frases de otros (y cambios de rumbo)

Frases simples, soltadas al vuelo por alguien en medio de alguna conversación, que terminan teniendo un impacto totalmente fuera de proporción con la carga energética aparente. (Frases que vistas a posteriori parecen haber sido la chispa detonante de un proceso que luego fue enorme – frases al viento que podemos de alguna manera responsabilizar de giros fuertes de la vida.)

Hoy recordaba algunas de esas frases:

Javier: “you know, you should really try getting yourself a real camera – there’s tons of things you could do that you just cannot even see now…

Boris: “You seem to have what’s needed to get to a model-theoretic analysis of rigged Hilbert spaces, of Gelfand triples…

Algún lugar de mi mente: “Esto es lo que quiero hacer a partir de ahora.”


Nueva York, junio de 2010. Andando por la calle con Ayhan y Javier, en cualquier lugar de Midtown. Ayhan ya ha tomado algunas fotos de sombras memorables. Intento tomar fotos con alguna camarita digital de esas que duraban un par de años y eran reemplazadas por algo levemente mejor. Me dice en un momento dado Javier: you know, you should really try getting yourself a real camera – there’s tons of things you could do that you just cannot even see now.

Tan solo un par de días después, el último día en Nueva York, andábamos con Ayhan por la calle y vi que vendían la Olympus Pen_I 4/3. La compré – hasta un par de días antes no tenía la intención.

Javier tenía toda la razón. La fotografía no solo me permitió “hacer montones de cosas”. Se convirtió en parte de mi razón de vivir, en extensión de mi ser. Y recuerdo con frecuencia esa frase de Javier.


Utrecht, octubre de 2007. Caminando con Boris Zilber en la noche lluviosa y fría, después de la cena de un congreso. Hasta entonces me parecía fascinante lo que hacía Boris, pero a la vez remoto y medio incomprensible. Le pregunto algo sobre su charla. Habla durante más de dos horas. Caminamos, atravesamos canales, pasamos por calles comerciales estrechas. Me pregunta después de hablar y hablar él (y yo feliz escuchando): And you, what you been doing? Bueno, pero no es ésa la frase importante. Al empezar a describir un trabajo en lógica continua que estábamos haciendo en Helsinki con Hyttinen en esa época en un momento dado me interrumpe: You seem to have what’s needed to get to a model-theoretic analysis of rigged Hilbert spaces, of Gelfand triples… Aunque a posteriori era claro eso, esa frase simple (yo no sabía qué eran las dichosas triplas de Gelfand al hablar con él) terminó marcando un giro muy profundo en toda mi investigación. Llegué de regreso a Helsinki muy trastornado y excitado. Era el final de un año sabático y una simple frase de Zilber implicaba repensar absolutamente todo… Y así ha sido a partir de ahí. Esa frase de Boris marca un corte tajante en el tiempo para mí.


Tren de Tel Aviv a Akko, noviembre de 1997. Íbamos con María Clara hacia Akko en el norte de Israel, en el tramo corto después de Haifa, a pasar un fin de semana. Entre apuntes matemáticos repletos de teoría combinatoria de conjuntos y el libro viejo de Baldwin de teoría de la estabilidad una frase se labró camino por mi mente: Esto es lo que quiero hacer a partir de ahora. Recuerdo mucho la luz en el tren (el gris azulado del otoño mediterráneo), la expectativa de llegar a la ciudad árabe. Y la frase, contundente, emanada de alguna parte de mi mente que yo no podía controlar.


 

tu lomo condesciende…

… a la amorosa caricia de mi mano

(Borges, A un gato)

La adopción de Abdul (o Abdul Abedul Jatul Torricelli alias Confite) sucedió como entre un sueño. Muy simple: venía María Clara de la Universidad una tarde y me llamó desde el M86. Quedamos de encontrarnos (para caminar un rato luego) en el Cat-Café de la 61 con Sexta. Mientras esperaba a que llegara María Clara me puse a saludar a los gatos. Uno de esos estaba muy simpático – ligeramente “gaminesco” (no sé si en Bogotá todavía existe recuerdo de la palabra “gamín”), muy dulce y a la vez con cierta aspereza que me encantó). Cuando llegó MC, fuimos a verlo de nuevo – y como quien no quiere la cosa un par de semanas después ya estaba aquí el gato.

En los lugares de adopción de gatos hay que llenar papeles, mostrar que uno “sabe en qué se está metiendo” y que el gato no es un capricho del momento. En ese lugar realmente nos dieron mucha información y sobre todo nos transmitieron mucho cariño hacia ese gato que llamaban de otra manera antes.

Aparentemente vivía en un parqueadero. Aparentemente tiene poco más de un año. Aparentemente lo maltrataba alguien en ese parqueadero y otra persona se dio cuenta de que lo habían tratado de envenenar y decidió rescatarlo. Aparentemente … el Cat-Café lo rescató, vacunó, castró, examinó, etc.

En realidad no sabemos nada de ese antes de un año (más o menos) de Abdul. Todo es “nos dijeron que…”, “aparentemente…”.

Tampoco se llamaba Abdul pero el nombre que le daban provisionalmente en el lugar de adopción no nos sonaba a como se veía el gato – dimos mil vueltas y finalmente el Abdul Bashur de Mutis nos hizo aterrizar el nombre y escoger Abdul. Sí, se veía como algún levantino, como el personaje de Mutis (de origen incierto como los levantinos; fenicios, hebreos, filisteos, babilonios, griegos – origen incierto como nuestro Abdul). “Abedul” es su nombre cuando decide ponerse muy dulce. “Abdul Jatul” cuando está juguetón. “Torricelli” es el nombre que MC usa para recriminarle algo “Abdul Torricelli, ahí no se puede subir…”. (Lo de Torricelli es por la hidráulica del distribuidor de agua, obviamente…) Lo de Confite (alias) es por María Elena Walsh.

Ahí está ya desde hace unas cinco semanas. Siempre me da la impresión de que acaba de llegar aquí. Nos ha hecho conocer miles de rincones de nuestro propio apartamento – rincones que ni en mil años habríamos descubierto ni sospechado. No sabemos cómo logra esconderse y aparecer como teletrasportado – parece conocer mil veces mejor el apartamento que nosotros, después de unas pocas semanas.

Y en realidad yo aún no entiendo cómo tomamos la decisión tan rápido. Claro, hubo vaivenes (que si esto, que si los viajes, que si lo otro, que si el balcón, que …). Pero llegó rápido, y ha sido un nuevo ser aquí, infinitamente divertido (y caprichoso y … desordenado y …). Ahí está (en este momento en carreras infinitas por el corredor, persiguiendo algo)…

 

 

Warsaw: a perennial box of surprises?

I did expect some grimness – and there is, of course, plenty of it. Consider the area around the Palace of Culture and Science, and the huge empty space around the building itself.

I also expected interesting cemeteries, having read Rutu Modan’s The Property and also having seen many interesting photographs by Roman and Wanda taken on November 1st. The visit to Cmentarz Powązkowski (Powązki Cemetery) on my first day there, a Sunday, was great. Those Polish red lanterns by the tombs, next to elaborate and lovingly kept altars.

It was unfortunately impossible to visit the Jewish Cemetery – it was closed to the public during the Passover holiday.


What I did not expect was the dimension of the parks – they are enormous, with old trees and plenty of water (apparently diverted from the Vistula River in the 17th Century by some Italian architects – or Polish architects with Italian training – for the Royal Palaces), their playfulness, their utter “Romanticism” (for lack of a better word; although of course they predate the idea of Romanticism itself by more than a century). Among the most beautiful urban parks I have ever seen, anywhere. The Royal parks of Warsaw, south of the center, are marvelous public spaces.

What I also did not necessarily expect was the good quality of food. This is something new. For decades, food in Poland had a particularly bad reputation. Even in 2009, when I was in Poland (not in Warsaw), food was ok – there were some good things but nothing prepared me for this explosion of fresh ingredients, of interesting and clever preparations, for the way food is presented. What was more surprising to me was how good “normal daily food” seemed to be, at least in the area where I stayed (a rather well-to-do part of the city, yes). The way they prepared their daily lunches seemed naturally good, not pretentious at all.


An area I did expect – from having read plenty of material about the post-WWII reconstruction – was a well-redone Old City. It is there, indeed – surprisingly well-done. One may enter from a tram station through an automatic staircase. That in itself is a bit surprising and announcing the fact that the Old City is made in the 1950’s based on etchings and paintings from the 16th, 17th, 18th and 19th centuries – with the original building techniques and materials.


Another big surprise was the area of the old buildings of the University. There I could not really know whether they are old or reconstructed — very-well — but I was very positively surprised by those buildings, public spaces, auditoriums. I cannot really place why at some point they almost seemed too well-kept, too renovated for a public university. Certainly in much better shape than most public universities (in New York, in Paris, in Barcelona, in Bogotá, in Buenos Aires, in Jerusalem)… Is this something new in Warsaw? Or is it something specific to Poland, the way people seem to keep in excellent shape those buildings? I felt surprised… in a positive way, but there is something unexplained there (to me).


And then again, recent history. And the ghetto, the ghetto’s absence. Now residential buildings from the 1950s or 60s, wide avenues where the lively (and dense, and ragbag) ghetto used to be. Wide boulevards where there must have been cobblers, klezmer musicians, small shops of all kinds of bric-à-brac, a whole life that completely disappeared.

That was very painful, when in a smooth tramway (the smoothness and easiness of Warsaw’s public transit system was yet another very good thing) we glided through the wide boulevards – empty on Sunday – and Roman told me “here was the ghetto”. I asked, “what do you mean, here?”. He said, “here”. I felt pain to see the nothingness that has replaced it. I fell silent for a while. As the smooth tramway ride left the area I realized how suffocating it is to go through a nothingness where between 1939 and 1943 a brutal, utter disaster happened.

I asked Roman whether something like the Berlin “stumbling blocks” (Stolpersteine) – those little pieces of pavement where the names of people who lived there and were killed or deported to the camps are engraved, sticking out a bit to make people “stumble” and remember – had been done there, in the Warsaw ghetto. He said “no… but maybe it should be done”.


At the Cmentarz Powązkowski


Those amazing parks of Warsaw


Eating in Warsaw (café food, not fancy places)


Stairway to… the Old City


The University of Warsaw (older area)


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Wide boulevards – not quite the ghetto area, but this is roughly how it looks now…

 

Fajardo en la UN – algo está cambiando

Hay hechos del mundo que significan tal vez más cuando se ven en contexto global, a la luz de muchos años o incluso de una época entera, que por los detalles mismos. Que de alguna manera parecen desafiar de manera sencilla y desparpajada la tozuda realidad, y que hacen que la terquedad de años, siglos de escuchar que no se puede tal cosa, no se hace así, no se dice asá, que no se pasa por aquí, que su color de piel, su país de origen, su origen social implican que tal cosa no sucede… y un día nos despertamos y vemos que se podía, sí se podía, y no solo sí se podía sino que era completamente ridícula y absurda la anterior negación.

Hoy fue Sergio Fajardo, el candidato presidencial, a la Universidad Nacional de Colombia. El hecho mismo no tendría nada de raro si el país no fuera Colombia, si la universidad no fuera La Nacional. Visitas de candidatos a otras universidades han sucedido siempre, y sucedían en La Nacional también antes de los años 70. Pero la visita de un candidato a la presidencia de Colombia a la universidad más emblemática del país, en su campus principal, es algo que durante mucho tiempo no sucedía – o que si sucedía no sucedía como esa visita de Fajardo a la Nacional hoy.

Más allá de lo que dijeron (o cantaron – debió ser muy bonita la introducción con el bambuco Mi País cantado por una estudiante del conservatorio), más allá de las frases de Fajardo sobre su plan como presidente o del recuento de Robledo de su paso como profesor por la Nacional en Manizales o de la historia de la Alianza, más allá de todo eso, estaba el hecho simple y puro de tener ese grupo grande de estudiantes sentados en la plazoleta del C&T, colgados como racimos de las escaleras viendo al candidato, escuchando, aplaudiendo o chiflando.

[Recuerdo mucho la imposibilidad (afortunadamente no real) de eventos similares, hace tan solo quince o veinte años, durante otras campañas. Ni siquiera las campañas a la rectoría podían convocar un público como el de hoy – grupos de choque minoritarios pero muy brutales se tomaban entonces la vocería de “los estudiantes”, de toda la comunidad universitaria.]

Ese cambio en la Universidad Nacional me conmueve. Me impresiona. Me parece que refleja un cambio del país. Ojalá.

ADDENDA: Me pareció también que (¡por fin!) Sergio está encontrando su propia voz en esta campaña. Después de tantas semanas, tantos meses de verlo desubicado y sin voz propia, con respuestas truncas y demasiadas sonrisas, después de ese desespero de varios de quienes conocimos al Sergio profesor y matemático en los años 80 y 90 ante la ausencia de voz del candidato Fajardo, fue tal vez hoy, en la Universidad Nacional, que empezó a sonar su voz real. Una frase lo reveló: Sergio dijo que los estudiantes de la Nacional tienen seriedad y rigor. Y tiene razón. No podrían estar ahí si no tuvieran cierto grado de seriedad y rigor, y ciertamente no podrían mantenerse en muchos de los cursos que damos. Me parece que Sergio habló distinto ahí – con una voz que finalmente sonó. Espero no estar pensando con el deseo al creer que si finalmente Sergio logra llegar a la segunda vuelta, será en gran parte gracias a su voz recobrada en ese lugar tan emblemático.

ADDENDA 2: Su argumento final, sobre Pisa, Matemática y Educación Superior, es retóricamente muy bueno, en la Universidad. Ante un grupo grande de estudiantes, Sergio Fajardo se está comprometiendo a aumentar, priorizar los recursos para la educación superior pública en Colombia. Eso es nuevo.

“Nuestro gran reto es el fortalecimiento de la educación superior pública en Colombia.” Sergio Fajardo. También: “El programa Ser Pilo Paga no va a continuar.” Sergio Fajardo, en la Universidad Nacional.

¡Aplauso muy fuerte de los estudiantes (y mío)!

ADDENDA 3: estaba perdiendo impulso al hablar de corrupción (sí, estamos de acuerdo, pero ¿por qué suena tan “otra voz”, por qué pierde impulso Sergio al hablar de ese tema?) – sin embargo, retoma con el tema de la Reserva Thomas van der Hammen – y de nuevo suena su voz. Qué difícil.

 

 

 

An interview

… art of introspection …

… how do you look at yourself? … what grammar is there for that, besides Freud?

Proust: the best company you could ever have…

He doesn’t tell you anything you didn’t already know – … you rediscover something you already knew… never quite formulated, never grasped

Proust and teenage boys (reading him)… – after all, it’s about them!

Aciman, on Proust


Listening to Andre Aciman being interviewed by Christopher Lydon – on his novel Call Me By Your Name now famous because of the movie, the way he intended to capture how two people fall in love with inhibitions, how time passes, ebbing slowly, the way reticence and expectation play a central role – was a magnificent way to spend the past hour. In the interview, Aciman slowly describes way his own growing up in Alexandria in a family that was so similar to Elio’s parents, to their openness and support, their careful permissiveness – the way he is trying to provide a sense of how our own knowledge of ourselves unfolds at moments when we go from nothingness to absolute obsession with another person.

He mentions something that is intriguing: he ended up writing a story about the love of two men, one of them 17 years old, the other one 24 – and perhaps this gay perspective happened to give the novel a sort of internal timing that would have been very different had it been a story between a 17 year-old boy and a 24-year old woman (Aciman says he himself as a teenager had many girlfriends who were much older than he was – he seems to have very fond memories of his own infatuation for much older women – he says “it was just perfect” and he certainly communicates a longing many of us may relate to). However, the sort of reticence, of slow unfolding, of inhibition, that seems so crucial in the novel (and is so beautifully captured in the movie) was probably more natural because of being a love story between two men.

There is also the age question – Aciman says “look, I never think about such things; as a 14-year old I was in love with women in their 20s”. In the movie the difference in age is there, but also a fundamental respect of the differences of age. The 24-year old student, much more experienced in life than the 17-year old Elio, responds extremely carefully to his infatuation.

Alexandria (and formerly Istanbul) figures in the background. His father’s attitude, his boldness and at the same time his carefulness in dealing with people, the openness and fluidity of the general sexual conduct in that city – all that is an essential part of Aciman’s background, of his sophistication and attention to human variations.

I particularly appreciate Aciman’s reluctance to allow other people to label him, to classify him as “L”, “G”, “B”, “T”, “S” or whatever. He describes how in many ways people seem now to be rediscovering something that was already there all the way along, in places like the Alexandria of his early youth before exile, in families like his: he says the labelling is just “not enough” for him, for his novel. He calls upon the richness, the incredible variety of our human experience, and how our time has the paradox that people are on the one hand very open about their sexuality and at the same time brutally constraining – allowing the world to divide them in what in the realm of food would be pescatorians, vegans, etc. – losing so much in the process.

The interview lands a few times on Aciman’s loving description of his own father, whose boldness combined with extreme tactfulness inspires the father figure in the movie. His father’s attention to the shape of an ankle or a shoe of a woman passing by on the street, his incredibly sensitive approach to life.

Few interviews manage this sort of empathy between the subject matter, the writer being interviewed and the general tone.

Another intriguing point: Aciman describes how he was stuck for a summer in New York wanting to be in Italy, stuck writing another novel – when he imagined the house, the place – and somehow himself being there and also arriving to the house. Both Elio and the American visitor Oliver seem to be reflections of Aciman’s own persona. In this sense the game of reflections of love between a man and … himself – himself through a different lens, at a different time seems to explain part of Aciman’s own taking up writing the novel, and then the urgency of the writing (apparently it only took him three months or so to finish!).

Here, some pictures of today’s afternoon in Chía – rain, the neighbor’s dog Amapola, the curtain.

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likes / diarios / hoy

Javier en “menos” describe de manera un poco elíptica cierta preocupación con el modo que ahora muchos tenemos de hablar como dirigiéndonos a un público amplio, magnificado, así sea acerca de temas personales. Modo que ha cundido en nuestra época de twitter y facebook e instagram. Arturo escenifica muy bien a una persona en un avión que habla sobre un tema cualquiera pero de verdad está pidiendo tácitamente la aprobación de sus vecinos. Una persona sedienta de likes, pero atrapada en un lugar de paso. Y yo sigo algunos blogs, de vez en cuando, blogs que ya no tienen comentarios (como este) o que cuando comento no reciben respuesta.

Atrás quedó esa época de blogs con listas larguísimas de comentarios cruzados como espadas en contienda, con sesudísimos análisis (de los análisis) de los comentarios anteriores. Los blogs de hoy son meditaciones personales que quien escribe sabe que no serán leídas, bengalas lanzadas en una selva en la que estamos cada vez más aislados. No hay respuesta casi nunca – si la hay suele suceder en twitter o en fb más que en el blog mismo – la mayoría de las veces es un simple like al enlace al blog y muy de vez en cuando hay alguna respuesta real dentro del blog.

Así está bien – no tiene sentido pelear con eso. Igual son métodos de comunicación todos tan nuevos que es natural que evolucionen muy rápido. Un poco como cuando va a un museo de incunables y ve lo rápido que cambiaba el uso de las tipografías o manejo de pentagramas, la manera como aparecen las líneas musicales convertidas en líneas entrecortadas durante unos años.

Pero hay un punto que sí me parece importante defender de los blogs actuales: ahora que (prácticamente) nadie los lee, tienen la oportunidad fabulosa de convertirse en algo más similar a un diario íntimo, a un lugar de pensamiento sin respuesta o por lo menos sin respuesta inmediata.

El diario originalmente era para hablar consigo mismo, para dudar y experimentar formalmente (si a uno se le daba la gana), para escribir chambonadas y sueños y babosadas y eyaculaciones y dudas y errores y atisbos. Eran ropa sucia con olor a lo sudado, eran despertares bochornosos después de sueños que dejaban perplejo al escritor, eran trozos de belleza muy frágil o de rabia muy inexpresable – rabia contra sí mismo, contra el jefe o el vecino o los desconocidos en el tren o – y muchas veces simples expresiones de cosas que quien escribía el diario iba viviendo. Era gente que tenía sexo sin querer tenerlo y lo consignaba, o gente que soñaba que sus enemigos lo partían y se asustaba, o gente que leía alguna demostración y se lo contaba a sí mismo. Era gente que viajaba y vivía experiencias – algunas de bitácora pública y otras de diario privado.

Nuestros blogs no son eso (a menos que uno tenga uno cerrado al público, pero aún así si está en la red está expuesto a que alguien lo vuelva público en cualquier momento). Como nadie los lee – o por lo menos nadie los comenta – algunos empiezan a tener un tono más íntimo, ligeramente más cercano al diario – ciertamente poco afectados por ese tema de pedir likes como si uno fuera un payaso, como somos todos en twitter y facebook. Pero a la vez no tienen la libertad infinita del diario, la no existencia del otro, del confín, del límite. Todavía nos vemos limitados por nuestros pocos lectores, así estos no vayan por el mundo lanzando opiniones, así no se amplifique hasta la China cualquier comentario que hace uno como sucede en twitter o facebook.

 

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through his eye

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With my two sisters, my grandmother, my mother – and my father’s face behind a camera…  A mirror in London, 1980.

This is a post partially inspired by conversations with Roman and Wanda, our companions in the Project Topoi adventure. It is also inspired by very personal feelings at this time in my life – a conversation with my father (who has been having serious health problems in the past few months) that spans decades, a (usually silent) conversation that now seems to spill away from the original topics and into earlier moments of our lives. A conversation that needs images to trigger connections, a conversation where photographs of earlier days plays a central role. A conversation not only with him but now with my sisters and my mother as well, as they feature prominently in many of the old (forgotten) photographs we have been digging with María Clara.

A collection of slides taken (mostly, perhaps 75 or 80% of them) by my father during our four years in Europe (late 1977 to late 1981), is the main bulk of it. There are a few earlier photographs, very few of them – and then, I remember both the camera and the projector seemed to break down around 1982, and slowly other interests and the return to Bogotá seemed to bring to an end that spur of photography, that visual impulse.

[There are also of course photographs taken by my mother and perhaps even some taken by myself – I remember I learned to use the Minolta they had but cannot quite remember which photographs did I take – some group photographs where I don’t appear may very well have been taken by that earlier version of myself. I myself had a Kodak Instamatic of very low quality; I doubt any of those Instamatic photographs remains…]

So a few days ago with María Clara we started rephotographing those old slides; armed with a projector, a tripod and our cameras, projecting, deciding what to keep and rephotographing. Then a few days of edition, selection – and here are more than 400 old slides spanning those few years (and many places and visits). And of course a ridiculous amount of lost memories resurfacing – to the point of re-dreaming moments lived when I was 10 or 11 years old. And of course, re-conversations with my sisters and with my father and mother.

What really emerges from those hundreds of photographs, in addition to the moments and faces and places and memories, what really emerges is the eye of the photographer. Although my father was just recording life as it came, with no special pretensions of artistry (although there is a series where he seems to have been inspired by something – that series has a more intentional character than the rest and I still seem to recall that day he told my sister María Piedad and me “let’s go to the Bois des Rêves, the Forest of Dreams – a small wood some 10 km from where we lived – I want to take photos of the two of you”; those photos seem to have a different character from the rest).

The eye of my father when he was living through an intense period of his own life, his way of seeing for some years between 1977 and 1981, it is all there. (It was impossible not to think of tes mnemês topos, one of the topoi of our project with Roman and Wanda and María Clara, while opening that eye.)

In no particular order, a (very) few of them:

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A photo of me, when I was 12 years old, holding with my left hand my Kodak Instamatic camera, on the Cutty Sark in East London.

Here is one of my favorites (I find it very atmospheric):

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This is the Danube somewhere in Austria. I remember we camped there with an uncle and aunt who visited and went with us all the way from Belgium to Athens in the summer of 1979, camping all the way. In the middle I stand with my uncle.

Those long (one month!) camping summer trips were incredibly intense – and an occasion to meet Europeans from everywhere – Poles in their Polskis or Zastavas, East Germans in their Trabants (no Russians, few Czechs, many Yugoslavs of course) – in addition of course to the French and Germans who seemed to crisscross the continent in camping.

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Somewhere in Catalonia – El Vendrell? I don’t remember exactly. 1978, with my mother and two sisters.
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This blurry, badly composed photograph, was the view from the apartment in Louvain-la-Neuve. Nothing special except for the people who lived there. I wonder if  those children in the bicycle are my sister and I. Impossible to know.

In contrast with the previous, here is a much better photograph (well, the general feel is ok – if he wanted to photograph us (I am there, very small, with my mother and sister and a friend of hers), he definitely should have tried a different composition. Yet there is a magic in this photo (to me).

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Here is a photo I really like, on that famous day we went for a long walk with him and he was photographing carefully.

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Here with my sister María Piedad.

But many slides are more like this:

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I appear there (although that wouldn’t be very clear from the photo itself). The place is very non-descript post-industrial Mont-St-Guibert, a row of workers’ houses… Not too fond memories of that place.

This was the first decoration of the lamp when just arrived to that new place – the lamp with older photos of the family:

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Some of the old slides look very atmospheric, very interestingly lit:

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My grandmother is here with my mother and youngest sister. The grandmother visited us when my grandfather died, a couple of months after. It was a beautiful visit, but of course she was (quietly) mourning.

There is more and more. But I particularly like this photograph with my mother in Switzerland (in the Valais) in the summer of 1981. For some reason it brought back to my mind my love for the French-speaking part of Switzerland (St-Luc, Nendaz) where I had the chance of spending a couple of weeks in winter with my school from Belgium and then a couple of weeks in summer with my parents. I now see the photo and think of Tony Judt’s book (that Roman brought to Bogotá). I would like to go walk there some day again…

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In addition to the connection Switzerland-Tony Judt-Roman Kossak through the book and the gift of book with memories of walking in Switzerland, this photo reveals very sharply to me the eye of my father – and a time of my mother’s life when she participated in a feminist movement. Her t-shirt has a map of Latin America inscribed in the middle of the symbol of women. (For some odd reason, I also see the thirteen-year old boy in the photo, it is me yet in many ways yet that life was cut short by our return to Colombia soon after – it feels like a very different person as well.)

Camping somewhere (seems more Western Europe than Eastern Europe but we were in both) in 1979…

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Perhaps by the Danube in Austria…

Another one of those photos he took of my sister and I, walking near the Bois des Rêves…

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Those pictures look inspired by something. With my mother they used to go a lot to movies; I wonder if some of that was subconsciously there…

And finally, a photo of the photographer (taken most likely by my mother).

 

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The sea in Ostende, José Luis Villaveces. 1977.

Coda.

When we saw the photographs of his thesis defense with my father yesterday he said he had never actually seen them! That’s quite possible: the slide projector broke down that day (he used it for his presentation but in the middle of the fuss asked someone to project the slides; that person turned down the projector while it was hot and… it melted). Also the camera’s light sensor seemed to break a few months later. With the move and no projector, it is not so strange he didn’t see the photos of the party after his defense (until yesterday, many many years later).

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After his successful defense, surrounded by some Colombian friends. His expression of relief is amazing. 1981.

baja vibración

Gripas fuertes esta semana. Yo probablemente traje la mía del viaje (de pronto desde Helsinki o de pronto de algún lugar intermedio en el viaje de casi 24 horas de regreso). Luego MC. Esto ha sido una semana de tés de jengibre, aspirinas, tés de limón, etc. Y algo de Spinoza en mi caso y una novela de Schami en el caso de MC. Y algo de Cota y Chía (conversaciones muy interesantes en Cota con alguien que integrará la JEP).

La vibración de Bogotá baja muchísimo esta semana. No es solo la cantidad de gente o el ruido. Anoche a las ocho estábamos agotados por la gripa y apagamos luces. No se sentía la vibración impresionante de un jueves cualquiera. Fuera del silencio había algo muy peculiar causado por espacios enormes desocupados – la gente está en vacaciones, definitivamente – y los que están parecen querer buscar la calma. Bogotá calmada puede ser casi como un bálsamo.

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También conversaciones con mi papá y un par de estudiantes antiguos suyos que lo fueron a visitar preciso cuando llegué yo con muchos medicamentos que le enviaron los de Unisalud. El proyecto de uno de esos antiguos estudiantes suyos – algo con una base de datos gigante que tiene básicamente todas las reacciones químicas registradas desde el siglo XVIII me pareció muy apasionante. Vi a mi padre muy contento hablando de todo lo que se puede hacer con eso.

En un momento dado estaban describiendo la estructura que usan – algo con multi-hipergrafos – y dije “ah sí… estructuras finitas…” pero no me dejaron completar la frase. Los químicos se rieron un poco de mi visión “de teórico de modelos”. En todo caso ellos andan buscando nociones naturales de equivalencia entre estructuras y ensayan y ensayan cosas interesantes.

En Chía había muy pocos ciclistas cuando salí a correr a La Valvanera. La vendedora de empanadas y jugos de Fonquetá se quejó de este año, de estas vacaciones.

Creo que todo el mundo está con baja vibración por aquí. Eso está bien.

luz, nieve / pasajes internos

Helsinki me recibe con esa luz impresionante del invierno y con un poco de nieve en el suelo (no mucha pero lo suficiente para que se vea todo engalanado de invierno). Ayer había colapso de varios aeropuertos europeos por la nieve, pensé que mis maletas no llegarían. Pero en Helsinki la nieve parece ser uno de los estados naturales. Arranco hoy una semana de trabajo distinto e intenso.


Alejandro me había dicho que el inicio de À l’ombre des jeunes filles en fleurs era difícil de leer, que el libro podía perder impulso. No me ha pasado así, no lo he percibido así. Lo que pasa con Proust (creo, por experiencia personal) es que cada lectura lo coge a uno en un momento de la vida y le habla distinto según lo que uno esté haciendo. Eso no es exclusivo de En busca del tiempo perdido pero es particularmente intenso con ese libro. Como es tan introspectivo, tan atento a la superficie de las cosas y a la vez a las pulsiones subyacentes que no vemos pero que están ahí, el libro se convierte casi como en un manual de percepción o en una guía hacia el conocimiento de sí mismo, de una manera muy peculiar. En ese sentido puedo imaginar perfectamente que el pasaje que para alguien en un momento de su vida sea difícil para otros sea fácil – y que pase lo contrario con otros pasajes.

He leído muy lentamente ese libro – alternando con lecturas rápidas de otros. Pero sigo ahí, admirando la red que va armando, la cantidad de vasos comunicantes entre distintas épocas de la vida de los personajes, entre distintos momentos de percepción, entre sus propias maneras de ver el mundo – que van evolucionando. Se siente además la evolución paralela con Proust mismo, y (creo) le permite a uno ir examinando su propia evolución o sus propias limitaciones.

Me encanta la capacidad de Proust de describir el autoengaño en que caemos con frecuencia – tal vez más aún durante la adolescencia. El protagonista se autoengaña, sabe que se autoengaña y a la vez no sabe que se está engañando cuando acepta tomar té en las onces de su amiga/amada Gilberte (en esa relación parece haber simbolismos fuertes que reaparecerán después) – el té que supuestamente le sienta muy mal para su salud pero que termina tomando como retándose a sí mismo sin hacerlo explícitamente. Transfiere su amor a Gilberte a un amor/admiración a sus padres, señor y señora Swann (la antigua Odette que lo maltrató tanto cuando este estuvo enamorado de ella, ahora convertida en dama respetable – aparentemente – en un gran apartamento). Transfiere su amor incluso a los objetos del apartamento Swann, al interior burgués – por momentos no sabe uno qué tan kitsch; a la pátina imaginada sobre estos. A veces otros personajes pueden sacarlo de su autoengaño (Norpois, el amigo del padre, o su mismo padre) pero es tan fuerte el engolosinamiento que tiene con Gilberte (por momentos erótico; la escena de la lucha adolescente entre él y Gilberte detrás de un seto en los Campos Elíseos es un momento fugaz de erotismo extremo delineado) que decide “enamorarse” de las onces en su casa, de los postres y bibliotecas y objetos e incluso dicción de los padres (nota que dicen “odieux” con lo o corta a diferencia de como pronuncian la misma palabra sus propios padres, con la o larga como si fuera “audieux” – nota que dicen “comment-allez vous?” sin hacer la liaison entre la t y la a, como si fuera commen allez vous …) y de alguna manera la simple atención/memoria de estos detalles termina siendo sello de un amor a algo – además de la persona Gilberte, a un estado de ánimo que permite ese tipo de sensibilidad.

Además como el narrador sabe que uno sabe (pues lo ha leído) que Mme Proust (el matrimonio problemático de Proust del cual no se habla en voz alta en su familia) puede tener un gusto muy distinto, una relación con las letras y la cultura mucho más simple (pero mucho más arribista) que la de su esposo, la ambigüedad es llevada al extremo con la impresionabilidad del adolescente aún ignorante con los perfumes, trastos, cuadros y tonos de esa casa. Hay un juego de ambigüedad brutal ahí – y muy clasista también (pero Proust apela al clasismo implícito de su lector para generar complicidad velada con la mirada hacia esa mujer fascinante que enamoró perdidamente a Swann y ahora reconvertida en su esposa aburguesada genera fascinación en el joven ingenuo pese a los silencios preñados de sus padres).

et in Arcadia erat

La caída del paraíso para Canetti tuvo que ver con su madre, con cierto fastidio que le cogió ella a Suiza y que terminó haciendo que cortara de tajo con la pensión idílica de Zúrich donde vivía el adolescente Elias mientras estudiaba miles de temas.

Él andaba feliz con lo que iba leyendo, las conferencias en la Universidad, el colegio con algunos profesores muy buenos, remar en el lago, vivir mimado por las cuatro señoritas suizas que regentaban la pensión y por las estudiantes suecas, inglesas, checas, etc. que ahí residían. Vivía engolosinado con los valles alpinos – sobre todo con sus paseos arduos al Val d’Anniviers en el Valais donde se podía escuchar aún un francés muy arcaico, o el valle al lado de ese donde se podía escuchar alto-alemán también muy antiguo.

La madre, mientras, estaba en su sanatorio de Arosa. En un momento dado vuelve a Zúrich y en plena pensión le pega una reorganizada completa al hijo de dieciséis años que se sentía tan independiente y tan libre. Le dice que nunca ha trabajado, que él desprecia a los tíos por negociantes pero que él no tiene ni idea de dónde viene la plata que lo sostiene; básicamente le dice que es un parásito de la sociedad. En varias páginas cuenta Canetti la impresionante rabia de su madre primero con él (adolescente mimado, lector que nunca ha trabajado y se permite despreciar lo que no conoce) y su incapacidad de dar respuesta seria a la vaciada. Su caída de su propio pedestal.

La madre le dice que lo tiene que sacar de Suiza ya, pero YA mismo. Que se tienen que ir ipso facto a Alemania, a un país en posguerra con inflación y pobreza, donde la gente ha vivido cosas y donde la actitud complaciente suiza sencillamente no tiene cabida. Que se dio cuenta de que su hijo en tanta aparente libertad y tanto primor se está convirtiendo en un pequeño monstruo, que en Suiza será imposible trancar ese horror. Que ella vio en Viena lo que era pasar hambre por la guerra y ser refugiado, y que le parece que a su hijo adolescente le hace falta vivir en un país así.

Y se lo lleva a vivir en condiciones de semi-penuria económica a Frankfurt, a una pensión repleta de gente bastante golpeada y curtida por la guerra aún reciente.


Algunas veces en la vida hemos tenido personajes que han logrado sacarnos, pese a nosotros mismos, de nuestra falsa sensación de libertad, de primor, de tener el mundo ante uno. Muchas personas, en distintos momentos.


Yo aún no tengo las agallas de Canetti de contar en primera voz la manera como me han destruido el ego en el pasado (cosa que agradezco a posteriori pero que no es agradable). Este relato de la caída de Arcadia de su ego es impresionante y se siente que le fue doloroso a él llegar ahí. La voz de la madre es muy cortante, muy contundente. Uno sabe que él sabe que uno sabe que la madre tenía razón, pero como está contado en la primera persona del adolescente uno también siente el dolor del orgullo herido, del entender que pese a sus mil lecturas y proyectos y temas, la mamá le lleva una ventaja inmensa en vida. La mamá definitivamente lo salva de algo que lo habría trancado ahí en Zúrich – probablemente ella tampoco puede articular exactamente de qué lo salva, pero lo hace.


Canetti regresaría mucho más tarde a vivir en su Arcadia, en Suiza, en Zúrich. La ciudad aparentemente lo recibió muy bien y él, ya curtido por su Auto-da-fe, logra regresar de otra manera. Aún así, se siente algo como la caída del paraíso terrenal, el fin de Arcadia. Dice Canetti que salir de Suiza a los dieciséis años e irse a vivir a esa Frankfurt empobrecida, con gente sumamente golpeada por la guerra y la inflación de los años veinte en Alemania, es de lejos el traslado en que más le costó adaptarse.

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La ciudad más difícil…

… de fotografiar para mí siempre ha sido París.

Tal vez por ser tan emblemática, o por ser de arquitectura tan lisa y uniforme, o por haber sido fotografiada de manera tan icónica por Cartier-Bresson, Doisneau, Atget, Kertész y tantos otros. Siempre había sentido que las fotos de París me quedaban en alguna de estas tres categorías:

  • pálidos reflejos de fotos buenas icónicas de esos grandes nombres,
  • fotos turísticas (el kitsch que siempre busco evitar pero que en París es difícil),
  • fotos que no logran romper la pátina de mobiliario urbano que en París es tan pesado, tan omnipresente.

A sabiendas de estas limitaciones previas, salí ayer con la cámara, recién llegados a la ciudad con María Clara para participar (activamente) en On the Infinite en el Henri Poincaré. Al principio me desesperó no ver nada, no poder romper la pátina superficial de mobiliario urbano, no poder transmitir realmente la emoción de estar aquí.

Sin embargo esta vez las bicicletas y Rodin me han ayudado.

Como vamos a hablar sobre el infinito María Clara y yo, y hemos estado desde hace días, semanas preparando nuestras charlas, el viaje ha sido teñido de una inmersión extraña en textos y conversaciones sobre charlas difíciles de dar para ambos. Tenemos que hablar para público mezclado entre matemáticos, artistas, filósofos – en un lugar tan icónico y emblemático como el Henri Poincaré. ¡No es para nada obvio! Creo que nuestra percepción de la ciudad en esta visita ha estado muy teñida de nuestras lecturas, búsquedas, discusiones (a veces duras) sobre infinito en arte, en matemática y filosofía.

Los ciclistas me permiten empezar a ver la ciudad de manera distinta.

Rodin (después) también. Es una serie larga – nos pareció brutal la exposición de Kiefer pero aún más ver después de Kiefer tantas obras de Rodin. Las habíamos visto varias veces, pero hacía bastante tiempo ya. Esta vez las sentí de manera muy visceral. Después colgaré fotos.

hoy tomé una foto

Hoy tomé una foto. En realidad eso es lo de menos. En realidad no tomé la foto en el sentido de “generar un documento en algún formato decente con ayuda de un lente” pues no tenía cámara a la mano – tenía un pinche celular pero las fotos tomadas con celular nunca salen bien. Pero eso es lo de menos.

Tomé una foto quiere decir que la vi, la enmarqué con la mente, la registré. Percibí de manera in-mediata, sin mediación, una luz y unas sombras, un enmarque y un significado. Estábamos a punto de empezar sesión del seminario de Geometría y Lógica y vi la persiana doblada que normalmente me parece ruinosa, en el 311 del edificio de la piscina (matemáticas). Algo de la luz y algo del viento, algo de las sombras y algo de la composición de esa persiana ruinosa (¿por qué se demoran varios semestres en cambiar las cosas que se dañan?) me pareció una foto hermosa para tomar.

Pero en realidad todo eso es lo de menos. (¿A quién le puede importar una foto más de una persiana ruinosa – aún si a mí me pareció hermosa y hubiera podido capturar tantos sentimientos mezclados con lente y buena cámara?) Sí, en realidad eso es lo de menos. Lo importante es que es la primera foto que logro tomar en mucho tiempo.


Desde hace dos meses, desde finales de Jerusalén, no había podido tomar fotos. Quiero decir, tomar fotos como la que “tomé” hoy.

Una multitud de circunstancias relacionadas con la llegada, con muchísimos afanes de salud de mi padre – que incluyeron una larguísima estadía en clínica y muchos momentos complicados – acaso el inicio abrupto de clases después de mi llegada, y la inmersión en referatos/completar artículos/trabajar en temas interesantes… todo eso dio al traste con mis fotos.

Me había acostumbrado a andar con la cámara frecuentemente como una extensión de mi percibir, como una extensión de ojo, brazo, cabeza – a veces tal vez el cuerpo entero. Y desde inicios de agosto no pude volver a andar con la cámara así.

Dejé de ver fotos. Dejé de percibir. Dejé de tomar fotos.

Me tocó oprimir botón de cámara unas pocas veces para fotografiar situaciones o documentos, pero ese fue un disparar sin alma, sin ver.

Me llegó a preocupar mucho el no ver fotos, el no poder tomar fotos.

Pensé en tanta gente que escribe sin escribir, que toma fotos sin tomar fotos, que sigue “siendo artista” sin percibir y sin ver, que sigue tocando piano sin tocar piano, que sigue haciendo matemática sin hacer matemática. Incluso profesionales plenos de cada actividad – o mejor dicho, sobre todo profesionales plenos a menudo siguen como por inercia, escribiendo novelas sin poder escribir (pero seguramente haciendo giras Planeta y apareciendo en Arcadia o lo que sea).

Me preocupó muchísimo la posibilidad de haber perdido el ojo.

Pero veía la cámara y el reflejo usual de llevármela como cómplice a todas partes y disparar cuando veía algo … eso no era posible pues no estaba viendo nada.

Llegué a dudar si mi fase de tomar fotos había sido eso, una fase no más, un momento de unos pocos años, un one-night stand con la fotografía. Me aterraba esa posibilidad, pues me hacía sentir que en realidad todo es así, la vida es así, una serie de one-night stands con actividades. Un poco como alguien que podía caminar, subir montañas, salir corriendo y ya no puede, como le pasa a mi padre en esta etapa de su vida. Como tarde o temprano nos tiene que pasar a todos.

Por eso esa foto que tomé mentalmente hoy me punzó tanto, me pareció un regalo de la vida, me despertó.

Tal vez por eso volví aquí también hoy.

notas para una conversación

Hace dos años, en agosto de 2015, la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales organizó un Festschrift en honor a mi padre, José Luis Villaveces. El gestor de ese homenaje fue el profesor Luis Carlos Arboleda, de la Universidad del Valle.

Durante el evento hubo varias charlas sobre muchos temas que tuvieron que ver con la trayectoria de mi padre. Luis Carlos me pidió que hablara en el evento – algo en realidad muy difícil pues quería evitar el tono demasiado familiar, quería decir algo concreto para él, y a la vez hacerlo desde el punto de vista de alguien cercano. Difícil balance. Decidí (después de considerar muchas posibilidades) escribir sobre un diálogo (¿posible? ¿imposible? ¿iniciado ya?) entre su disciplina y la mía, entre la química teórica y la teoría de modelos. Y (en un apéndice del artículo) agregar una referencia a ciertas conversaciones ya muy antiguas, de mediados de la década de 1980, cuando yo estaba terminando mi etapa de colegio y luego estudiando matemáticas, pero aún vivía en casa con mis padres – decidí evocar esas conversaciones dado que ahí está el embrión de muchos de los temas que evolucionarían hacia los temas del artículo.

 

El tema no es fácil. Hay antecedentes interesantes en la teoría de modelos de la física cuántica, un tema en pleno desarrollo en el que he podido trabajar un poco, pero hay preguntas primordiales en química teórica que tienen un sabor claramente modelo-teórico (en sentido amplio) y no han sido abordadas, estudiadas, en otros lugares hasta ahora.

Este es el artículo mío para el Festschrift: ¿Hacia una teoría de modelos de la química?

El volumen del Festschrift apareció publicado hace un par de semanas:

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corazones cicatrizados

En un vuelo vi la película Corazones cicatrizados de Radu Jude — obviamente, no era parte del “sistema de entretenimiento” del vuelo; la tenía en una tablilla vía Mubi; no es el tipo de película que se pueda llamar “para ver en entorno de trabajo” pero en los vuelos largos puede pasar que el letargo generalizado le permita a uno ver en la modesta tablilla cine muy bueno, con escenas posiblemente fuertes.

Y qué fuertes algunas escenas: en un sanatorio rumano junto al mar, en los años 30, un joven termina internado pues tiene tuberculosis ósea – básicamente, parte de su columna vertebral carcomida por el bacilo – una de las escenas iniciales es tal vez la mejor representación del dolor físico que recuerdo haber visto en cine. En efecto, uno de los síntomas (o consecuencias) de la tuberculosis ósea del joven es la formación de abscesos enormes en la región lumbar.

En esa escena (que creo, vale la pena ver, aunque no es fácil, y no es de sistema de entretenimiento de avión, pero vale la pena por la honestidad, la mirada lúcida no amarillista y sí muy humana del dolor) al joven le amarran las manos al borde de la cama, pues la punción y extracción de pus de un absceso lumbar enorme que tiene se debe hacer inmediatamente y sin anestesia (por lo menos eso dice el médico de mediados de los años 30). El padre está sentado al lado (lo acompañó desde otra ciudad para el inicio de su internamiento en el sanatorio), el joven está con las manos amarradas, solo se ve su cara y parte de su torso y medio borrosas un par de enfermeras y el médico y tal vez otro asistente – y sin miramientos le clavan la aguja sin anestesia en la barriga y succionan el pus. La expresión de dolor brutal, la fuerza que hace pero sin lograr separar las manos de las barras a las que están amarradas, la apertura de la boca, el grito casi sofocado de lo brutal de todo, es algo que merece ser visto alguna vez. Al final el médico le muestra la cantidad enorme de pus que salió, el muchacho se empieza a recuperar, el médico felicita al joven por su valentía y el padre le dice “casi me desmayo cuando te vi gritar así del dolor”.

Y sí – viendo eso en el avión sentí muy profundamente lo justas que eran esas palabras del padre.

Así arranca todo, pasan muchas cosas – algunas conversaciones entre los jóvenes pacientes, tarde o temprano los temas gravitan hacia la muerte, hacia el sentido de la vida, hacia lo que estarían estudiando en la universidad si no estuvieran en el sanatorio, hacia la posición rumana frente a Hitler – hay en el sanatorio tanto jóvenes fascistas como jóvenes antifascistas. El protagonista principal es judío, y es ya consciente del peligro de Hitler; otros parecen ver a Hitler como un payaso, lo imitan – algo desafortunadamente muy similar a cosas de hoy.

No daño a quien la quiera buscar el placer de ver ese cine. Hay también una historia de amor, y escenas de sexo supremamente bien jaladas en ese sanatorio, entre los enfermos y los convalecientes. Hay también muchísima carga hormonal en ese lugar lleno de jóvenes hombres y mujeres de dieciocho, veinte, veinticinco años. A veces el sexo parece cobrar una importancia vital, un aferrarse a algo de la vida, ligeramente trágico pero también profundamente importante (y a veces ridículo, como siempre).

Es eso: conversaciones, relaciones, algunas peleas por un bully, muerte de algunos, curación de otros.

Y el mar. Y la libertad de escaparse. Y la rigidez de un yeso en la columna vertebral. Y las condiciones un poco chapuceras de la Europa de antes de la guerra. Aunque en ese sanatorio seguramente iba gente más o menos acomodada y se ve que tenía médicos buenos para su época, a la vez da una sensación que hoy en día correspondería a un hospital de tierra caliente en Colombia. Hay un manejo de jeringas, de aparatos que hoy en día parecería inadmisible pero que seguramente era el estándar en Europa hace ochenta años.


el libro extraño / del hastío

En Du côté de chez Swann, II el cambio es tan abrupto que me ha costado trabajo. Ha sido como pasar del Retrato del Artista Adolescente a Ulises sin solución de continuidad. De repente todo se tornó menos ensoñado, más real, más duro, menos metafórico.

El personaje central ahora es Swann – tal vez símbolo del Proust de edad madura – un señor judío de París que tiene acceso a altas esferas pero que por alguna razón decide dedicarse en un momento de cierta meseta de su vida a cuidar el amor por una mujer, Odette de Crécy, una mujer muy inculta y muy pendiente de las modas, muy plana y convencional en sus gustos pero por alguna razón muy atractiva para Swann en esa etapa de su vida.

El punto de encuentro durante bastante tiempo anterior a la eclosión del amor (¿tres meses?) es unas veladas donde una familia de un pequeño-burgués casi enternecedor (dueños de opiniones que ellos creen muy lanzadas, increíblemente inseguros socialmente y pendientes de temas de clases, repletos de pequeños códigos que inicialmente al narrador y a Swann les parecen objetos perfectos para ironizar) … pero ocurre un cambio interesante en Swann y es que a medida que se enamora de verdad de Odette empieza a ver con otros ojos también el salón de Mme Verdurin.

Y de nuevo la magia: el enamorarse hace ver todo con ojos distintos. Algo que parece tan obvio cobra vida (un poco como la imagen de las catleyas en asociación con Odette – y la frase faire catléya que usan Swann y Odette para referirse a hacer el amor) de manera impresionante bajo la pluma de Proust. Después de pintar magistralmente el salón pequeño-burgués visto por alguien con acceso a círculos sociales mucho más refinados de esa París de fin de siglo, después de hacer hablar al médico del salón – pequeñísimo pequeño burgués, después de revelar la estrechez mental de esa gente, pone Proust a Swann a darse mil razones para verlos bajo luz mejor que lo que llaman le monde, el “mundo”, la gente de círculos sociales más refinados.

Swann parece cansado de pertenecer a le monde y tal vez se está refugiando en Odette y en el salón de Mme Verdurin. Hasta donde voy no es claro por qué ese hastío con el mundo, con la sociedad, por qué ese refugio en otro mundo (super arribista y super inculto a la vez), por qué esa renuncia.


Escuchaba a Celibidache hablar de su fenomenología – y dirigir en Múnich obras de maneras supremamente peculiares. De alguna manera (¿voluntaria? ¿involuntaria?) Celibidache también tiene algo de renuncia, algo de hastío. Lo sacaron de dirigir la Orquesta Filarmónica de Berlín a finales de los años 40, lo reemplazaron por un von Karajan muy distinto, muy mediático. Al escuchar hoy parece que se invierte todo: el verdadero príncipe era Celibidache (con su orquesta de Múnich, calificada muy despectivamente por von Karajan como “una orquesta de campesinos” – pero que bajo la dirección increíble de Celibidache parece darnos versiones de verdad muy pero muy inmortales), y el señor un poco vulgar es von Karajan (pese a que hace unas décadas se comportaba como un príncipe, elegante, con sus carros deportivos, sus aviones personales, su manera ágil y rápida de dirigir y resolver cosas que sonaban más pesadas bajo otros)… me parece que queda hoy muy poco de eso – las versiones de von Karajan se oyen hoy pesadas y pasadas, y las versiones mucho más lentas, muy cuidadosas de Celibidache se oyen frescas y nuevas y terriblemente únicas.

¿Será que la renuncia puede ayudar a eso? ¿Será que Swann es metáfora del Proust que en un momento dado renuncia a ciertos brillos superficiales (“vonkarajanianos”) para dedicarse al durísimo pero verdadero brillo de estrella, de diamante para la posteridad, “celibidachiano”?

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Sergiu Celibidache (no sé quién tomó esa foto)

Mientras tanto…

… la ciudad fue cambiando. De manera un poco imperceptible. La impresión inicial es que todo está tal como era hace veinte años, cuando vivíamos a dos cuadras de aquí, cuando caminábamos al shuk o al Supersol (que en realidad es Shufersal pero es que en los idiomas sin vocales explícitas siempre hay esos cambios, como en una charla de teoría de conjuntos donde alguien dijo “Kanamura” refiriéndose a Kanamori – pero es que en idiomas semitas las dos palabras son (casi) la misma – fuera de que la f y la p son la misma letra y la sh y la s también casi), cuando cruzábamos el valle de la cruz con su monasterio griego ortodoxo del siglo séptimo yendo a la Universidad, cuando bajábamos por los miles de jardines (sí: árabes y judíos saben transformar el desierto en jardines, como en Granada y sus cármenes o los jardines de la Alhambra – el alcalde actual de Bogotá quiere hacer exactamente lo contrario) hacia la Ciudad Vieja o la Cinemateca…

Sí, todo eso está ahí – y mucho más, pero mientras tanto la ciudad fue cambiando.

El shuk al lado de su mercado clásico que aún está (con sus gritos, su desorden impresionante, su locura) ahora tiene un poco de locales nocturnos muy sofisticados, con cervezas belgas deliciosas, con comida buenísima (y carísima). Como si en Bogotá la zona más zona G de repente se trasladara a Paloquemao (adentro) y la Paloquemao nocturna fuera un sitio con los mejores restaurantes y bares. Pero todo eso conviviendo con la Paloquemao de siempre, con el Shuk Mahané Yehudá de siempre, con su comida de Rajmo (iraquíes que hacen pinchos de hígado de pollo y lo sirven con ensaladas, berenjenas, hummus, limonana-limonada de menta). Todo al tiempo.

El barrio nuestro parece haberse llenado de las mejores panaderías del mundo – con toda clase de productos caseros – pestos, salsas más medio-oriente, todo. Una librería pequeña pero increíblemente buena, a dos cuadras de aquí: אדרבא. Adrabá. Adrabá es una palabra en arameo que significa (me explicaba en hebreo ayer el dueño / hebreo salpicado de inglés para poder entender matices), si entendí bien, una técnica talmúdica de usar el argumento del adversario para probar la tesis que uno quiere. Se dice “adrabá”. Pero se usa en situaciones como cuando alguien pide indicaciones en la calle y uno en vez de explicar va y lleva a la persona – se dice también “adrabá”. Un poco como un salto epistemológico con permutación incluida. (Aún no he aprendido a usar la palabra, pero seguramente la escucharé por ahí.)

Como la gente habla tanto, como hay tanta discusión, interacción, uno va cogiendo palabras al vuelo, rápidamente. Como son tan impacientes los jerosolimitanos terminan completando las frases que uno inicia y así aprende uno – aunque a veces le toca corregir pues las completan mal. Pero aprender idiomas así es muy interesante (y agradable). Claro, si sucede mientras el chofer de bus está discutiendo con uno, impaciente, girando en calle estrecha, recogiendo pasajeros, contando la plata, y a la vez vendiéndole a uno la tarjeta de diez viajes, todo al tiempo con tráfico y miles de peatones y ciclistas… pues puede ser un poco “tiempo real acelerado” el curso. Inmersión.

Inmersión – ah sí, la calentadora de agua tiene un letrero “אין לטבול במים”. Ein litbol be-maim. Adivino qué quiere decir, pues אין es una negación y במים es “en agua”. Es obvio que quiere decir “no sumergir en agua”. Pero no conocía el verbo sumergir, לטבול, litbol. Sin embargo, es obvio que la palabra árabe tabule es la misma, tiene que ser la misma raíz, tabal, tabel, litbol. Y claro (verificado en internet), tabule es eso, un “sumergido”, un “inmerso”. Un “dip”.

(Pero cómo suena de desabrido decir que uno va a preparar un “dip” comparado con decir que uno va a preparar un “tabule”, aunque signifiquen exactamente lo mismo.)

Así es casi todo el tiempo. Una extraña inmersión repleta de permutaciones de letras o significados superpuestos, como adrabá o litbol/tabule. Un paso imperceptible del hebreo al árabe o al arameo – y a veces por extensión al español cuando la raíz es árabe. No sé si tabal, litbol, tavlinim (las ensaladitas locales que ponen siempre como entrada en los restaurantes, de nuevo la misma raíz – berenjenas encurtidas o ahumadas, tajine, hummus, pescado encurtido, mil cosas más) tienen una palabra derivada directa en español. Podrían tenerla pero uno no se da cuenta (como me explicaba el Rav Juan Mejía con la palabra fulano).

Jerusalén siempre extrema: por un lado, a 40 grados antier a las dos de la tarde fuimos a almorzar después del seminario de teoría de conjuntos al shuk, y pasaban ortodoxos con trajes negros apropiados para el invierno báltico, sin hacer la más mínima concesión al hecho de que no están en Lituania en 1750 sino en el Medio Oriente en 2017. Y el mismo día, no muy lejos de ahí, me contaba María Clara que pasó por el parque un joven corriendo casi desnudo: tenía solamente unos calzoncillos “g-string”, de esos que son una cuerdita no más atrás y dejan las nalgas al descubierto. Eso, en la misma ciudad de los ultraortodoxos, y seguramente corriendo al lado de varios de ellos (los jóvenes ultraortodoxos van al parque también, con sus cuerditas colgando, sus sombreros o kipás – las jóvenes con sus pelucas y faldas largas y muchos niños). Lo interesante es que en espacios como ese gran parque, nadie parece inmutarse con que estén al lado el corredor casi desnudo y las familias ultra-ortodoxas – y los demás (en otros sectores de la ciudad sí).

Y mientras tanto…

Proust, sobre la personalidad social

Hace muchos años había leído varios de los libros de En busca del tiempo perdido – el recuerdo era (como siempre para mí) vaporoso, mezclado con vivencias personales. Recuerdo que me exasperaba a ratos que “no pasara nada” durante páginas y páginas.

Ahora lo retomé, lentamente y sin afán de ninguna clase. Puedo disfrutar precisamente el que “no pase nada” (aparentemente, pues como en la vida real, terminan pasando muchas cosas pero Proust no se preocupa por acelerar) y las múltiples inflexiones del tiempo (tema muy barroco, como nos enseña Deleuze – y en el fondo tremendamente matemático – de esa parte de la matemática que se ocupa de la apariencia del continuo y de su manifestación como telón de fondo de lo discreto).

Al puro principio del primer libro (p. 18 en la ed. Pléiade) sale esta descripción de la personalidad social:

Sans doute le Swann que connurent à la même époque tant de clubmen était bien différent de celui que créait ma grand-tante, quand le soir, dans le petit jardin de Combray, après qu’avaient retenti les deux coups hésitants de la clochette, elle injectait et vivifiait de tout ce qu’elle savait sur la famille Swann, l’obscur et incertain personnage qui se détachait, suivi de ma grand-mère, sur un fond de ténèbres, et qu’on reconnaissait à la voix. Mais même au point de vue des plus insignifiantes choses de la vie, nous ne sommes pas un tout matériellement constitué, identique pour tout le monde et dont chacun n’a qu’à aller prendre connaissance comme d’un cahier des charges ou d’un testament; notre personnalité sociale est une création de la pensée des autres. Même l’acte si simple que nous appelons  « voir une personne que nous connaissons »  est en partie un acte intellectuel. Nous remplissons l’apparence physique de l’être que nous voyons de toutes les notions que nous avons sur lui, et dans l’aspect total que nous nous représentons, ces notions ont certainement la plus grande part. Elles finissent par gonfler si parfaitement les joues, par suivre en une adhérence si exacte la ligne du nez, elles se mêlent si bien de nuancer la sonorité de la voix comme si celle-ci n’était qu’une transparente enveloppe, que chaque fois que nous voyons ce visage et que nous entendons cette voix, ce sont ces notions que nous retrouvons, que nous écoutons.

El párrafo anterior se puede leer en clave fenomenológica, si uno quiere. En cierto sentido va en contravía de la noción primaria en fenomenología, y superpone a esta nuestros prejuicios. Los prejuicios determinarían la percepción. He notado que al pensar en mucha gente, el párrafo de Proust parece aplicar tal cual. Son pocas las veces en que alguien logra sacarnos de ese “error de percepción”.

Traduzco (libre y no profesionalmente) el pasaje:

Sin lugar a dudas el Swann que conocieron en la misma época tantos socios de club era muy distinto del que creaba mi tía abuela cuando por las noches, en el pequeño jardín de Combray, después del tintinar doble de la campanita, ella inyectaba y vivificaba a partir de todo lo que sabía sobre la familia Swann, al oscuro e incierto personaje que se desprendía, seguido de mi abuela, sobre un fondo de tinieblas, y que reconocíamos por la voz. Pues incluso desde el punto de vista de las cosas más insignificantes de la vida, no somos un todo materialmente constituido, idéntico para todo el mundo y que cada quien podría conocer como mirando un cuaderno de cuentas o un testamento; nuestra personalidad social es una creación del pensamiento de los demás. Incluso el acto tan simple que llamamos “ver a una persona que conocemos” es en parte un acto intelectual. Llenamos la apariencia física del ser que vemos de todas las nociones que tenemos de éste, y en el aspecto total que nos representamos, estas nociones ciertamente juegan el rol principal. Terminan por rellenar tan perfectamente las mejillas, por seguir en una adherencia tan exacta la línea de la nariz, se involucran tan perfectamente en matizar la sonoridad de la voz como si esta no fuera más que un envoltorio transparente, que cada vez que vemos esa cara y oímos esa voz, nos esas nociones las que encontramos, las que escuchamos.


 

Otro libro que habla con la novela de Proust, y de alguna manera parece una respuesta contemporánea digna, es la novela de David Grossman, אישה בורחת מבשורה, Ishá borajat mivsorá, es decir La mujer que huye del anuncio. Sobre esa tengo también mucho qué decir – pero no hoy.

Europa, 2016 (frontera sur)

Obviamente, en el norte norte de Europa parece remota aún la tragedia de las costas sur de este continente, en estos últimos años (2015 fue aciago, 2016 no se perfila mejor).

La primera frase que dijo mi colega parisino (matemático serbio que vive en París) cuando llegó hace unos días fue “qué impresión la tranquilidad en la cara de la gente de aquí; en París todo el mundo está preocupado, impaciente, nervioso – ¿cómo puede pasar que en Finlandia la gente esté tan tranquila?”. En la conversación algunos adujimos que podía ser el clima – el mayo cálido y luminosísimo que ha llegado como un bálsamo. Pero sabemos que es cuestión de distancia. Hay un mar entre Finlandia y Europa Europa, y el mar en este momento es suficiente para que esta zona al norte del Báltico se sienta tranquila, con una tranquilidad que pasma a mi colega de París (y que obviamente pasma mucho más fuertemente a quienes venimos de lugares como Colombia).

Con la llegada del verano reaparecen las noticias de la muerte en el Mediterráneo. Noticias como esta, de hace tres días: La mort en Méditerranée. 700 muertos el 27 de mayo de 2016, entre Libia y el sur de Italia. E imágenes como esta

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que (nos dicen) es de un rescatista alemán, padre de tres hijos, con un niño muerto pocas horas antes en el naufragio – casi durmiendo parece, si no supiera uno de ese contexto.

Ignoro cómo llegan de verdad estas noticias aquí. No estoy en la tuitosfera finlandesa, no veo muchas imágenes en los periódicos de la calle – la cultura local es poco dada a la estridencia o al énfasis. En muchos sentidos imágenes como estas muestran afinidades mucho más fuertes entre el sur de Europa y lugares como Colombia que con el norte norte de Europa.

Lo que es extraño es saber que es el mismo continente, la misma moneda, el mismo sistema bancario, las mismas instituciones a nivel alto, las del país de esa frontera y las de aquí. Pero en 2016 la idea de Unión Europea parece casi tan remota como la de Utopía de Tomás Moro. Aunque existe formalmente, aunque la zona Schengen está (y pude por primera vez hace unas semanas disfrutar la entrada sin visa como colombiano), aunque aún existen edificios con banderas azules con estrellas doradas que dicen Euroopan unioni/Europeiska unionen/European Union en algunos edificios, y aunque aún hay tantos programas formales a ese nivel, de alguna manera también se siente fuerte en 2016 lo remoto de la idea.

Como siempre, el diablo está en los detalles. Pequeñas desconfianzas (al indagar por cuentas bancarias por internet, vemos que da exactamente lo mismo estar en Francia o Suecia o Colombia: no existe la Unión Europea de manera real para muchos trámites), indicios miniatura de lo que al sur se percibe de manera más brutal y amplificada.

Alguien podría decir que muertos en el Mediterráneo hay (registrados) desde… las guerras en el Egeo, las Termópilas, el rapto de las sabinas, las guerras entre persas y griegos, las guerras entre hebreos y filisteos, entre atenienses y espartanos, entre romanos y casi todo el mundo, entre genoveses y venecianos, entre franceses, italianos, ingleses y árabes, entre turcos y todo el lado occidental, entre alemanes y aliados.

Escribía a mi padre comentando todo eso, y le envié una versión de la canción famosísima Mediterráneo de Serrat – una versión que hizo recientemente en la isla de Lesbos, frente al mar, acompañado en un atardecer precioso por los rescatistas que ayudan a recuperar cuerpos de migrantes y en los casos buenos logran salvarlos – jóvenes europeos probablemente con sensibilidad más solidaria que la mayoría. Serrat viejo, cantando con voz ronca (y ce latinoamericana, intencionalmente) su canción de juventud. Mi padre señalaba el contraste entre el Serrat de su época de juventud, el cantante del antifranquismo y el sueño de España nueva, anterior a su inmersión en Europa Europa… y el Serrat actual cantando frente al mar donde aparecen cuerpos de migrantes ahogados, con la voz quebrada por la edad y el mirar lúcido y desencantado. Aún así, señalaba mi padre (para quien el Mediterráneo es central – probablemente nunca lo he visto tan emocionado en toda su vida como aquella vez que vio ese mar por primera vez, manejando desde Andorra hasta Barcelona en 1978 con nosotros – entre los árboles de repente apareció ese mar y él detuvo el carro bruscamente, paró al borde de la carretera y nos bajó a todos y dijo “El Mediterráneo” – el recuerdo de ese momento y el azul al fondo se me quedó grabado indeleblemente en la mente desde entonces), la presencia de esos jóvenes rescatistas de alguna manera es la única esperanza, la única luz en esa historia tan sombría de la Europa actual.

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en 2000, frente a la costa turca, atravesando de Rodas a Atenas

María Clara hablará este viernes de su tema actual de investigación, que mejor no me pongo a definir aquí yo (no podría hacerlo). Tiene que ver con teoría del paisaje (y con su propia obra), con el problema de las fronteras desde la construcción mental del paisaje. Será en un congreso en honor a Juliette Kennedy aquí en Helsinki (Crossing Worlds: Mathematical logic, philosophy, art). Es la primera vez que aparecemos al tiempo como conferencistas en un congreso los dos. Es un reto difícil hablar para matemáticos, artistas y filósofos… y decir algo significativo para todos.

Hablando con ella sobre su charla (y preparando la mía), me sorprende a veces el paralelo impresionante de preguntas. Ya veremos cómo nos va este viernes.

pasaportes – corte

Esta semana andaba medio clavado escribiendo dos o tres cosas. Aún así, renové pasaporte (una vez más, pero tocó). Es de esas vueltas que duran diez o quince minutos y que lo dejan a uno pensando ¿por qué no son todas las vueltas burocráticas así de fáciles? ¿qué le impide a los demás burócratas hacer las cosas bien, como se ve que las pueden hacer los de Pasaportes en Colombia – donde renovar pasaporte toma 10 minutos?

Arroz negro. Arròs negre, en realidad. Preparé esa receta para una cena con amigos un viernes por la noche. Ahora se consigue fácilmente en este barrio el arroz bomba necesario. Y en Hipermar hace unos días conseguimos las sepias y todo lo necesario. Etcétera. Pocas recetas tan festivas para un viernes nocturno. Se trataba de volver a ver amigos que queríamos ver desde hace rato, y de cerrar una semana muy pesada. En realidad esas recetas de arròs valenciano son fáciles, una vez uno les coge el tiro – y son festivas, de verdad.

Irse a cortar el pelo en cualquier ciudad del mundo siempre es extraño. El mundo de los barberos y peluqueros es muy peculiar. Me decía el peluquero (en Chapinero) hace unos días que ellos son muy inestables. Que se ponen bravos y abandonan el puesto de una. Que no les interesa tener prestaciones y cosas de esas que los amarran a puestos, que prefieren clavarse a trabajar y ganar su salario integral y poder largarse cuando quieran, poder desaparecerse quince días si se les da la gana, poder salir corriendo en cualquier momento. En cierto sentido son personas muy libres. El señor este me hablaba de lo importante que es entender los ángulos de la cabeza de cada hombre, cada mujer. Me contaba que la gente llega con expectativas absurdas (llevan fotos de Cristiano Ronaldo, de Beckham, y les dicen “córteme que me quede esta raya de Cristiano así – o déjeme como esta foto de Beckham, etc.”). Yo no podía creerlo. El pobre peluquero tiene que explicarle al cliente que su cabeza es distinta, etc.

En Lyon los que afeitan parecen ser todos turcos o armenios. Nunca me han afeitado tan profesionalmente como en esos lugares de gente del Medio Oriente. Hablan poco. De sus pueblos en esa meseta tal vez. O le dicen a uno on nous dit tout le temps que la France va se casser la gueule, mais ici nous çà va – çà va encore…

Vivir en Bogotá es relajante y divertido. Uno nunca se puede tomar demasiado en serio porque… pailas. Eso me gusta de esta ciudad. Siempre sale algún taxista, peluquero, señor del parqueadero, con algo que lo deja a uno pensando. Sea por absurdo, o simplemente porque nota uno que hay otro mundo ahí, gigantesco, y que uno puede aprender mucho simplemente escuchando. Escuchar a la gente en Bogotá es relajante y divertido.

Nada más difícil que conseguir buen desayuno en Francia. Sí: en Argentina es peor. Pero en Francia su formule petit-déj.  parece un chiste. Por 7 € le dan a uno un jugo demasiado concentrado, un café requemado y una “viennoiserie” (qué nombre tan ridículo) redulce – eso sí hecha con buena mantequilla. Pero mal. Peor aún en Argentina donde imitan ese mal petit-déj. francés (café recontrarequemado, jugo artificial y “medialuna” hecha con pésima margarina). Una vez en la CABA (así le dicen a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires) cometimos el error de pedir huevos al desayuno, después de tres semanas de pésimo régimen en Patagonia y la misma CABA. Nos dijo el dueño del hotel “¡no! sólo los yanquis comen huevo al desayuno…” – los shaanquis… No tuvimos la energía de aclararle que los colombianos y los mexicanos no somos precisamente sshaaanquis y bien que comemos huevo al desayuno. Con los argentinos discutir es caso perdido. Ellos saben cómo es el resto del mundo, sobre todo cuando nunca han salido de Buenos Aires. Tocó esperar a llegar a Perú para empezar a comer bien.

Etc.

basso ostinato

A veces soy un simple basso ostinato. Una voz que se mueve cercana al centro tonal del momento por allá abajo, repitiendo y repitiendo patrones rítmicos-armónicos, de soporte del contrapunto de las voces que sí se dan el lujo de volar. (Ayer por ejemplo, me obstiné en una versión falsa de un teorema que trataba de acotar; mi contrincante-conversador me mostraba claramente por qué estaba erradísimo yo y aún así me obstiné, aunque sabía que el contrincante tenía razón en su argumento – yo simplemente sabía que en algún contexto similar la cosa daría la vuelta pero durante un rato no lo ví; era un simple cambio de parámetros de \mathbb Z a \mathbb Q que logré eludir absurdamente…). Basso ostinato.

Otras veces no. Otras veces logro cantar y despegarme de la obstinación del bajo, subir y fugar. ¿Por qué no es siempre así?

hovering / planeando / superficie de las cosas

Me gusta el verbo “to hover” – no sé si lo traducen como “planear”, pero me suena un poco distinto a mí. Planear suena menos pegado a las cosas, menos directo.

Pensaba en “hovering” por varias razones:

  • los blogs que he leído recientemente retomaron, tal vez inducidos por el paso por tuiter de muchos de sus autores, un carácter distinto de los blogs de antaño – el tono “ensayístico” que era más común antes en general ha sido relegado y lo que vemos en varios es un intento de reflejar el estar pegado a la superficie de las cosas, el pegante que nos ata al mundo – en tuiter obviamente esto es extremo, pero en esos blogs, con textos largos, hay verdaderas maravillas: pasan cosas, la gente camina por calles, siente apremios corporales de varias índoles, duda y corrige, suda en la bicicleta o pide taxis que no llegan, discute con sus amigos o padres,  sueña o desgraba sus propias entrevistas internas… me fascinan esos blogs de “contacto directo”, de “hover pegado a la realidad” – yo mismo no escribo así, pero me alimenta mucho seguirlos
  • hace un par de meses, me decía en Estambul una persona que trabaja en google que se inventaron un prototipo de “selfie-hover” con un minidrón personal que lo sigue a uno como a metro y medio de distancia, en diagonal arriba adelante y constantemente lo va filmando a uno y poniendo en la red lo que uno va haciendo – le pregunté cómo hacían todos esos selfie-hovers individuales para no estrellarse entre sí y me decía que exactamente como uno no se estrella contra la otra gente cuando va por la calle, que tienen sensores, etc. – la palabra hover me quedó de ese mini-episodio de conversación
  • hovering es también el momento de suspensión antes de aterrizar, cuando el piloto “suelta” y deja caer de barriga el avión en la pista – hovering es como queda uno cuando muere algún ser querido cercano y no entiende uno qué sigue haciendo uno ahí

(imágenes del proyecto Topoi)