Canto VI: los golosos, la lluvia fría, la podredumbre

… Io sono al terzo cerchio, de la piova

etterna, maledetta, fredda e greve;

regola e qualità mai non l’è nova.

Grandine grossa, acqua tinta e neve

per l’aere tenebroso si riversa;

pute la terra que questo riceve.

En este fragmento del Canto VI de la Commedia, Dante se refiere al tercer círculo del infierno, el de la lluvia eterna, maldita, fría y abundante. Nunca cambiante. La imagen la completa con el mal olor de la tierra (pute la terra che questo riceve), con el hedor constante.

A primera lectura este castigo (contrapasso) es sorprendente. Se trata del círculo que recoge a quienes cometieron el pecado de la gula. Y más adelante hay una referencia tal vez más concreta a este, con el can Cerbero que traga y despedaza a las sombras de ese círculo; de ser golosos pasan a ser engullidos, por la eternidad.

Pero uno se pregunta ¿por qué la lluvia eterna? ¿Qué conexión hay entre la lluvia y la gula, entre el engullir en exceso y el ser castigado siendo sometido a una lluvia por la eternidad, fría y eterna?

En su edición y notas de una traducción de la Comedia (a cargo de Jerónimo Pizarro y Norman Valencia), el escritor y ensayista Humberto Ballesteros nos da una clave importante: algo huele mal, algo hiede en la ciudad de Florencia. El hedor permanente aparentemente relacionado con la lluvia excesiva está relacionado con la gula, pero triangulando el canto está la aparición de Florencia. El primer florentino que se encuentra Dante en su bajada, Ciacco.

Florencia (y su decadencia y hedor en tiempos de Dante), la lluvia, la gula. La guerra civil, la destrucción social en su ciudad… y los golosos y el hedor y lluvia en el castigo.

De alguna manera logré entender un poco más al superponer ayer tres cosas: la lectura del Canto VI, el haber visto la película La cordillera de los sueños de Patricio Guzmán y el haber visto el horror de una cementera en Suesca.

Pues de alguna manera la gula, la verdadera gula, está en todas partes en nuestra sociedad podrida, en nuestro planeta tan similar en sus problemas a lo que vivió Dante en su Florencia medieval (anterior al esplendor). Una sociedad de la gula entronizada, de la gula cantada, de la gula jamás cuestionada.

Una cementera gigantesca justo en medio de un pequeño pueblo andino otrora dedicado exclusivamente a la agricultura y al turismo de escaladores. El 80% del territorio de Chile en manos privadas, gran parte de sus recursos extraídos y sacados en trenes fantasma nocturnos. El mundo entero poco a poco totalmente contaminado como el suelo por la lluvia del Canto VI, fétido y eterno.

Un recuerdo brutal de todo eso lo podemos ver hoy, a mediados de julio de 2021, en pleno corazón de Europa Occidental, en la región de Valonia en Bélgica y Renania alemana; en Suiza y Holanda también (estas imágenes muy brutales de las inundaciones en esos cuatro países).

La lluvia que termina convirtiendo todo en un lugar de pestilencia; causada en gran medida por la gula extrema de nuestra sociedad (la sociedad que entroniza el crecimiento económico – y su acumulación de basuras/pestilencia; la sociedad que endiosa a la «productividad» como bien supremo). La ruina y pestilencia de Florencia, la corrupción de sus habitantes.

li cittadin de la città partita;

s’alcun v’è giusto; e dimmi la cagione

per che l’ha tanta discordia assalita”.

Sì traspassammo per sozza mistura

de l’ombre e de la pioggia, a passi lenti,

toccando un poco la vita futura,

(Sí: tocando un poco la vida futura cuadra perfectamente…)

A dialogue :: Two draughtsmen (Roldán/Ortiz)

We went to see an exhibition of two artists we like at Galería Casas Riegner, in Chapinero: Luis Roldán and Bernardo Ortiz.

The exhibit was set up in the form of a “dialogue” between the two artists. The curators seem to have (on purpose) left with no label the individual works, perhaps assuming a visitor would just follow the line of dialogue, with as little reference as possible.

After a while, the two individual voices start to emerge more clearly, more precisely, and a kind of counterpoint slowly fills the initial void. Two men (photos taken from the web, Roldán in a dotted shirt, Ortiz in a striped polo), two different generations, a bit like a cello in duo with a clarinet: Roldán (born in 1955) emerges as a somewhat darker voice, perhaps more grounded and firmer, perhaps only; Ortiz [born in 1972) brings an extremely fine-threaded element, a treble playfulness, a pleasure in attention to detail and touch.

At some point, I was taken by Roldán’s own personal reading of classical American painters. He sketches with gouache on top of Hopper, Cassatt, Wood, etc.; blocking view and thereby bringing out what he sees, what is in view, that element that is maybe just a corner of a painting, that center of image taken away, that small element of a classical painting that is perhaps responsible for the iconicity of a work.

Consider the “Hopper” just above, redrawn by Roldán. Only the tip of the chimney remains of the “original”. The shadow of the house is still there, as in a mist, as in a sketch. The ground is slightly more illuminated, more openly drawn.

Just as in this reinterpretation of Hopper’s House by the Railroad, Roldán has a whole collection of classical American painters, redrawn this way. One could spend hours in just that part of the exhibition. Here is a small selection:


After such a strong statement by Roldán, what is Ortiz’s response?

Subtlety. The power of the line. The amazing emergence of landscape from almost nothing, from a bunch of lines drawn with a pencil on a piece of paper. Each individual line extremely lonely and akin to a mark you or I would make to signal, shyly, some end of a list, some mathematical closure, the most trivial idea.

Yet look at the field of forces that suddenly starts to form when all those “shy” lines start playing:

And let the whole game go through:

An amazing landscape, reminiscent of so many mountains around us here in Colombia perhaps, has emerged. I re-photographed it with another kind of illumination, so as to get the shadows:


The two previous are just the beginning of a dialogue. Here is some more (as you walk the gallery you may allow your mind be engaged by the two voices; look at the folds, at the reconfiguration of dramatic vistas from apparently innocuous elements, the power of lists, the edges of paper, the trace of the hand cutting holes in paper, almost elementary school-like, yet so powerful amidst this wonderful explosion – also, try to guess who’s who but also allow yourself to forget individualities – in my case, one of the works completely took me by surprise when I was told who is the author):


There is much more, of course. This rather narrow description I gave just tries to capture the emotional state such a dialogue may perhaps create in a viewer. I was extremely moved.

I close this small tribute to their dialogue, to their fused (and at times opposing) voices with images of a work (made with threads on fabric) that made me feel the weight of our times, the difficulty of our age, the oppression of lists and of statistics and daily numbers – and at the same time allowed my mind to find a path to fly beyond our dirt. Here it is:

Nacidos el 8 de junio.

Este es un post triste, homenaje a dos personas que (como yo) nacieron un 8 de junio, y que murieron por el covid durante junio de 2021, este mes que ha sido tan aciago en muertes en nuestro país.

No es tan común encontrarse con gente que nació el mismo día que uno, y que además de alguna manera lo celebra cada vez que uno los ve, cada vez que los veía yo. Pero así era con Rodrigo Cortés (nacido en 1945) y con Yuri Poveda (nacido en 1968, el mismo año y el mismo día de nacimiento mío). En cada reencuentro con ellos al rato salía, de manera un poco jovial, el tema del famoso 8 de junio y era ocasión de risa. A veces algún comentario de orgullo auto-irónico sobre las supuestas “multiplísimas cualidades” (sic) de quienes naciéramos en esa fecha, matizado por otros mil temas tal vez más importantes.


Rodrigo Cortés era músico, graduado del Conservatorio en piano (además de graduado de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional, tema en que se desempeñó laboralmente toda su vida), y para él como músico era importante evocar a ese otro nacido el 8 de junio, Robert Schumann. Siempre lo mencionaba con un toque de pequeño orgullo de reunión familiar, a ese ilustrísimo nacido el mismo que él, el mismo día que nosotros…

También era tío de María Clara, un hermano menor de su padre, uno de los siete Cortés Bruschi. Era sobre todo un optimista impresionante. Lo vi en reuniones familiares tocar fragmentos de Schumann, de Brahms, de Haydn. Siempre parecía estar estudiando algo nuevo, tener algo en mente. Alguna vez, hace pocos meses, supo que yo andaba estudiando (a un nivel totalmente básico, amateur) algo de piano, y me hizo algunas recomendaciones buenísimas. No sabía yo que serían las últimas que daría. Había ironía siempre al hablar con él, y cuando algo lo decía en serio, podía traer tanta carga mezclada de esa misma ironía que uno no sabía bien qué era qué, qué era lo serio y qué no. Siempre parecía seguir estudiando algo.

En 2017 convocó él a una gran reunión familiar de los Cortés Bruschi, una de esas reuniones gigantes donde aparecen muchos primos e hijos de primos que uno no conoce o no conocía grandes; aparecieron primos violinistas de Villavicencio, una prima ecologista, otra casada con un empresario, otros cuyos rumbos parecían más lejanos de lo que uno creía, y estaban ahí no más en el gran mapa de intereses sociales. Incluyo un retrato que le pude tomar a Rodrigo durante esa reunión.

Rodrigo Cortés Bruschi (1945-2021)

Yuri Poveda era exactamente de mi generación, día por día. Nos dio mucha risa algún 8 de junio en que, siendo estudiantes de pregrado en Matemáticas en la Universidad Nacional, nos dimos cuenta de la coincidencia de cumpleaños, supimos que habíamos nacido el mismo día. No sé si en la misma clínica, hasta esa averiguación no llegamos.

De alguna manera la jovialidad típica de esos años esperanzados en que veíamos Topología con Jairo Charris, o Análisis Funcional con Jaime Lesmes, o coincidíamos en algún seminario de categorías, en un VialTopo o en un viaje a un congreso en Medellín, se confunde con el recuerdo de esa época. Hablábamos y hablábamos, como lo hacen los estudiantes de pregrado, sobre mil temas posibles. Confluían otros estudiantes (Arnold Oostra, Gonzalo Medina, Marta Lucía Cadavid) en ese mundo abigarrado, lleno de las dudas e las inseguridades de los estudiantes de matemáticas. Al hablar con Yuri y compartir vivencias de manera directa y jovial, yo no sabía bien que una persona tan compleja se estaba formando ante mí. Terminé la carrera y me fui por otros rumbos, terminó Yuri su carrera y no supe hacia dónde siguió…

Por un tiempo. Al cabo de unos años, cuando mi padre era Secretario de Educación de Bogotá durante la primera administración de Antanas Mockus (y de Paul Bromberg cuando Antanas renunció sin terminar para lanzarse a una candidatura presidencial peregrina), reapareció Yuri. Me dijo mi padre que con él, en su equipo, estaba trabajando alguien que había estudiado conmigo, y que además había nacido un 8 de junio. Claro, al ver su hoja de vida, con la fecha de nacimiento 8.6.68, mi padre debió reaccionar de inmediato pensando que esa era la fecha mía también. Pero que además hubiera estudiado Matemáticas en la Nacional ya era mucha coincidencia [agregado después: la coincidencia de fecha de hecho es triple: Gonzalo Medina entró a la carrera de matemáticas ese mismo semestre y ¡también es del 8 de junio, aunque de 1969!]. Yo en ese momento andaba de postdoc en Jerusalén, y confirmé que había estudiado con Yuri. Después supe que había sido un paso muy feliz, al menos para mi padre cuando armó su equipo de trabajo. Yuri le hablaba de teoría de categorías aplicada, de haces y topos – mi padre no era matemático, pero sabía de la importancia de esos temas por conversaciones en la casa, por conferencias a las que iba y conversaciones que tenía con personas como Xavier Caicedo… y por su propia lectura de ensayos de Fernando Zalamea.

Luego Yuri siguió su carrera de lógico categórico, con su doctorado en Buenos Aires (bajo la dirección de Eduardo Dubuc) y conferencias sumamente interesantes en eventos en que lo encontraba.

Una vez me llamó para contarme que estaba de vicerrector de la Universidad de Cundinamarca, viviendo en Fusagasugá por un tiempo, y que quería que hiciéramos convenios con la Universidad Nacional en Bogotá. Llegó a un restaurante vestido con traje de vicerrector, con chofer oficial, y hablamos un buen rato sobre el convenio posible… y sobre mil temas más (lógica categórica, haces, topos, sociedad, arte – sobre nuestros maestros locales Xavier Caicedo y Fernando Zalamea, sobre mil temas). El convenio creo que salió (luego pasó a manos de las oficinas que hacen esos convenios), pero lo más importante era que nuestra antigua amistad insegura y titubeante de estudiantes de pregrado se había transformado, muy en el espíritu de un gran haz, a través de nuestros pasos respectivos por Buenos Aires y Jerusalén, en otra amistad muy distinta. Entre el flamante vicerrector lleno de ideas, siempre guiado por esa felicidad con la que andaba, y mi yo de ese momento.

Luego eventos, sobre todo el magnífico Festschrift Zalamea, y proyectos (qué tal día cuando vaya a Pereira tal cosa, que si cuando vuelva a Bogotá podemos tal otra cosa, que si hablamos con tal persona podríamos)… hasta que la semana pasada todo eso quedó suspendido de manera trágica.

Hacía poco lo había visto en sesiones de zoom de eventos; es casi irreal dentro de la irrealidad en la que vivimos desde marzo de 2020 saber que el covid acabó con esa vida, en este terrible junio de 2021.

En una sesión hermosísima que organizaron el domingo pasado sus amigos y colegas (en Pereira, Cali, Ibagué, Bogotá, Buenos Aires, …) alguien dijo en un momento dado algo muy fuerte:

El 8 de junio en Colombia tiene una historia muy ligada a la Universidad. Es el día del estudiante caído en Colombia. El 8 de junio de 1929 fue asesinado en Bogotá Gonzalo Bravo Pérez, estudiante de la Universidad Nacional, durante la marcha de protesta por la masacre de las bananeras. El 8 de junio de 1954 fue asesinado en Bogotá Uriel Gutiérrez, estudiante de la Universidad Nacional, durante la marcha en conmemoración de los hechos de 1929. [Y el 8 de junio de 1973 fue asesinado en Medellín Luis Fernando Barrientos, estudiante de la Universidad de Antioquia, en una marcha en conmemoración de los asesinatos anteriores.] Un hilo tan trágico atado a esa fecha se puede ver de manera positiva: ¡los nacidos el 8 de junio son eternos estudiantes!

Esas bellísimas palabras (creo que de un tío de Yuri, pero no recuerdo exactamente) durante el evento son muy justas. Creo que hay coincidencias bellas ahí. En muchos sentidos, Yuri sí que logró ser un estudiante toda su vida, una persona en transformación, un matemático con ideas profundas que a la vez sabía comunicarlas a gente muy distinta (un antiguo estudiante suyo de un curso de Álgebra Lineal para ingeniería me comentaba cómo Yuri lo motivó a decidirse por estudiar matemáticas). Su tesis de maestría con Fernando Zalamea y su tesis doctoral con Eduardo Dubuc fueron mojones importantes de ese camino. El recuerdo más hermoso es tal vez su alegría, la luz que llevaba con él (y que brillaba mucho cuando evocaba a sus hijas), la risa que compartió y tuve la fortuna de conocer desde el pregrado hasta la última vez que lo vi en este mundo.

Esta foto proviene de su twitter.

Yuri Alexander Poveda Quiñones (1968-2021)

El covid se llevó en menos de un mes a dos personas que parecían ser muy distintas, pero que además de esa fecha de nacimiento que compartíamos, tenían en común un optimismo impresionante y esa risa interna increíble. Ojalá quienes quedamos podamos estar a la altura de la confianza que personas como Rodrigo y Yuri nos comunicaron durante sus vidas.

Un pequeño homenaje a un gran maestro

Alejandro Martín me reclamó implícitamente el abandono (parcial, siempre creemos) de este blog. Eso fue hace unos pocos días. No sabía por qué no había vuelto, no lo sé; tal vez no importa (o tal vez sí, pero no ahora, no aquí).

Esta semana pasaron muchas cosas extrañas, misteriosas, algunas muy bellas y otras muy tristes.

Hoy por la mañana me llamó Alejandro Martín. Con Alejandro hablamos en realidad muy poco por teléfono; no es nuestro medio favorito de comunicación. Por eso cuando vi su nombre, en llamada a la hora del desayuno, pensé «qué raro». Al iniciar la conversación me preguntó si ya sabía la noticia. Y claro, al oír la pregunta, ya la supe, pero aún así le pregunté. Me anunció la muerte de su padre, Jesús Martín Barbero.

Yo no había visto noticias ni anoche ni ayer por la mañana. La noticia de la muerte de Jesús estaba en toda la prensa nacional, y seguramente en muchos lugares más. Alejandro me expresó que prefería que no me hubiera enterado por esos medios, sino con su llamada.

Y fue de nuevo ese vacío y esa orfandad, en este caso comunicados de manera breve y extraña vía celular, al amigo Alejandro. Y luego, pensar mil cosas. Recordar tantas conversaciones, y no poder abrazar a Alejandro y Laura, y a Olguita en esta época. Ese inasible actual (que de tanto jugar a ser virtuales como que nos hizo convertir los ritos que no eran virtuales – las despedidas y el acompañar a los amigos – en virtuales).

Podría contar muchas conversaciones, pero no va eso al caso aquí, ahora. Prefiero recordar momentos, momentos de un día bellísimo de 2018 en que fuimos a almorzar con Jesús, Elvira y Olguita (Alejandro estaba en Cali).

Fue en almuerzo pausado, con tiempo. Elvira estaba lentamente despidiéndose del mundo, y seguramente estaba la angustia de qué pasaría con Jesús luego. Pero no se habló de eso; se habló de la infancia de Jesús en su pueblo de Castilla, de su juventud en Lovaina y su llegada a América Latina, de su colección-collage de fotos gloriosa, de sus mil proyectos.

(Pero tal vez más que los temas, lo que me pasaba a mí con Jesús era que me enseñaba a pensarme como latinoamericano, a abrazar el significado inmenso de serlo, a jugar con mil posibilidades. Era siempre irónico que él, que nunca dejó su acento tan castellano, fuera de alguna manera más profundamente latinoamericano que muchos de nosotros, y de alguna manera abarcara y abrazara todas las posibilidades de este continente que casi siempre nos duele. Que haya dejado este mundo en Cali, en el epicentro de la lucha más importante de este momento en Colombia y acaso en muchas partes del mundo, no deja de ser altamente simbólico.)

Además de todas sus enseñanzas (a muchos nos enseñó a ver lo que hay ahí), quedan en nuestras memorias sus gestos. Intenté (probablemente con resultados muy limitados) captar en ese almuerzo algo de los gestos de sus manos. La fotografía se queda corta, en todo caso.


shifting/blurring (Janus)

I made a personal (photographic) record of life in 2020, before March and after March. The “video” really consists of impressions, photos taken here and there, between January 1st and early December 2020. It does not offer a wide perspective, nor a reflection on the pandemic, nor anything of that sort. It rather explores the two-faceted aspects of this strange year, and (perhaps) the passage of time.

Here:

¿Por qué invertir tiempo (y dinero) en revivir idiomas? (según Zuckermann)

Parte de los frutos de la pandemia de 2020 en mi caso ha sido intentar poner (por primera vez en mi vida de manera seria) atención al idioma que se hablaba aquí en Chía (y en Bogotá, y en los dominios que van desde la región del Tequendama al sur, por toda la Sabana, hasta el límite norte más o menos en la región de Duitama): el muisca.

Indagando, noté que hay relativamente poco material, pero hay en todo caso acceso a un léxico de tamaño importante. El trabajo de María Stella González de Pérez en el Caro y Cuervo fue maravilloso y pareció inspirar de manera profunda a algunas personas. Stella murió hace poco más de un año, pero dejó la base de trabajos que en manos de Facundo Saravia (un profesor de idiomas originario de Argentina y discípulo de María Stella, que ha llevado a cabo desde hace una década un trabajo inmenso de construir un diccionario y cartillas de aprendizaje del myskkubun) han florecido de manera impresionante. He intentado leer y trabajar (en los breves resquicios de tiempo que me quedan) algo de esas maravillosas cartillas.

Hablando con Facundo en un taller que organizó hace un par de meses, terminé llegando a un libro sumamente interesante, del lingüista israelí Ghil`ad Zuckermann: Revivalistics.

Zuckermann ha sido director del programa de lingüística e idiomas en peligro en la Universidad de Adelaide en Australia. Formado en la Universidad Hebrea de Jerusalén y luego en Oxford, Zuckermann se ha dado a la tarea de revivir el idioma barngarla en el sur de Australia donde ahora vive.

En su libro, Zuckermann da primero un recuento muy detallado de cómo funcionó el revivir el “hebreo” (que da en llamar israelí para diferenciarlo del idioma hebreo bíblico o del hebreo mishnaico, y que en realidad, subraya de mil manera el autor, es un híbrido sumamente interesante y vital del idioma semita original con el yídish indoeuropeo). Para mí fue obviamente fascinante leer algunas cosas que ya sabía, otras que intuía, y otras que me hicieron abrir los ojos al fenómeno complejo y sorprendente del revivir del hebreo (me queda difícil seguir a Zuckermann y llamarlo el “idioma israelí”, tal vez por costumbre).

Parte de la indagación de Zuckermann va a la manera como se logró que funcionara finalmente ese revivir particular – y luego traspone sus experiencias como estudioso de un idioma esencialmente revivido hace 120 años… al problema de revivir un idioma que se dio por desaparecido hacia 1960.

Para quienes nos interesamos por la situación del muisca, y de la dificultad inmensa que hay al tratar de aprender (no adquirir) un idioma que dejó de ser hablado hacia el último tercio del siglo XVIII, la lectura de Zuckermann, tanto en su descripción de la revitalización del hebreo/israelí como en su programa de apoyar desde la Universidad de Adelaide (y en mucho trabajo con comunidades) el barngarla, es algo sumamente importante. ¡Agradezco a Facundo Saravia el haber guiado mi interés hacia Zuckermann!


Facundo me preguntó si podría yo hacer una síntesis de las estrategias que propone Zuckermann. Lo intento.

La sección 8.2 de su libro se llama Why Should We Invest Time and Money in Reviving Languages?

Empiezo por ahí. La primera razón, muy global, tiene un carácter de cuidado del mundo, de ecología cultural, muy interesante. Zuckermann cita a Nicholas Evans: you only hear what you listen for, and you only listen for what you are wondering about… just as the ‘biosphere’ is the totality of all species of life and all ecological links on earth, the logosphere is the whole realm of the world’s words, the languages they build, and the links between them. Zuckermann describe otro libro de 2010 (Dying Words) de Evans donde se examinan las miríadas de maneras como pueden diferir los idiomas, la información que contienen acerca del pasado remoto de sus hablantes, la interdependencia del lenguaje y el pensamiento, el entrelazamiento entre el lenguaje y la literatura oral.

Luego propone directamente Zuckermann:

  • Razones éticas: la mayoría de idiomas no mueren “porque sí”; la mayoría han sido destruidos (por los colonos en Australia, por la conquista y colonia española en estas tierras). Es un deber moral restituir los idiomas en la medida de nuestras posibilidades. El artículo 27 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (ICCPR por su sigla en inglés) consagra el derecho de usar su propio idioma a quienes pertenecen a minorías étnicas, religiosas o lingüísticas. De ahí se infiere, dicen Zuckermann, que cada persona tiene el derecho a expresarse en el lenguaje de sus ancestros. En el caso del muisca es sumamente complejo ese argumento, pero es obvio que hay razones muy fuertes para por un lado apoyar todos los esfuerzos de revitalización, y por otro lado ver como nosotros (muchos mestizos y con muy probable ancestro muisca, mezclado con muchos otros) podemos directamente reducir el impacto negativo brutal que tuvo para algunos de nuestros antepasados la supresión de su idioma.
  • Razones estéticas: da Zuckermann varios ejemplos (en idiomas aborígenes de Australia, en el idioma yaghan de la Tierra del Fuego, en persa antiguo, en rapa nui (de la Isla de Pascua) de conceptos distintos: uso de direcciones cardinales en lugar de “derecha/izquierda”, el mamihlapinatapai fueguino que se refiere a una mirada entrecruzada por dos personas cuando ambos quieren que el otro ofrezca algo que ambos quieren pero no son capaces de sugerir, el nakhur – camella que no da leche hasta que le cosquilleen la nariz, el tingo “sacar uno por uno los objetos de la casa de un amigo, pidiéndolos prestados, hasta que no quede nada”, etc. De lo poco que he aprendido de myskkubun, sé que el concepto de pyky (y muchas palabras derivadas) es a la vez “corazón” y “entendimiento”, “sabiduría”. (Curiosamente, el hebreo antiguo usaba lev también un poco en esa doble acepción…). Para mí esta razón estética debería ser suficiente.
  • Beneficios utilitarios: bienestar, salud mental, habilidades cognitivas … son tres categorías que, dice Zuckermann, están directamente ligadas al revivir un idioma. Cita varios estudios de las últimas dos décadas en esa dirección — y beneficios económicos derivados de una mayor auto-estima, para las sociedades involucradas. No es tan claro ese argumento para mí, pero sí me parece más o menos obvio que proyectos como revivir un idioma pueden aumentar el conocimiento de sí mismo. (Desafortunadamente, en manos de ciertos individuos, eso mismo se puede transformar en regionalismos/nacionalismos muy feos. Pero que ese peligro exista no implica que no se de importancia vital el trabajo en revivir idiomas como el muisca.)
  • Esquemas legales: como Zuckermann está directamente involucrado, junto con un grupo aparentemente creciente de personas de la comunidad que habla ahora en barngarla, en el revivir del idioma, han usado directamente apoyo legal en Australia. Esa parte del argumento me parece menos fácil de trasplantar, menos adaptable. Pero un corto párrafo me llama la atención: A quick change in government policy can damage the revival of Indigenous languages that has taken years to develop. Given the limitation of government policies, compensation schemes backed up by legislation will better protect the linguistic rights of Indigenous people. Cita también (de manera muy extensa) Zuckermann el trabajo con asociaciones de derechos humanos y aspectos legales específicos. Me queda difícil cernir de una gran cantidad de ejemplos lo que realmente sería relevante a un contexto local.

Cierra Zuckermann su libro con un breve capítulo (Our Ancestors Are Happy) sobre estudios y ejemplos de aumento de bienestar (mental, social) causado por el revivir un idioma. De nuevo, de la cantidad de información que da, hay que cernir. Pero queda algo común, capturado en algunas frases y ejemplos.

Me gusta mucho, por ejemplo, esta frase que cita de Alex Brown (aborigen australiano): “What scientists hold stock in is only what they can measure. But you can’t measure the mind or spirit. You can’t weigh it, you can’t deconstruct it. But only if we do will they see that Aboriginal people are spectators to the death of their culture, their lives… We watch as our culture dies. How are you going to measure that?”

Imagino a alguna tatara-tatarabuela mía hace un par de siglos viviendo y tratando de articular algo similar aquí en el altiplano cundiboyacense al ver su cultura muisca (o tal vez panche, o guane) destruida.

veintes

me llamó la atención (entre mil otras cosas que me han llamado la atención) que en myskkubun (lengua muisca) la numeración tiene analogías con la numeración de origen celta, que aún sobrevive en francés y en danés (y en inglés antiguo): el uso de veintes como unidad “básica” de conteo

en el muiskkubun está mezclada con el diez (la serie de once a diecinueve reenumera los dígitos uno a diez, pero agregando la palabra kihichá (pie)

al llegar al veinte (we, la misma palabra de casa y la misma raíz del verbo ser/haber) la cosa se pone interesante, y se cuenta de veinte en veinte

por ejemplo, ochenta es we-myhyká – literalmente cuatro-veintes, o sea exactamente como en el francés quatre-vingts… en inglés de hace un par de siglos aún se lee six-score para ciento veinte o a veces incluso four-score para ochenta

en myskkubun este uso del veinte, we, es más consistente: 40, 60, 80, 100, 120, etc. son webozha (dos veintes), wemika (tres veintes), wemyhyká (cuatro veintes), wehyzhká (cinco veintes), weta (seis veintes), etc.

y los número de la serie entre un múltiplo de veinte y el siguiente múltiplo de veinte sigue la hilera entre 1 y 19 (agregando la palabra asák). Así, similar a como en francés (versión de Francia) noventa y tres se dice cuatro-veintes y trece en myskkubun es wemyhyká asák kihichá mika – literalmente cuatro veintes y trece (pie de tres)

notas de esta época

A la frenetiquísima actividad del semestre pasado siguió un período de depresión suave (espero), entre el final del mes de junio y durante buena parte del mes de julio. La noté principalmente en una baja energética extraña que me hizo temer haber atrapado el virus (pese a tantos cuidados) en la época de Solidarity. Algunas de las presentaciones de ese magnífico (y tan singular) evento terminaron minando mi escasa confianza. Primero fue la de Magidor, quien con extrema lucidez proyectó una imagen brutalmente pesimista. Luego la visión áspera de Panza (pero de él esperaba algo así) y finalmente la durísima presentación de Zalamea, justo después de la mía. Zalamea no dejó resquicio para ningún tipo de optimismo. Dijo Fernando que su lectura peirceana le permitía inferir diferenciación y no integración, baja extrema de la Solidaridad mundial y aumento desenfrenado de los pequeños egos, de los movimientos brownianos sociales, de las polarizaciones a manos de los más hábiles, del ego sublimado y la ruptura de todo lo que mal que bien se ha podido ir construyendo. No sé si realmente de Peirce se desprende todo eso, pero ciertamente la visión de Zalamea es lúcida y tal vez logró despertar en algunos de nosotros cierta preocupación que teníamos pospuesta o sencillamente poco clara.


Los poemas de Jan Zwicky fueron tal vez lo que más me conmovió de todo el evento (me encantó la conversación ad libitum con Margo Glantz, siempre juvenil a sus 90 años, siempre sorprendente).

A raíz de escuchar los poemas de Jan Zwicky entré en correspondencia con ella y terminé encargando dos libros. Uno de estos fue escrito por ella y su compañero Robert Bringhurst llamado Learning to Die, con tres ensayos, uno de Bringhurst, uno de Zwicky y uno de ambos. Es un volumen que de alguna manera invita a examinar nuestra época no tanto en términos de la pandemia o la política actual sino en sentido más amplio, en términos de la crisis climática global vista desde la perspectiva de muchas eras, y buscando lo que describe el subtítulo Wisdom in the Age of Climate Crisis.

La carátula es bellísima: dos calaveras, de frente y de lado.

Ese libro curiosamente termina dando, a pesar del obvio tono pesimista dado tanto por la carátula como por sus ensayos, punteros y claves para vivir de manera más interesante esta época.


Otra lectura (hecha en un momento de crisis por el encerramiento, el confinamiento y la asfixia) fue la pieza de teatro Huis clos de Sartre. Llegué a ella por la famosísima frase L’enfer c’est les autres.


(Sigo después de casi dos meses de pausa de este post. No me quedó fácil continuar.) La lectura de Huis clos, que debería ser la peor obra para leer en esta época, terminó siendo saludable y positiva para mí. En Huis clos, tres personajes se encuentran en el infierno. El infierno es un cuarto cerrado, donde uno está para la eternidad con otra gente. En este caso, los tres personajes (un hombre, dos mujeres) que no se conocían en la tierra (y que habrían probablemente evitado frecuentarse, por cuestiones de estilo personal, de clases sociales, de gustos) están obligados a estar para siempre, para toda la eternidad en ese cuarto, los tres. No hay camas, no hay sueño, no hay oscuridad, no hay noche, no hay descanso. Solo estar en tres sofás, hablar y hablar sobre sus vidas (tema que se agota en realidad muy rápido), pelear, exasperarse mutuamente, querer irse y no poder, saber que nunca más podrán salir de ahí.

(Alguien me decía que era el peor texto posible para leer en una época como la nuestra. Pero extrañamente, milagrosamente, fue mi cordel de salida de una crisis personal. Así pasa a veces con la literatura.)


Es raro ver agosto desde octubre. Muchas cosas adicionales han pasado, naturalmente – ya pudimos regresar (por un par de días, dos veces) a Bogotá, hemos podido conocer resquicios y recovecos de las veredas Fonquetá, Tíquiza, Fagua y Cerca de Piedra – la zona aledaña al resguardo muisca de Chía – empezar a entender la complejidad y la belleza y la dureza de la historia de esta pequeña región que nos ha acogido.

sobre el 9.9 bogotano

Hoy en clase de 9 am me quedó difícil empezar sin referirme de alguna manera a los eventos brutales y trágicos de anoche en Bogotá. En ese momento aún no había parte oficial, pero ya sabemos que fueron diez las personas asesinadas por balas de la policía, y más de cien los heridos.

Por balas.

De la policía.

No hay justificación de algo así, no hay nada que excuse a esos policías.

En clase algunos estudiantes plantearon la importancia de posiciones en contra de la violencia. Y estoy de acuerdo con ellos en la idea de no-violencia; sin embargo, es imposible ante lo de ayer callar. Es imposible aceptar que personas en quienes la sociedad ha confiado armas para que nos protejan terminen atacándonos. Y sobre todo, es imposible equiparar. La situación es totalmente asimétrica entre la policía y la ciudadanía. El minuto de silencio por las víctimas, en clase, fue un gesto muy pequeño, tal vez, pero era lo absoluto mínimo que se podía hacer por respeto hacia ellos (y finalmente, hacia nosotros mismos).


Mi amigo en twitter Juan Rafael Martínez Galarza, astrónomo en Harvard, escribió un post (público) en su página de facebook. Me parece muy apropiado para ir apuntalando conceptualmente nuestro entendimiento de lo que está ocurriendo. He aquí el post de Juan Rafael:

Desde el punto de vista moral hay una gran diferencia entre quien actúa con violencia movido por la indignación de haber sido despojado y maltratado, y quien actúa con violencia en flagrante abuso de poder. Que los dos merezcan sanción no significa que sean equiparables. Por eso creo que esos llamados ecuánimes a rechazar toda violencia son injustos, violentos ellos mismos, ciegos, carentes de solidaridad, interesados. Estamos en una situación en que un cuerpo armado del estado ha asesinado ciudadanos. No podemos caer en el facilismo de imponer a quienes reaccionan a esa violencia oficial (gente que por lo general la ha soportado antes) el mismo grado de culpa. Deseo justicia, deseo también el cese de la violencia. Pero eso empieza por aceptar que hay un desbalance entre quienes hacen uso de la fuerza oficial y quienes usan la violencia para resistirla. Aceptar ese desbalance no es proponer impunidad para los últimos, sino justicia. Para muchos eso parece ser fácil de entender cuando se trata de solidarizarse con víctimas de violencia racial en USA pero dificilísimo cuando se trata de solidarizarse con víctimas de una violencia social igual de longeva y de profunda, como la que hay en Colombia. A propósito: el vínculo ideológico entre los policías rasos en EEUU con esos valores racistas que defienden (y que los han protegido) es mucho más profundo que el que une a los policías rasos de Colombia con unas estructuras de poder que también a ellos les han fallado. Pilas.

A las fuerzas del extremo centro preocupadas por cómo esto puede impulsar a Petro les doy un consejo: ¿quieren eso votos? Pónganse del lado e la ciudadanía. Dejen de equiparar los crímenes de estado con la reacción legítima de una población ya bastante golpeada por la miseria y la injusticia. A la gente, más allá de su pasado guerrillero y del sofisma del castrochavismo, le atrae la idea de que Petro esté de su lado. Hay maneras de ponerse del lado de la ciudadanía sin caer en prácticas populistas. Háganlo, y gánense los votos, incluido el mío, en lugar de lamentar daños materiales ante la sangre derramada. Pero si estar en el centro significa no tomar partido en una situación tan clara de injusticia social, entonces al menos acepten su responsabilidad en el ascenso de personajes populistas y no pretendan que Petro es popular por arte de magia. Por mi parte, si en 2022 de nuevo tengo que escoger entre Petro, a quien las riendas del establecimiento tendrán de todas maneras bastante limitado, y esta cofradía ruin de sátrapas insensibles que es el uribismo, pues mi decisión está clarísima desde ya, como lo estuvo en 2018. Ojalá no sea el caso.

Juan Rafael Martínez Galarza, en facebook.

Ver esta lista (incompleta) es algo muy fuerte:

  • Javier Ordóñez, 44 años. Asesinado en Villa Luz por la policía el 8.9.20.
  • Julieth Ramírez, 18 años. Asesinada en Suba por la policía el 9.9.20.
  • Jaider Fonseca, 17 años. Asesinado en Verbenal por la policía el 9.9.20.
  • Germán Smith Puentes, 25 años. Asesinado en Suba por la policía el 9.9.20.
  • Julian Mauricio González, 27 años. Asesinado en Kennedy por la policía el 9.9.20.
  • Andrés Rodríguez. Asesinado por la policía el 9.9.20.
  • Angie Paola Vaquero, 19 años. Asesinada por la policía el 9.9.20.
  • Cristian Hurtado Menecé, 27 años. Asesinado por la policía en Soacha el 9.9.20.

a nostalgic look at 2019

I surprised myself missing having made my “end-of-year” video for 2019. I surprised myself because I started missing it… in June 2020.

June 2020, July 2020, really March, April, May, June, now July 2020 – these months figure in my mind, in my memory as a sort of world slump, of global freeze, of entrance into a singularity from which the way out still seems uncertain – not just the when but now mostly the if.

For some reason I started a few days ago missing sorely the account of 2019. It was an important year – with strong personal moments, with some (extremely significant) trips: to Italy, Austria and Finland in January – and back to Colombia in the middle for my father’s funeral – to Budapest in the summer, to the Colombian Caribbean and Santander in July and August, to Southern Chile in December.

Here is an account – a very personal (and nostalgic) look at 2019, made a few days ago:

más sobre combatir la nada

El fragmento en el título de mi charla para la Solidarity Conference que hacía alusión a la nada, al néant, al nothingness, llamó la atención de algunas personas. Margarita Malagón-Kurka me preguntó al final de la intervención por qué la nada – pero no alcancé a contestar muy plenamente. El fragor del tiempo, la acumulación de preguntas y cansancio en esa semana tan llena de ideas e intervenciones hizo que esa pregunta esencial de Margarita se perdiera.

Hablando de nuevo con ella y con Don Kurka hace unos días, me invitaron a seguir la pista de la nada. He aquí las grandes líneas de mi respuesta:

  • El título hacía alusión directa al fragmento de De las babas del diablo de Cortázar. Me llamó la atención poderosamente la idea de la fotografía como manera de “aprender a combatir la nada”, y me pareció un buen punto de arranque para hablar a la vez sobre nuestra situación actual – y futura – y el rol de la lógica dado por analogía con el rol de la fotografía.
  • El cuento de Cortázar – del cual leí el fragmento a mis estudiantes justo cuando estábamos lanzándonos juntos, literalmente zambulléndonos en el mundo del infinito – es la inspiración de la película Blowup de Antonioni.
  • En esa película un joven medio zonzo (pero rodeado de un mundo muy fotogénico y él mismo un excelente fotógrafo de moda, en la Londres repleta de aperturas de 1965) logra lanzar un poco su propio vacío al usar la fotografía como medio de exploración de algún suceso grave. Empieza literalmente a leer el mundo de una manera totalmente distinta, y cambia internamente como consecuencia de su uso de la fotografía como lenguaje que abre y que tiene incluso la capacidad de romper el vacío mental que podía traer el fotógrafo de modas al inicio.
  • (Algo que nunca dije sobre esa película es el uso de muchos lentes distintos por parte de Antonioni. Durante la misma escena lleva a cabo cambios de lentes – de gran-angular a ojo-de-pez a “pancake” – y eso da sensaciones muy confusas y hermosas de cambio de distancia, de cercanía casi letal y a la vez de punto de vista elevado y lejano. Algo muy cercano tal vez a la búsqueda del horóptero de Ibn Al-Haytham (y Ptolomeo, y mucho más tardíamente Aguilonius) que trajo a colación Carlos Cardona como emblema de la horosis que Perry y Zalamea empiezan a dilucidar.)
  • Hablar de lógica para un público tan variado como el de Solidarity requería algún uso de analogía. Traté (seguramente sin mucho éxito) de usar la analogía entre la fotografía como apertura de lenguaje (combatir la nada) y la lógica. La manera como emergen cantidad de situaciones muy centrales (y potencialmente problemáticas) al empezar a tomar en serio las ampliaciones, los blowups, las superposiciones, los contrastes, el quemar y sombrear.
  • Comparaba en la conversación con Don y Margarita la fotos que tomaba yo antes de 2010 – donde si acaso una entre 100 (o entre 500) pasaría el examen hoy. Estaba todo ante mis ojos pero yo no veía absolutamente nada. Esa nada era la que había que combatir. Después, gradualmente – muy gradualmente – empecé a notar cosas. Marcos, encuadres, destellos de luz, líneas de fuerza, vacíos, colores planos, puntos blancos, sombras granulares. Ahora tengo algo de vocabulario, emergido de una práctica – tengo algunos conceptos, de nuevo surgidos de esa práctica y constante búsqueda.
  • ¿Pero qué diablos tiene que ver eso con el coronavirus, con la pandemia? Bueno, de manera muy directa obviamente nada. Pero precisamente ese nada, ese ser que no es un enemigo en el sentido tradicional (otro país, otros animales) sino un ente imperceptible, invisible pero potencialmente letal, tiene un aspecto de nada muy peculiar. Obviamente no es “una nada” pues es información con poder para destruir nuestras células, nuestros cuerpos, nuestro gran cuerpo social. Pero también nos confronta con re-conceptualizaciones (hablaba con un biólogo sobre la definición misma de vida que está siendo puesta en jaque por el virus – por este y algunos otros), con re-enfoque y re-encuadres.

[Soñaba que como consecuencia misteriosa de la pandemia la gente ahora a veces se desnudaba en público – en restaurantes – y era parte normal y llana del nuevo comportamiento. No era claro en el sueño por qué lo hacían – o en qué momento se volvía importante. En el restaurante en que estaba de repente el muchacho de la mesa de al lado se desnudaba y enarbolaba su erección con tranquilidad y naturalidad. El restaurante no se inmutaba. Era parte obvia y plena del “nuevo estar” – y en el sueño tenía que ver con la pandemia. María Clara me miraba un poco extrañada pero nada parecía ya muy raro. Una chica en la otra mesa, sentada en cuclillas, también desnuda se movía con naturalidad, abriendo las piernas y disfrutando mucho la situación – no había ningún tipo de recato ni morbo – en lo que sencillamente era el nuevo placer de estar en compañía en un restaurante después de la pandemia. (Yo mismo creo que no estaba desnudo. Pero varios clientes, sobre todo los más jóvenes, sí lo estaban.) El restaurante se parecía un poco a los cafés de Chapinero – al Árbol del Pan.]


Antier estaba yo un poco asfixiado por la situación. Salí (al jardín) a tomar fotos para tratar de ver algo de mundo más allá de las pantallas y el (que se siente eterno) confinamiento. He aquí algo de lo que salió de ahí (de un intento de a-percepción):

de las babas del diablo

Entre las muchas maneras de combatir la nada, una de las mejores es sacar fotografías, actividad que debería enseñarse tempranamente a los niños, pues exige disciplina, educación estética, buen ojo y dedos seguros. No se trata de estar acechando la mentira como cualquier repórter, y atrapar la estúpida silueta del personajón que sale del número 10 de Downing Street, pero de todas maneras cuando se anda con la cámara hay como el deber de estar atento, de no perder ese brusco y delicioso rebote de un rayo de sol en una vieja piedra, o la carrera trenzas al aire de una chiquilla que vuelve con el pan o una botella de leche. Michel sabía que el fotógrafo opera siempre como una permutación de su manera personal de ver el mundo por otra que la cámara le impone insidiosa (ahora pasa una gran nube casi negra), pero no desconfiaba, sabedor de que le bastaba salir sin la Cóntax para recuperar el tono distraído, la visión sin encuadre, la luz sin diafragma ni 1/250. Ahora mismo (qué palabra, ahora, qué estúpida mentira) podía quedarme sentado en el pretil sobre el río, mirando pasar las pinazas negras y rojas, sin que se me ocurriera pensar fotográficamente las escenas, nada más que dejándome ir en el dejarse ir de las cosas, corriendo inmóvil con el tiempo. Y ya no soplaba viento.

Las babas del diablo – Julio Cortázar

(Llegué a este cuento por la película Blow Up de Antonioni, obviamente.)

[Agregado dos días después: releyendo (para mis alumnos) este pasaje del cuento de Cortázar me di cuenta que donde había escrito “con la Cóntax” debía naturalmente ser “sin la Cóntax”. Me sorprendió en mí mismo este error, que voltea completamente las cosas. Nadie me comentó nada – o bien conocían el pasaje y sencillamente lo registraron sin mirar detalles, o bien no lo conocían y les pareció extraño pero no sabían a ciencia cierta, o bien… ¿Cuántos errores aparentemente pequeños (dos letras) pero que cambian el significado habrán pasado en textos escritos por la humanidad?]


resonancia / reflejos

No he logrado entender por qué en esta época de confinamiento han sido tan fuertes los sueños (para mucha gente, según concluyo). Para mí han sido sobre todo semi-vigilia. El lento y dulce despertar y descubrir que hay aura, la naturaleza está ahí – la montaña – seguimos vivos, a pesar de la incertidumbre. Disfruto intensamente los aromas de los cuerpos medio dormidos, ese olor dulzarrón de seres humanos y los rastros de sus fluidos, tan similar a los aromas del pan horneándose. Y disfruto abrir la ventana y sentir el frío de la noche anterior al amanecer, y la luz que inicia lentamente mientras Abdul sale a cazar en la madrugada sabanera – y vuelvo a dormir, a semi-dormir, a medio-dormir y pienso en las fotos no tomadas (ese gris matutino, esa niebla, ese Abdul, el olor de nuestros cuerpos que me embriaga, la perspectiva de hornear el pan) y no pienso mucho en matemática a esa hora (aunque no es verdad: siempre pienso de alguna manera en algún fragmento de construcción o de prueba), y retomo etapas remotas de la vida: la presencia de mis padres, su protección, las rupturas con ellos, la salida.

Y arranca el día, semi-igual a todos. No habrá salidas, no habrá viajes, no habrá idas a cine o a restaurantes o a montar en bicicleta. No habrá nada de eso. No habrá salida a jugar a colgarse en las barras del barrio, no habrá ida a caminar/correr con María Clara por las calles de una ciudad. No habrá parada en ninguna tienda. No hay tiendas – o las que hay parecen más refugios de guerra. Carullas con ambiente de cooperativa polaca socialista de las películas (aunque con precios aún más caros que nunca), tiendas de vereda con lo básico, y sobre todo nada de flâner, nada de lingering, nada de detenerse a mirar y comparar frutas o productos: entre el tiempo limitado de salida, el fastidio con tanta máscara y tanto cuidado con cualquier moneda, cualquier roce, cualquier pago con tarjeta, no quedan ganas de mirar muchos productos, comparar, imaginar.

Arranca, pues, el día semi-igual a todos. Hay belleza también en la no-salida, en las vueltas por el pequeño jardín, repetidas igual siempre, corriendo intervalos o caminando y caminando y caminando y contándonos lecturas y sueños y libros. Y parar a tratar de hacer “calistenia” en suelo, difícil (los burpees me dejan los tobillos inservibles) sin las maravillosas barras de los parques bogotanos. Y ver a Abdul por fin libre revolotear entre árboles y tratar de concentrar la mirada y empezar a notar nudos y zarcillos.

Saber que las fotos serán siempre fotos de lo mismo: la comida preparada, la vegetación siempre sorprendente. No serán fotos de ciudad, pues no hay ciudad en este momento. No serán fotos de gente pues la gente no está para fotos – entre máscaras y nerviosismo, cierta tristeza implícita se deja ver en las fotos que ve uno estos días (veía unos videos de gente haciendo ejercicio en la Barceloneta y gente en la playa – nadie se ve muy contento pese a estar en principio en sitios muy ideales).

Entrar a clase en zoom – y aprender a percibir a los estudiantes a través de sus voces, sus dudas, sus frases, sus silencios. Qué difícil. (Pero qué maravilla algunos estudiantes.)

Y odiar zoom al final del día largo. Y agradecer que zoom existe porque ¿cómo habría sido el desayuno tal con amigos en Nueva York sin zoom? ¿cómo habría sido el seminario tal, el curso tal, la reunión de amigos, sin zoom?


De nudos (zarcillos, trenzas, poleas)

El confinamiento trae mucha introspección. Hay muchas ventanas al mundo, en forma de seminarios, clases, conversaciones a veces sumamente interesantes – pero tal vez lo más extraño es la atención a detalles que normalmente uno tiene como secundarios.

En el jardín hay universos enteros. Hace unos días María Clara me pidió que le ayudara a cavar un hueco para enterrar una estaca y lanzar una cuerda, pues una calabaza que nació silvestre se estaba enredando en un peral y lo iba a asfixiar. La idea era que la calabaza se enredara en el hilo y la estaca nuevos.

Nunca imaginé que a los muy pocos días el enredo nuevo de la calabaza iba a ser de ese orden. Tampoco imaginé que en lo que uno podría llamar “gratitud” de manera un poco antropocentrista, la calabaza empezó a arrojar flores y frutos. Y todo en muy pocos días.

Los nudos (y los zarcillos y urilos, trenzas y verdaderas poleas) trazados por la calabaza en meros días han sido aterradores. Si esa planta fuera grande lo podría asfixiar a uno fácilmente.

[Hoy celebramos con unas flores de calabaza rellenas (receta judía romana – se rellenan con ralladura de pan, queso parmesano rallado y anchoa y se sofríen, después de haberlas pasado por un poco de huevo y harina).]


personas / naves / Valéry de nuevo

De nuevo Paul Valéry:

La personne peut se comparer à un vaisseau dont la partie vulnérable et essentielle se trouve sous la flottaison. Ce que l’on voit est œuvres mortes, décoration possible. Les agitations de la mer découvrent en partie les œuvres vives, qui sont ici : la sensibilité des organes vitaux (sympathique et pneumogastrique) et les sources d’énergie profonde, le tout plus ou moins lié à quelques secrets.

C’est là ce que guette et vise son ennemi intelligent.

Paul Valéry – Mélange – Instants ed. Pléiade Œuvres I p. 393.

Y de nuevo traduzco al vuelo:

La persona puede compararse con una nave cuya parte vulnerable y esencial se encuentra bajo la línea de flotación. Lo visible son obras muertas, decoración posible. Las agitaciones del mar revelan parcialmente las obras vivas, que en este caso son: la sensibilidad de los órganos vitales (simpático y neumogástrico) y las fuentes de energía profunda, todo eso atado en mayor o menor grado con algunos secretos.

Es esto lo que acecha y apunta su enemigo inteligente.

dreams / wax (unstructure)

Now the dream was near a river – unfortunately a polluted river. We were with Jaime and María Clara, with several other people. Swimming naked with people who normally one wouldn’t imagine skinny dipping. It was somehow related to the pandemia, to having gone back. Awareness of the pandemia was inside the dream, somehow. And the return to swimming in public had somehow made people shed swimsuits. It felt natural and obvious and was part of our internal changes. The only thing that seemed odd in that dream was the pollution in the river. Otherwise it would have been great.


I wrote dram instead of dream. Dram is a measure – of alcohol quite often. It is also dynamic random access memory. And also an abbreviation of dramatism.


When I woke up I didn’t quite wake up. I mean, I stayed in a sort of semi-dreamy semi-awake state. A sense of strong lack of structure in my mind pervaded me, and I enjoyed it. It felt as if I had become a kind of floating wax, with no structure whatsoever. (I thought about the state one should reach with meditation, with yoga – a state I very seldom attain. I enjoyed not having structure, just being like a wax block about to melt.)

Valéry, y la mirada a las cosas

Un regard charitable

Que de choses tu n’as même pas vues, dans cette rue où tu passes six fois le jour, dans ta chambre où tu vis tant d’heures par jour. Regarde l’angle que fait cette arête de meuble, avec le plan de la vitre. Il faut le reprendre au quelconque, au visible non vu — le sauver — lui donner ce que tu donnes par imitation, par insuffisance de ta sensibilité, au moindre paysage sublime, coucher de soleil, tempête marine, ou à quelque œuvre de musée. Ce sont là des regards tout faits. Mais donne à ce pauvre, à ce coin, à cette heure et choses insipides, et tu seras récompensé au centuple.

Paul Valéry – Mélange (Instants) – p. 383 ed. Pléiade

Va una traducción al vuelo del pasaje valeriano:

Una mirada caritativa

Cuántas cosas has dejado de ver, en esta calle por la que pasas seis veces diarias, en tu cuarto donde vives tantas horas cada día. Mira el ángulo que forma este borde de mueble con el plano del vidrio. Hay que arrancárselo a lo banal, a lo visible no visto — salvarlo — darle aquello que das por imitación, por insuficiencia de tu sensibilidad, al mínimo paisaje sublime, atardecer, tempestad marina u obra cualquiera en un museo. Esas son miradas ya trilladas. En cambio, dale a ese pobre, a ese rincón, a esta hora y estas cosas insípidas, y serás recompensado cien veces.

texture of life

Boiling milk, making arepas for Easter Breakfast with Roman and Wanda, making cream cheese, baking a (small!) chocolate cake, grinding pork rinds, chopping onions, sharing our breakfast on zoom with Roman and Wanda, watching Abdul walk into the playful light, escaping into the shadows of the garden, participating in an art event hosted by Miri Segal (on zoom, of course) in Tel Aviv, collecting fruit, watching organic-looking patterns on the drying (recycled and washed) plastic bags, watching time slip by, talking to a friend on zoom…

What else is there?

Amaneceres

Todo esto ha cambiado fuertemente nuestro horario de sueño. Mucho más temprano todo: colapso nocturno, despertar. Abdul siempre nos despierta a las 4:30 o 5:00, pero ahora es mucho más común no limitarme a darle la comida a esa hora sino despertar y mirar el amanecer.

Se convierte todo en un tema de percibir luz, hojas frecuentemente trémulas, ires y venires de especies de aves, saltos de frecuencia vitales, sombras extendidas y refractadas, tálamos mentales y sueños esparcidos.

Y ese momento de dolor compartido al despertar – y preguntarse por un segundo a dónde va todo esto – antes de arrancar un nuevo día de cursos en zoom o meet, de escrituras al viento, de seminarios online, de intento de guiar a quienes tal vez ya se saben guiar, e intentos de andar hacia adelante a pesar de la sensación brutal de ausencia de futuro (o de peligro en este).

Notas de voces internas (como las de ich ruf zu dir, Herr Jesu Christ, BWV 639) parecen dar claves…

tres días en ese otro mundo / crónica en reverso

No es fácil hacer crónica de este momento. Lo que he visto hasta ahora corre como hojas llevadas por el viento: ya el ensayo de Arundhati, que hace menos de un mes era de lo mejor para describir la época, es obsoleto y avejentado. Y eso sin hablar de los mil veces más obsoletos y avejentados “ensayos” de Zizek, Han y demás señores comentaristas de la época (no quiero [ab]usar de la palabra llamándolos filósofos).

Examino días anteriores. Solo tres días anteriores. Y lo que veo sirve (al menos para mí) como una especie de crónica en reverso – mal cronicada, obviamente, sin ningún intento de control temporal. (Sí, parece que no logro hacer nada por ahora con el maravilloso curso de Sinar… ese curso de crónica en la segunda semana de marzo, en un pasado que parece casi tan remoto como la infancia mía…)


Va entonces ese autoexamen / (pseudo-)crónica en reverso.

Cada vez gente más cercana… un amigo y profesor de Jouko, en Noruega.
Esto obviamente no es posición oficial en muchas universidades. Pero se está discutiendo seriamente.
De un curso que me trae felicidad.
Y de lo más bello que uno puede ver: cine de Pasolini.
Simple y obvio. Pero hay que decirlo. Los políticos no entienden este hecho simple.
Claro, la digitación es difícil. Pero la transcripción de Kempff es buena y se deja. Las voces internas son – me decía alguien – como la voz del corazón de uno mismo. He sentido que me congelo por dentro, de verdad.
Ole sí, qué mamones. Por mí que los estudiantes estén en su bañera (si es que tienen) o felices en su cobija con un buen café. Si les pregunto y contestan algo razonable tengo más que suficiente. ¿Por qué será que hay gente tan insensible?
Bueno, esto se aplica a tantas cosas… Es una de las razones que me han llevado a donde estoy – para mi propia incomodidad y felicidad.
Fernando Zalamea ha sido un amigo, casi un hermano mayor, en estas circunstancias. Ir a sus clases de los miércoles ha sido increíble, y participar de las tertulias con él y con Alex Cruz. Es ejemplo de cómo ir guiando a la nueva generación, exigiendo mucho y a la vez siendo brutalmente generoso. Al leer su mensaje a los alumnos, veo que Fernando entiende seriamente la gravedad impresionante de este momento, nuestra a la vez ínfima capacidad de acción real e infinita responsabilidad.
(Alguien así requiere una universidad muy libre y muy seria.)
Otro. No llevo bien la cuenta. Pero es duro ver esto.
Purcell, Dido and Aeneas. Esta versión es maravillosa. – Tengo un recuerdo muy bello del concierto de Alfonso Correa con esa orquesta de estudiantes de la Universidad de los Andes – que tocaban violín con vibratos decimonónicos muy chistosos. Parece que Alfonso les estuvo tratando de explicar cómo era la cosa en tiempos de Purcell…
Sí: L¹_\kappa.
Una charla preciosa – otro de esos momentos nuevos increíbles.
Obviamente insuficiente. Pero por fin se están espabilando las empresas de este país.
Este tuvo muchos retrinos, muchísimos likes. Creo que todo el mundo, en medio de esta pandemia, cree alguna variante de esta frase.
Toca hacerle algo de propaganda a la versión virtual de nuestras tertulias…
Yo no debería quejarme por la propaganda gratis que le hacen al senador (y precandidato) Petro. Menos ahora que está en situación difícil. Aunque miles de veces me ha parecido una persona afectada por un gran ego, también me parece que en la campaña de 2018 era el único candidato que parecía entender que ya no estamos en el siglo XX, el único que trajo problemas serios del país y del mundo. Que tenga ego inflado es mamón. Pero de verdad, no hay mucho más. Ojalá llegue algún día a la presidencia, o llegue alguien por lo menos tan bueno.
ah… el sabor dulzón de los tomates cocinados en pancetta…
cada cierto tiempo, esos números – y las imágenes horrendas

No sé cómo veré más adelante esta época. Alguien preguntaba si era una época feliz, y pues a quienes dijeron que sí les cayeron (pues claro: no es una “época feliz”; es una época muy difícil y triste en muchos sentidos). Pero que tiene momentos felices, pues claro que los tiene. De hecho, este minimalismo de no viajes, no salgas, no corras, no montes en bicicleta nos ha obligado a todos a buscar el momento simpático por donde esté. ¡Pero cómo me hace falta la bicicleta, sí!

Construcción de un mapa

(De las lógicas existentes y posibles)

La idea inicial del curso es armar un mapa de las lógicas, de todas las que alcancemos, colectivamente, a lo largo del curso. Arranqué con un mapa inicial y la idea es modificarlo a lo largo del semestre junto con los estudiantes.

Para lograr algo así decidí tener un Eje Central (lógica sobre topos, basado vagamente en una mezcla de Lurie, Caramello y Baez – ellos muy basados en MacLane y Moerdijk y en Makkai y Makkai-Reyes) y hacer la mitad del curso (los martes usualmente) sobre ese Eje Central. Y el resto (lógica infinitaria, continua, no monotónica, difusas, de Gödel, intuicionista(s), etc.) los estudiantes los van exponiendo. Y vamos armando entre todos el mapa. Ya han pasado cosas que me han hecho revaluar cosas que creía en febrero sobre esos temas.

Veremos cómo nos va con eso…