghi segnati in quelle epiche cronache di trent’anni fa, si ha l’impressione di squarciare sottili pareti invisibili, strati di realtà diverse, ancora presenti anche se non afferrabili a occhio nudo, raggi infrarossi o ultravioletti della storia, immagini e attimi che non possono ora impressionare una pellicola ma che ci sono, che esistono al pari degli elettroni inattingibili per l’esperienza sensibile.»

Este párrafo me queda imposible no traducirlo. De nuevo al vuelo, dice Magris: “Existe un futuro del pasado, un devenir suyo que lo transforma. Como la realidad, también el yo que la vive y la mira se descubre plural. Atravesando los lugares marcados en aquellas crónicas épocas de hace treinta años, se tiene la impresión de rasgar sutiles paredes invisibles, estratos de realidades diversas, aún presentes aunque no comprensibles a simple vista, rayos infrarrojos o ultravioletas de la historia, imágenes y momentos que no pueden ahora marcar impronta sobre una película pero están ahí, que existen a la par de los electrones inalcanzables a la experiencia sensible.”

El hace treinta años naturalmente se refiere a los eventos de 1956 en Hungría, a ese horror de invasión soviética que generó la primera grieta profunda en la consciencia del comunismo occidental. Danubio fue escrito en 1986 – apenas siete años después de mi propia experiencia con el Danubio – y en ese sentido nos viene de otra época, de la cortina de hierro, sí, pero también de la cantidad de experimentación que según Magris había en países como Hungría de entonces («un clima di distensione politica interna e di liberale benessere» aunado con «generazione di scrittori ungheresi […] scalpitavano dinanzi ai progressi della società ungherese, che sembravano loro troppo lenti e cauti, e cadevano in un sentimento d’impotenza e vacuità…).

Pero más allá de los años 80 mirando hacia los años 50 (y nosotros en nuestros desbrujulados años 10 mirando tanto los 80 como los 50 a intervalos de treinta años), el párrafo de Magris habla de esa superposición tan importante en nuestra matemática contemporánea, de la posibilidad de coexistencia de tantas realidades – tanto de la realidad como del yo. No solo los años 50 superpuestos a los años 80 (y ahora a los años 10) sino miles de realidades espectrales ahí presentes.

Nada de eso es particularmente húngaro, pero es cierto que lugares como ese corredor tan cambiante (y persistente y discutido) entre Viena y Budapest, y la ciudad misma de Budapest, ciudad-escenario por excelencia (ciudad-haz por excelencia, imagino que podría decir Fernando), ciudad de las superposiciones y los tránsitos, ciudad doble Buda y Pest y a la vez vibrante sobre sus puentes, ciudad de la combinatoria juguetona que nutre el lado Pest de la matemática, y que se lanza por esos puentes gigantescos hacia el otro lado, Buda, acaso el lado geométrico.

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Donau / Duna / Danubio

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The flight from Paris to Vienna, looking on the left, had this wonder: for about an hour, the last hour, you see the Danube – appearing and disappearing, meandering and shooting straight, curving and arching, glowing and slowly slowly widening.

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Of course all of this was just the opening, and it is only the upper part, the narrow part, of the river. The real thing, the majestic Danube, would appear later in this trip, in Budapest.

But before getting there, I have my own personal story with the Danube. For some really odd reason, I had not seen it since 1981 – when we stopped with my parents at the source, at Donaueschingen. I had managed to go many times to Europe – but always further south, west, north or even east but further north – I had not seen this river for more than three decades! The re-encounter was fulled of memories, of emotion, for me.

The first memory of the Danube I have was at Passau – at the border between Germany and Austria. Not too far from Passau, there was this picture at a camping where the Austrian keeper made my father sign the book – it was the first time in his life he saw South Americans. He couldn’t quite even place South America, let alone faraway Kolumbien. Bitte bitte, unterschreiben das Gastbuch! Zum erstmal hab’ich hier Gäste aus Südamerika…


After landing the presence of the river in Vienna is somehow always there, very clearly but not very visible in the town itself. The center offers so many glories that you might be excused for not missing the river so much. Yet the richness of the culture there is inextricably linked to Vienna’s position on the river, at the opening of downstream Pannonia and the many lands, the amazing variety of peoples who just up to a century ago were converging on Vienna for many reasons. The river there is felt there, in the variety of food, of peoples – in the presence of Slavic (Serbian, Czech, Slovak), Hungarian and even North Italian influences. The physical presence of the Danube in Vienna is scarce and a bit narrow for all the glory, though.


And then, the Danube in Budapest:

I have to quote from Magris here:

Budapest è la più bella città del Danubio; una sapiente automessinscena, come Vienna, ma con una robusta sostanza e una vitalità sconosciute alla rivale austriaca. Budapest dà la sensazione fisica della capitale, con una signorilità e un’imponenza da città protagonista della storia, nonostante il lamento di Ady per la vita magiara «grigia, color della polvere». Certo, la Budapest moderna è una creazione recente, ben diversa della città ottocentesca che, come scriveva Mikszáth, negli anni Quaranta del secolo scorso beveva vermut serbo e parlava tedesco. La magnifiscenza metropolitana di Budapest, che si basa sulla solida realtà di una crescita politico-economica, presente anche il volto di un seducente illusionismo, che l’arte fotografica di György Klösz ha colto con magica lucidità. Se la Vienna moderna imita la Parigi del barone Haussmann, con i suoi grandi boulevards, Budapest imita a sua volta questa viennese urbanistica di riporto, è la mimesi di una mimesi; forse anche per questo assomiglia alla poesia nell’accezione platonica, il suo paesaggio suggerisce, più che l’arte, il senso dell’arte.

(My own free translation: Budapest is the most beautiful city on the Danube; a conscious self mise-en-scène, like Vienna, but with a robust substance and a vitality unknown to the Austrian rival. Budapest gives the physical feel of the capital, with a panache and an imponence of a city which was the central character of a story, in spite of Ady’s lament for Magyar life as “gray, powder-colored”. True, modern Budapest is a recent creation, very different from the 19th century city that, as Mikszáth wrote, in the Fourties of the past century drank Serbian vermouth and spoke German. The metropolitan magnificence of Budapest, based on the solid reality of a political and economic growth, also presents the face of a seducing illusionism, which the photographic art of György Klösz has captured with magical lucidity. If modern Vienna imitates the Paris of Baron Haussmann, with its great boulevards, Budapest in its turn imitates that Viennese repertoire urbanistic, it is the mimesis of a mimesis; perhaps this is exactly why it resembles poetry in the Platonic sense; its landscape suggests, more than art, the sense of art.)

In some sense I (mostly) missed all that: I spent the day (a wonderful day!) doing math and talking with Péter Kómjath in an amazing Jazz Bar, IF, in the center of the city. I did then very little tourism in the city, for I only had one day there – but I talked and talked with two locals – one a mathematician, a colleague whom I needed to consult for an issue in infinite combinatorics, the other another mathematician who now runs that incredible café and Jazz Bar.

However, the River, the Danube was there, and I did go see it in the final two hours of my one-day visit to Budapest. I essentially walked back and forth on one of the bridges in trying to capture a bit of the vibrancy of the city. Here is a video with notes:

Dirección Heiligenstadt

Después de muchas horas de vuelo (Bogotá – Panamá [el aeropuerto de la ineficiencia y sueño erótico de los defensores a ultranza de cierto tipo de capitalismo, los adalides del capitalismo que no conocen la historia de éste – un aeropuerto igual a un sanandresito gigante donde las tiendas de marquilla no dejan espacio a los pasajeros] – París [y su piano blanco para que la gente toque, sin música de fondo]) aterricé en Viena. Soy jurado de una tesis doctoral que se defenderá aquí mañana.

Entre el sueño y el jetlag voy a Wien Mitte y cojo el metro. Dirección Heiligenstadt (aunque solo avanzo unas dos o tres estaciones).

Heiligenstadt era un pueblo en las afueras – el sitio del famoso testamento de Beethoven cuando se quedó sordo. Aparentemente fue en unas vacaciones a ese pueblo a recuperarse de la noticia de la irreversibilidad de su sordera, y allí escribió su famoso testamento que lleva el nombre del antiguo pueblo (ahora suburbio).

No sé qué hay allá. Probablemente es un simple suburbio de una ciudad. Me bajo mucho antes, junto al Ring, cerca de la Universidad, en una zona repleta de palacios antiguos reconvertidos en hoteles, museos, instituciones. Y en medio de la canícula europea del verano de 2018 – clima de Girardot u Honda, junto al Danubio.

Iré (ojalá) a la casa de Wittgenstein, la de Freud, el Kunst-Historisches Museum. Si queda tiempo.

Ayer tomé fotos del Danubio serpenteante desde el avión, y recordé mucho la novela de Magris – de la que hemos estado hablando un poco con Roman a raíz de su viaje a Istria y Trieste. Se veía estrecho el Danubio en esa zona.

una década después

Esta vez me gustó mucho más Leeds que hace diez años. Estuve durante una semana agotadora pero hermosísima en un congreso de Categorías Accesibles y Conexiones (http://www1.maths.leeds.ac.uk/~pmtadb/AccessibleCategories2018/Schedule.html) con teoría de conjuntos, teoría de modelos y teoría de homotopía.

Y hubo de todos esos temas, bastante.

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Lo mejor fue la calidad de la interacción – gente como Tibor Beke (con un pie sólidamente en las categorías accesibles pero con excelente intuición y bastante formación tanto en grandes cardinales como en algo de estabilidad) hace que ir a esas charlas sea un placer por las preguntas y los comentarios finales – gente como Menachem Magidor le da una altura y visión a esas interacciones que realmente rara vez se vive.

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Para mí fue una manera de forzarme a pensar de nuevo en interpretación en teoría de modelos – un tema que considero muy importante (la tesis de mi estudiante Johan García sobre trabajos previos de Hrushovski y Kamensky, y los trabajos de algunos ahora me llevaron por ese camino) – con Zaniar Ghadernezhad logramos seguir un poco adelante en trabajos que iniciamos hace unos tres o cuatro años y que tenía medio abandonados/pospuestos.


¿Pero por qué me gustó tanto Leeds esta vez, comparando con la anterior hace diez años?

Tal vez las razones son más internas que externas. La ciudad ciertamente parece estar más afianzada en su espíritu post-industrial. Como buena ciudad inglesa, está excesivamente comercializada, la comida es relativamente poco imaginativa pero hay cosas buenas de India y ahora de China – aunque tampoco nada del otro mundo – y ocasionalmente un muy buen fish and chips. No es nada de eso.

Es más la presencia de tanta gente con tantas pintas de tantos lugares, y el no sentir tanta presión por que sean muy ingleses, ni muy nada todos. Francia (por contraste) siempre vive como obsesionada por decir que todo lo que les conviene es “francés” y (como pasó esta semana en esa carta absurda de un embajador a un comediante, a Trevor Noah) sigue armando debates patafísicos donde no los hay. En Leeds simplemente parecía haber ausencia de tanta bobada, y simplemente gente de decenas de orígenes ahí trabajando medio tranquilamente – me pareció.


Visualmente hay cosas tremendamente llamativas en Leeds (y también en Manchester). Pongo algo de eso a continuación. Es una profusión de espacios post-industriales, de canales, de antiguas fábricas reconvertidas, de máquinas decimonónicas que parecen flores y espigas, monstruos de manga y plantas carnívoras, de espacios comerciales que parecen un huevo por dentro – o evocan simultáneamente el Coliseo de Roma y el Panteón. Gente en un tren nocturno atestado (gente esa sí toda muy blanca y con decoraciones rosadas) saliendo de un concierto de una banda de mujeres jóvenes.

Y también una ausencia de foto (por razones de seguridad personal).

 

Un tontarrón peligroso.

La sabiduría popular está repleta de variantes de lo anterior: “sálvame de aguas mansas, que de las bravas yo me sabré salvar…”, cosas por el estilo.

Durante esta visita del presidente electo Iván Duque a España ocurrieron dos cosas que han generado mucha risa y muchos memes: su saludo al rey Felipe VI y su visita al estadio. En ambas logró brillar por su mediocridad y por su estupidez. Además de lo dudoso de ir a saludar a un rey de un país en su primera visita semi-oficial a Europa, el electo – con un lenguaje corporal supremamente inseguro, de niño que está haciendo sus primeras gracias en el tablero – salió con frases absolutamente tontas; de esas frases que terminan siendo de antología triste para los países. Persiguiendo al rey por el recinto, el pequeño Iván Duque no atinó a decirle nada menos que “le manda saludes el presidente …”. ¿El presidente qué? debió pensar el rey. ¿El famoso ex-presidente asesino? Luego remató Duque mencionando al otro payaso Pastrana y diciendo que el ex-presidente asesino “lo quiere mucho”. El rey no es que sea muy brillante tampoco pero Duque logró verse completamente tonto al lado de él.

Luego en el estadio de Madrid salió exclamando con tono de alumno bobo de colegio: “¡qué maravilla de estadio!”. En serio… ¿nadie le sugirió nada distinto de eso? Y luego (después de hacer una gracia de perrito de circo con un balón) le pregunta a un famoso exjugador español “¿cuántas cabezas se hace?”. El exjugador le dio una respuesta memorable y muy justa (pero muy bochornoso saber que quien nos representará durante cuatro años a nivel internacional la merece): “yo usaba la cabeza para pensar, no para darme golpes”.

Hasta ahí, la farsa. Y eso que ni siquiera ha empezado.

duqueRey
“… y le manda saludes el presidente …”  — “Hostias, ¿de dónde ha salido este cateto?”

 

La vez pasada que tuvimos un presidente así de tonto, así de triste, la cosa fue espantosa. De Turbay (1978-1982) se hacían chistes por su torpeza (aparente tal vez, como a lo mejor puede resultar la de Duque), chistes que perduraron no solamente a lo largo de su presidencia sino muchos años después. Que las habicuelas, que la enciclopedia, que con los dientes para arriba, que lo verde para arriba, que no es gudbay sino Turbay, que (no sigo – quienes vivieron esa época los recuerdan). Detrás de esos anteojos de ciego que no quiere ver lo que pasa en el país estaban sus respuestas como “en Colombia el único preso político soy yo” (cinismo o estupidez o algo muy raro). Y claro, los horrores del Cantón Norte, las torturas, los desaparecidos, el Estatuto de Seguridad. La gente sacaba chiste del presidente, pero la situación de chistoso no tenía nada. Fue una de las presidencias más sombrías y más brutales que recuerdo – en una Colombia que ha tenido mucho con qué competir. Fue el gobierno durante el cual el narco se consolidó en Colombia por primera vez de manera brutal y descarada. El gobierno de generales con fachada presidencial.

turbayGonzalez
“… y en Colombia, el único preso político soy yo…”

La vez anterior no me tocó a mí, pero en la memoria de la generación anterior sí quedó muy grabada. Fue la presidencia (entre 1962 y 1966) de Guillermo León Valencia, otro cretino de esos que la embarraban en público y hacían reír a la gente, mientras ocurrían cosas terribles. Ese presidente se hizo famoso por haber gritado en medio de la cena oficial en honor a De Gaulle cuando vino a Colombia… “¡viva España!”. No quiero ni imaginar la cara de incredulidad que debió hacer De Gaulle ante el grito del presidente borracho en su palacio. Aparentemente era un borrachín idiota, famoso por desplantes de tío bobo pero pesado en las fiestas. De nuevo, mientras esa farsa triste sucedía, pasaron cosas gravísimas en Colombia. Nada menos que el bom78/////////////////////////////////////////////*bardeo a Marquetalia en 1964 [la escritura de la palabra con todos esos símbolos /// extra es cortesía de Abdul que justo pasó por encima del teclado cuando estaba escribiendo eso; decidí que cuadra mejor así], que selló la consolidación de las Farc y trajo la historia que demasiado bien conocemos y hemos sufrido en Colombia varias generaciones. Varios analistas han expresado que si Colombia hubiera tenido otra respuesta menos agresiva, las Farc nunca habrían llegado a las dimensiones gigantes que tuvieron. Valencia ponía la fachada de idiota y mientras tanto el país entraba en una fase de guerra que ha durado muchas décadas y de la cual se suponía que estábamos tratando de salir. Valencia el borrachín con fama de bruto, el abuelo de Paloma Valencia Laserna – una de las lumbreras actuales del conservatismo colombiano.

valencia
“… Putain, quel con ce mec, comment il s’appelle encore?”

Esos presidentes payasos (o títeres, o borrachines, o simplemente azorados, clueless tal vez expresa bien la situación) han sido muy peligrosos. En Estados Unidos George W. Bush era así también. Claro, también nos burlamos planetariamente de él por su estupidez, por su leer libros patas arriba, por su aparente ineptitud. Y durante su gobierno una caterva de patanes se subió e ideó una invasión a otro país – y terminaron generando ese caos espantoso de todos los países de esa región que sigue produciendo problemas con solución cada vez más remota.


Peña Nieto, George W Bush, Duque, Turbay, Valencia. Tontarrones o fachada de tontarrones, hazmerreíres de la gente. Y peligrosos todos. Hay que estar alerta. Aguas mansas que pueden hacer bajar la guardia a la gente…

 

Tres películas muy distintas. Un tema.

El tema es (obviamente) el tema de hoy: la inmigración. Las fronteras y la noción de cruzarlas (o no) legal o “ilegal”-mente. La zona del medio, el no-man’s land (que ahora se podría llamar no-land’s man, o nowhere man, o algo que marque la situación de gente que no logra tener el estatus oficial de refugiado, que los haría partícipes de algo, y no son ciudadanos de ningún lugar).

Las tres películas son (en la superficie) totalmente distintas. La primera es el documental Human Flow del artista chino Ai Wei Wei. La segunda es el drama alemán (dirigido por Fatih Akin; alemán hijo de turcos) Aus dem Nichts. Y la tercera es una comedia ligera llamada Madame; una de esas comedias gringoides parisinas.

María Clara al regresar caminando después de la tercera película me hizo caer en cuenta de los parecidos entre las tres.

A primera vista nada que ver las unas con las otras. Un documental (con la mano de un artista contemporáneo, famoso por sus instalaciones gigantes y sus múltiples luchas con las autoridades; también famoso por mover muchos medios y provenir de una familia riquísima que le ha financiado parte de sus obras), un drama (dirigido con el toque brutal, sin contemplaciones, sin suavidades, muy alemán y a la vez con una mirada externa muy acerada) y una comedia ligera (con Rossy de Palma y Harvey Keitel como actores principales; una comedia de ricachones gringos en París).

Pero el tema en las tres en el fondo es el ser migrante. Ai Weiwei usa medios fantásticos para mostrar los campos gigantes de Europa, de Turquía, de Líbano, de Gaza, de Eritrea – donde millones de personas están en ese estado de no land’s man tan brutal – algunos por generaciones enteras. Se involucra, habla con algunos – o bien hace planos gigantes que se van acercando lentamente hasta la bajada al mundo real. Fatih Akin muestra el racismo inherente y estructural del sistema legal de Alemania, a través de una historia donde un asesinato (bombazo) cometido por unos nazis genera toda una serie de acusaciones mal dirigidas, dudas a lo “diferente” (lo turco, la mujer), malicia de la policía cuando sin investigar decreta que el atentado “debió ser una pelea entre bandas rivales turcas, o albanesas o kurdas o de algún país de esos”… y solo cuando la evidencia del origen nazi de los ataques se vuelve ineludible lleva las cosas a proceso… Y en Madame, en medio de la ligereza (atenuada por la actuación de Rossy de Palma) de una película que casi sería olvidable, hay frases muy dicientes. Por ejemplo, cuando está el problema de hacer que una de las criadas se siente en la mesa de una cena con gente muy “elegante y fina” – el joven alcalde de Londres y su esposo, coleccionistas de arte franceses, etc. – surge el tema de si la criada filipina puede ser. La Madame hace cara de asombro y dice “nobody invites a Philipino maid to this kind of dinner”. La frase dicha así, casualmente, queda flotando. Y así con muchas otras. Terminan incluyendo a la criada española porque de alguna manera España puede ser dentro de su tercermundismo (y la percepción nórdica de Spain is different, acentuada recientemente por la propia España en su neo-autoritarismo) un país con reyes “de verdad” y gente que aunque un poco rara aún podría estar en esa mesa gringo-inglesa-parisina.


Una noticia del Guardian invitaba a los europeos a mirar el ejemplo de varios países africanos (Uganda, Kenia) en la manera como lidian con sus inmigrantes. Decían que alguno de esos países lograban de hecho incorporar a muchos migrantes en toda clase de actividades – cosa que los europeos en este momento no tienen ni idea de cómo hacer.


Y de alguna manera, tras Ai Wei Wei, tras Fatih Akin y tras la ligereza de Madame, está el tema: ¿por qué pueden lidiar (a regañadientes, y finalmente no les funciona) con la migrante española pobre, pero no con la filipina? ¿Por qué Europa le paga tanto a Turquía para que se quede con los migrantes que llegan desde lugares tan lejanos como Afganistán – además de la vecina Siria – y le ofrece a los turcos poder entrar sin visa a Europa como parte de pago? ¿Por qué México procesaba tan duro las visas de colombianos y nos trata a veces con tanta desconfianza? De hecho – ¿por qué en México separan los vuelos que llegan de Suramérica de los que llegan de Norteamérica y Europa, en filas de migración distintas?

Ver la película de Ai Wei Wei es duro. Ver que hay millones de personas sin ningún tipo de protección – no son “ciudadanos” de ninguna parte y están ahí a la deriva (o mucho más a la deriva que los demás). Ver a Fatih Akin y sentir la frustración y la rabia de una mujer que entiende que Alemania es racista en su estructura, más allá de la existencia de esos nazis. Ver Madame y ver cómo construyen un humor sobre la mediocridad de la burguesía yéndose a pique (el Caravaggio que se ve a leguas falso, el mal gusto francés o franco-gringo, y finalmente el desprecio brutal de un ricachón inglés por todo lo que se salga de su esquema).


Vale la pena ver esa última película por la cara hermosísima de Rossy de Palma en las escenas finales. Ella de alguna manera salva todo y permite seguir soñando.


Agregado después: abro la página del Guardian y me encuentro con una noticia “Migrant children and families now face indefinite detention by US“. No puedo ni leerla completa. Es de lo más deprimente que hay hoy en día. Y esta otra de ayer en el Telegraph: “Up to 100 migrants, including babies, feared dead after boat sinks off the coast of Libya“. Esta última parece que era un barco que Italia no dejó amarrar a ninguno de sus puertos.

En 1906 el barco Sirio repleto de migrantes italianos que venían camino a América se hundió al frente de Cartagena (España). Hay canciones muy tristes (y muy bellas) que cuentan ese naufragio:

(Me aterra pensar que ahora hay barcos devueltos de las costas italianas; que uno de estos se hundió.)

frases de otros (y cambios de rumbo)

Frases simples, soltadas al vuelo por alguien en medio de alguna conversación, que terminan teniendo un impacto totalmente fuera de proporción con la carga energética aparente. (Frases que vistas a posteriori parecen haber sido la chispa detonante de un proceso que luego fue enorme – frases al viento que podemos de alguna manera responsabilizar de giros fuertes de la vida.)

Hoy recordaba algunas de esas frases:

Javier: “you know, you should really try getting yourself a real camera – there’s tons of things you could do that you just cannot even see now…

Boris: “You seem to have what’s needed to get to a model-theoretic analysis of rigged Hilbert spaces, of Gelfand triples…

Algún lugar de mi mente: “Esto es lo que quiero hacer a partir de ahora.”


Nueva York, junio de 2010. Andando por la calle con Ayhan y Javier, en cualquier lugar de Midtown. Ayhan ya ha tomado algunas fotos de sombras memorables. Intento tomar fotos con alguna camarita digital de esas que duraban un par de años y eran reemplazadas por algo levemente mejor. Me dice en un momento dado Javier: you know, you should really try getting yourself a real camera – there’s tons of things you could do that you just cannot even see now.

Tan solo un par de días después, el último día en Nueva York, andábamos con Ayhan por la calle y vi que vendían la Olympus Pen_I 4/3. La compré – hasta un par de días antes no tenía la intención.

Javier tenía toda la razón. La fotografía no solo me permitió “hacer montones de cosas”. Se convirtió en parte de mi razón de vivir, en extensión de mi ser. Y recuerdo con frecuencia esa frase de Javier.


Utrecht, octubre de 2007. Caminando con Boris Zilber en la noche lluviosa y fría, después de la cena de un congreso. Hasta entonces me parecía fascinante lo que hacía Boris, pero a la vez remoto y medio incomprensible. Le pregunto algo sobre su charla. Habla durante más de dos horas. Caminamos, atravesamos canales, pasamos por calles comerciales estrechas. Me pregunta después de hablar y hablar él (y yo feliz escuchando): And you, what you been doing? Bueno, pero no es ésa la frase importante. Al empezar a describir un trabajo en lógica continua que estábamos haciendo en Helsinki con Hyttinen en esa época en un momento dado me interrumpe: You seem to have what’s needed to get to a model-theoretic analysis of rigged Hilbert spaces, of Gelfand triples… Aunque a posteriori era claro eso, esa frase simple (yo no sabía qué eran las dichosas triplas de Gelfand al hablar con él) terminó marcando un giro muy profundo en toda mi investigación. Llegué de regreso a Helsinki muy trastornado y excitado. Era el final de un año sabático y una simple frase de Zilber implicaba repensar absolutamente todo… Y así ha sido a partir de ahí. Esa frase de Boris marca un corte tajante en el tiempo para mí.


Tren de Tel Aviv a Akko, noviembre de 1997. Íbamos con María Clara hacia Akko en el norte de Israel, en el tramo corto después de Haifa, a pasar un fin de semana. Entre apuntes matemáticos repletos de teoría combinatoria de conjuntos y el libro viejo de Baldwin de teoría de la estabilidad una frase se labró camino por mi mente: Esto es lo que quiero hacer a partir de ahora. Recuerdo mucho la luz en el tren (el gris azulado del otoño mediterráneo), la expectativa de llegar a la ciudad árabe. Y la frase, contundente, emanada de alguna parte de mi mente que yo no podía controlar.


 

Bellow, To Jerusalem and back

Security measures are strict on flights to Israel, the bags are searched, the men are frisked, and the women have an electronic hoop passed over them, fore and aft. Then hand luggage is opened. No one is very patient. …

Saul Bellow, To Jerusalem and Back, Secker & Warburg, London, 1976.

Reading a memoir written by someone as incredibly able to conjure up images as Saul Bellow is always striking. But it is much, much more striking if the memoir is about a city where you have spent a significant amount of time, also as a visitor, albeit in quite different moments of time. And (I think) it is even much, much more striking if that city happens to be none less than Jerusalem.

… before I left Chicago, the art critic Harold Rosenberg said to me, “Going to Jerusalem? And wondering whether people will talk freely? You’ve got to be kidding, they’ll talk your head off.” (…) In flight, if the door of your plane comes open you are sucked into space. Here in Jerusalem, when you shut your apartment door behind you you fall into a gale of conversation—exposition, argument, harangue, analysis, theory, expostulation, threat and prophecy. …

Bellow spent six months in Jerusalem in the fall and winter of 1976. During those momentous months he meets many people, among them politicians (Yitzhak Rabin who was then the prime minister, Teddy Kollek who was then the mayor – and who officially invited Bellow, as we learn at some point during the memoir, some others – although not Golda Meir), writers (young – back then – A. B. Yehoshua and Amos Oz at some point but also several less-well-known poets) and many other intellectuals, journalists (Jewish and Arab), family members (Russian immigrants), people like his masseur, the Armenian Patriarch. He even goes for dinner with mathematicians and meets Ilya Rips – Bellow’s wife at the time was the Romanian mathematician Alexandra Bellow and she was visiting the Math Institute at Hebrew U while he was on his official visit to people in the city.

… We are invited to dinner by some of Alexandra’s friends—like her, teaching mathematics at the Hebrew University. Pleasant people. … The conversation, as usual, quickly becomes serious. You do not hear much small talk in Jerusalem. Inflation, high taxes, the austerity program make moonlighting necessary. … Alexandra has noticed how busy mathematical colleagues have become. They have to do more teaching; they have less time for research.

After dinner two more guests arrive, Dr. and Mrs. Eliahu Rips. Rips comes from Riga. When the Russians went into Czechoslovakia, Rips, a mathematics student, set himself on fire in protest. The flames were beaten out and Rips was sent to an insane asylum. While there, without books, he solved a famous problem in algebra. When he was released, he emigrated and reached Israel not long before the Yom Kippur War. Since he had no army training, he went to a gas station and offered to work for nothing, feeling that he must make a contribution to Israel’s defense. So for some months he pumped gas, unpaid. He is now teaching at the Hebrew University. He has become not only Orthodox but very devout. Four days a week he studies the Talmud in a yeshiva. …

All this is interspersed with walks in the Old City, with meetings with people in West and East Jerusalem, with living in Mishkenot Sha’ananim in front of the Old City, visiting kibbutzim or even a settlement (Kiryat Arba!) near Hebron.

… Later in the day my friend Professor Joseph Ben-David takes me to the swelling Souk, the public market. On Fridays it closes early. We watch the last-minute pre-Sabbath rush. Perishables are cheap as zero-hour approaches. …

… On my way home, feeling the vodka I’ve drunk with Silk and Schimmel, I pass through the tourists’ lines. But I’ve just had a holiday with two poets (…) The transforming additive: the gift of poetry. You think yourself full of truth when you’ve had a few drinks. I am thinking that some of the politicians I meet are admirable, intelligent men of strong character. But in them the marvelous additive is lacking. It is perhaps astonishing that they aren’t demented by the butcher problems, by the insensate pressure of crisis.

Slowly, Bellow weaves in a very personal perspective of the Israeli-Palestinian problem, allowing many opposing voices to sift through, capturing the pain and harshness of differing viewpoints (the Israeli parents whose son was recently killed, the fields of ’67 and ’73, strewn with corpses, the existential threat to Israel, the memory and fear  –  all of that very real back then and real now, but also the Palestinian girl who proudly stands in front of well-intentioned Jews and tells them she simply doesn’t want them there).

In other hands this sort of memoir could easily become cartoonish, or with viewpoints too narrow or voices confined to the author’s opinions. The author’s opinions are there, to be sure, but they are so cleverly woven into the Jerusalem tapestry of opinions, plans, harsh stories, that a sort of collective call, of collective worry for the city becomes the voice of Jerusalem.

In the end this makes the reading more difficult. The first encounters, peppered by the presence of luminaries such as Isaac Stern, invited roughly at the same time, slowly become heavier. And here is where the memoir becomes a sort of living in Jerusalem testimony: the ever-increasing heaviness of living there, as if gravity was constantly increasing, as if leaving Jerusalem – forgetting its problems, leaving it behind scenes – became impossible after a while.

The memoir formally follows that path. The sadness of leaving such a city is there, very well depicted, but also the sense of relief I am sure many of us have experienced when going back to “normal cities” (London, Chicago, Bogotá) after time spent in Jerusalem. The fact that it takes him a long time to leave the memoir and it goes on and on after having returned to Chicago via London: the conversations with friends, with other politicians, in those two cities but also in a subsequent visit to Stanford, all of them give the impression of lingering Jerusalem, even as far away as California. The appearance of ever differing, ever shifting positions, some of them quite hawkish, some dovish, some more somber about Israel’s future (in 1976), some more positive…


When you visit the Old City of Jerusalem in search of some specific place you might have visited but whose exact location you don’t quite remember, or a place you saw described in some book or a friend mentioned, finding it can be next to impossible. Which alley? Which little door? Was it in the upper passage or in the lower one? Yes, I do remember it was after the shop where olive lamps – wait, the shop with the guy who offered tea but then haggled crazily? No, the one where the guy switched to Spanish and said he has a Ph.D. in history but is just selling sweets. You almost never can find what you look for yet you always emerge with a sense of having been to a magic (dangerous) place.

Of course, this also happens to Bellow:

… Schimmel and Silk are looking for the weavers’ alley. What they find instead is a big stone stable, once part of a princely establishment. The carved ornaments, all blackened, go back to the fourteenth century, so we are told by two friendly young Arabs who are tinkering with machinery here. Oh, yes, the stable is still used, but the donkeys and mules are out for the day. Dennis Silk sensitively interrogates the young men. They speak Hebrew well enough to give information. The information is for me, of course. (…)

We never do find the looms. Perhaps the weavers have taken a holiday. We buy round sesame buns and…


… Kahn insists on showing me some ancient baths at the lower end of the Old City and we ask our way through endless lanes, where kids ride donkeys, kick rubber balls, scream, fall from wagons (…) Kahn asks again for his Turkish baths. A candy seller, cutting up one of his large flat sticky cakes, a kind of honeyed millstone, appears indignant. His business is to sell cakes, not to give directions. We get into an arcade where a money changer in a turtleneck tells us to retrace our steps and turn left. He offers to pay me two pounds to the dollar over the official rate. (…) We make our way out of the arcade and inquire of a stout, unshaven storekeeper in Arab headdress and busted shoes who deals in chipped green glassware. He lights up at our question. Yes, of course, he knows.

After conversation (and coffee, and mentioning Chicago where the shopowner’s son studies medicine and the “friendship” with Bellow when he hears he comes from that city), he leads Kahn and Bellow to the baths and…

… I find myself to my joy in an ancient beautiful hot sour-smelling chamber. Divans made up with clouts and old sheets are ranged against the walls for the relaxing clients (…)
“This is not the place I had in mind. The one I wanted to show you is much older,” says Kahn. But I rejoice greatly in this one and ask for nothing better. (…) “I suppose we must give up on the still older bath,” says Kahn. He compensates himself by telling me about Max Nordau.

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Boris Zilber, during a long walk, at the Gate of Lions. 2016.
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Old City…
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The “new” city
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Tel Aviv – winter – beach

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Densidad

Mi profesora de dibujo en primero de bachillerato (ya no recuerdo su nombre) era muy sensible a las texturas. Alguna vez me dijo que los Alpes en Francia no le gustaban tanto, que prefería de lejos los Alpes en Suiza. Yo a la sazón andaba también muy enamorado de los Alpes del Valais, del Matterhorn. Sabía en mi fuero interior que viniendo de los Andes, había montes mucho más altos que los Alpes, lugares mucho más inaccesibles no muy lejos de casa (esa “casa” lejana allá en Bogotá que a la sazón se sentía mucho más lejana que siempre, en la era en que mis padres (estudiantes) no tenían ni teléfono y el único contacto con “Bogotá” eran las cartas de la familia, la carta ocasional de algún amigo del colegio, las noticias (entonces muy escasas) sobre La Colombie (tan escasas que casi todos los belgas la confundían con La Bolivie y no tenían muy claro qué podía haber en esos lugares tan exóticos y remotos)) y que todo ese enamoramiento de los valles del Valais sería pasajero.

Le pregunté a mi profesora por qué prefería los Alpes suizos a los Alpes franceses. Me dijo: “son más densos”.

Me quedé pensando. Sabía, intuía un poco, lo que podía haber en esa respuesta. Son montañas muy densas, con una densidad de postal de panadería dirían algunos; para mí evocaba chocolate delicioso, caminatas, mucha nieve y muchos árboles y fauna (que otro profesor, de un curso anterior, nos hizo aprender durante un par de semanas de Classe de neige en St-Luc, un pueblo ínfimo en el Valais).

Una respuesta de dibujante. Densidad.

Hoy, casi cuarenta años después, aún recuerdo su frase – incluso el tono de voz con que decía “ah, les Alpes en Suisse, c’est dense, beaucoup plus qu’en France…”.


Recordé todo eso por una conversación que tuve en Varsovia hace un mes. El hijo de Roman Kossak, Kuba, es un amante de la montaña y un gran caminante, de esos que van con una carpa y acampan y suben, en la nieve, como sea. Nos habló en una cena de un lugar en los Tatras al que le encanta ir a “perderse” a veces. Luego agregó… bueno, pero es los Tatras, no es los Alpes … y lo dijo como excusando lo pequeños que son los Tatras. Le pregunté a qué altura era el lugar – me dijo “algo así como 2500 o 3000 metros”. Roman se rió y dijo … “¡ah, Andrés vive a esa altura!” … después de algo de risa comenté “sí, en Colombia montaña alta es de 5000 para arriba, pero no es fácil llegar allá, y no se ven con frecuencia; hay muchas nubes”. Roman pasó entonces a sus valles favoritos alpinos y describió los Alpes como las montañas de “altura perfecta” … ni tan altas que sean inabarcables ni tan pequeñas que sean triviales. Yo defendí apasionadamente nuestros Andes, obviamente. Se me salió algo de chovinismo andino – evoqué la remota Sierra del Cocuy, el Nevado del Huila y luego el mucho más alto Callejón de Huaylas, Áncash, el Huascarán. Yo quería decir algo como “sí, los Alpes son preciosos, pero si quiere ver montaña de verdad le toca ir a Perú, o incluso en Colombia hay mucho más”.

El joven Kuba mordió el anzuelo – tal vez mi mirada remota pensando en esos montes peruanos lo convenció – y me dijo “yes, I have to see those mountains, I definitely have to”.


Pero pocos días después sobrevolé los Alpes en un vuelo Varsovia-Barcelona, una mañana despejada. Y volví a ver la densidad. Sí, mi profesora de dibujo tenía razón: los Alpes en Suiza tienen densidad. Esto fue lo que vi desde el avión:

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el poema entero

Mencionaba en el título del post anterior el poema de Borges A un gato.

Aquí está entero:

No son más silenciosos los espejos
Ni más furtiva el alba aventurera;
Eres, bajo la luna, esa pantera
Que nos es dado divisar de lejos.
Por obra indescifrable de un decreto
Divino, te buscamos vanamente;
Más remoto que el Ganges y el poniente,
Tuya es la soledad, tuyo el secreto.
Tu lomo condesciende a la amorosa
Caricia de mi mano. Has admitido
Desde esa eternidad que ya es olvido,
El amor de la mano recelosa.
En otro tiempo estás. Eres el dueño
De un ámbito cerrado como un sueño.

 

tu lomo condesciende…

… a la amorosa caricia de mi mano

(Borges, A un gato)

La adopción de Abdul (o Abdul Abedul Jatul Torricelli alias Confite) sucedió como entre un sueño. Muy simple: venía María Clara de la Universidad una tarde y me llamó desde el M86. Quedamos de encontrarnos (para caminar un rato luego) en el Cat-Café de la 61 con Sexta. Mientras esperaba a que llegara María Clara me puse a saludar a los gatos. Uno de esos estaba muy simpático – ligeramente “gaminesco” (no sé si en Bogotá todavía existe recuerdo de la palabra “gamín”), muy dulce y a la vez con cierta aspereza que me encantó). Cuando llegó MC, fuimos a verlo de nuevo – y como quien no quiere la cosa un par de semanas después ya estaba aquí el gato.

En los lugares de adopción de gatos hay que llenar papeles, mostrar que uno “sabe en qué se está metiendo” y que el gato no es un capricho del momento. En ese lugar realmente nos dieron mucha información y sobre todo nos transmitieron mucho cariño hacia ese gato que llamaban de otra manera antes.

Aparentemente vivía en un parqueadero. Aparentemente tiene poco más de un año. Aparentemente lo maltrataba alguien en ese parqueadero y otra persona se dio cuenta de que lo habían tratado de envenenar y decidió rescatarlo. Aparentemente … el Cat-Café lo rescató, vacunó, castró, examinó, etc.

En realidad no sabemos nada de ese antes de un año (más o menos) de Abdul. Todo es “nos dijeron que…”, “aparentemente…”.

Tampoco se llamaba Abdul pero el nombre que le daban provisionalmente en el lugar de adopción no nos sonaba a como se veía el gato – dimos mil vueltas y finalmente el Abdul Bashur de Mutis nos hizo aterrizar el nombre y escoger Abdul. Sí, se veía como algún levantino, como el personaje de Mutis (de origen incierto como los levantinos; fenicios, hebreos, filisteos, babilonios, griegos – origen incierto como nuestro Abdul). “Abedul” es su nombre cuando decide ponerse muy dulce. “Abdul Jatul” cuando está juguetón. “Torricelli” es el nombre que MC usa para recriminarle algo “Abdul Torricelli, ahí no se puede subir…”. (Lo de Torricelli es por la hidráulica del distribuidor de agua, obviamente…) Lo de Confite (alias) es por María Elena Walsh.

Ahí está ya desde hace unas cinco semanas. Siempre me da la impresión de que acaba de llegar aquí. Nos ha hecho conocer miles de rincones de nuestro propio apartamento – rincones que ni en mil años habríamos descubierto ni sospechado. No sabemos cómo logra esconderse y aparecer como teletrasportado – parece conocer mil veces mejor el apartamento que nosotros, después de unas pocas semanas.

Y en realidad yo aún no entiendo cómo tomamos la decisión tan rápido. Claro, hubo vaivenes (que si esto, que si los viajes, que si lo otro, que si el balcón, que …). Pero llegó rápido, y ha sido un nuevo ser aquí, infinitamente divertido (y caprichoso y … desordenado y …). Ahí está (en este momento en carreras infinitas por el corredor, persiguiendo algo)…

 

 

Warsaw: a perennial box of surprises?

I did expect some grimness – and there is, of course, plenty of it. Consider the area around the Palace of Culture and Science, and the huge empty space around the building itself.

I also expected interesting cemeteries, having read Rutu Modan’s The Property and also having seen many interesting photographs by Roman and Wanda taken on November 1st. The visit to Cmentarz Powązkowski (Powązki Cemetery) on my first day there, a Sunday, was great. Those Polish red lanterns by the tombs, next to elaborate and lovingly kept altars.

It was unfortunately impossible to visit the Jewish Cemetery – it was closed to the public during the Passover holiday.


What I did not expect was the dimension of the parks – they are enormous, with old trees and plenty of water (apparently diverted from the Vistula River in the 17th Century by some Italian architects – or Polish architects with Italian training – for the Royal Palaces), their playfulness, their utter “Romanticism” (for lack of a better word; although of course they predate the idea of Romanticism itself by more than a century). Among the most beautiful urban parks I have ever seen, anywhere. The Royal parks of Warsaw, south of the center, are marvelous public spaces.

What I also did not necessarily expect was the good quality of food. This is something new. For decades, food in Poland had a particularly bad reputation. Even in 2009, when I was in Poland (not in Warsaw), food was ok – there were some good things but nothing prepared me for this explosion of fresh ingredients, of interesting and clever preparations, for the way food is presented. What was more surprising to me was how good “normal daily food” seemed to be, at least in the area where I stayed (a rather well-to-do part of the city, yes). The way they prepared their daily lunches seemed naturally good, not pretentious at all.


An area I did expect – from having read plenty of material about the post-WWII reconstruction – was a well-redone Old City. It is there, indeed – surprisingly well-done. One may enter from a tram station through an automatic staircase. That in itself is a bit surprising and announcing the fact that the Old City is made in the 1950’s based on etchings and paintings from the 16th, 17th, 18th and 19th centuries – with the original building techniques and materials.


Another big surprise was the area of the old buildings of the University. There I could not really know whether they are old or reconstructed — very-well — but I was very positively surprised by those buildings, public spaces, auditoriums. I cannot really place why at some point they almost seemed too well-kept, too renovated for a public university. Certainly in much better shape than most public universities (in New York, in Paris, in Barcelona, in Bogotá, in Buenos Aires, in Jerusalem)… Is this something new in Warsaw? Or is it something specific to Poland, the way people seem to keep in excellent shape those buildings? I felt surprised… in a positive way, but there is something unexplained there (to me).


And then again, recent history. And the ghetto, the ghetto’s absence. Now residential buildings from the 1950s or 60s, wide avenues where the lively (and dense, and ragbag) ghetto used to be. Wide boulevards where there must have been cobblers, klezmer musicians, small shops of all kinds of bric-à-brac, a whole life that completely disappeared.

That was very painful, when in a smooth tramway (the smoothness and easiness of Warsaw’s public transit system was yet another very good thing) we glided through the wide boulevards – empty on Sunday – and Roman told me “here was the ghetto”. I asked, “what do you mean, here?”. He said, “here”. I felt pain to see the nothingness that has replaced it. I fell silent for a while. As the smooth tramway ride left the area I realized how suffocating it is to go through a nothingness where between 1939 and 1943 a brutal, utter disaster happened.

I asked Roman whether something like the Berlin “stumbling blocks” (Stolpersteine) – those little pieces of pavement where the names of people who lived there and were killed or deported to the camps are engraved, sticking out a bit to make people “stumble” and remember – had been done there, in the Warsaw ghetto. He said “no… but maybe it should be done”.


At the Cmentarz Powązkowski


Those amazing parks of Warsaw


Eating in Warsaw (café food, not fancy places)


Stairway to… the Old City


The University of Warsaw (older area)


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Wide boulevards – not quite the ghetto area, but this is roughly how it looks now…